viernes, 29 de junio de 2012

Panamericana.


Unió con rotulador
todos sus lunares.
Tenían todo el verano
para disfrutarse.
Buscó varias formas 
a aquel mapa.
Atravesar la Panamericana.
Hablaron de dormir a la intemperie,
soñaron que las montañas eran
en realidad
bocas llenas de dientes.
Vieron nevar.
Buscó, nuevamente,
varias formas en aquel mapa.
Se encontraron una tarde,
perdidas.
Una mirada fue suficiente.
Atravesaron ninguna frontera.
Al menos ninguna que existiera.
Atravesaron el no.
Fue un verano.
Vieron los días pasar
dando pedales hacia ningún lugar.
El viento movía su pelo.
Era el momento de desear
tener memoria para siempre.
De tener cámaras de fotos en los ojos.
De congelar el instante.
Buscó varias formas en aquel mapa
y solo se encontró
con su propia felicidad.

Unió con rotulador
sus lunares.
Al final todos los garabatos querían decir
lo mismo.
Tenían todo el verano 
para disfrutarse.
No se podía ser más feliz.
Dentro de poco
caerían todas aquellas estrellas.
Dormían a la intemperie.
Las montañas no pudieron tragarlas.
La Panamericana era
en realidad
su espalda.

jueves, 28 de junio de 2012

El secreto.



He pensando que voy a empezar por el principio:

-Me gustas mucho. Tú.
-Nada que pueda hacerme sentir tan bien.
-Se me va de las manos.
-Aquí.
-Soy feliz.
-Muy, muy feliz, de hecho.

He pensado, también, que el resto me lo guardo para cuando te vea.
Pronto, espero.

sábado, 23 de junio de 2012

Algo aproximado.


Es sencillo.
Te quiero escribir.
No es algo que me cueste demasiado. Lo llevo haciendo desde que te conocí.
Pero hoy me veo incapaz. No es que no me salga nada.
Escribir, escribo, pero...
No hay nada, ahora mismo, que pueda escribir,
que esté a tu altura.
Allí arriba no se puede escalar solo con letras.
Y no puedo describir el color de tus labios
cuando cierras los ojos
y no puedo describir el color de tu piel cansada
cuando caes rendida a mi lado.
Quizás no se me dé demasiado bien esto
y por eso no puedo llegar hasta ti
describiendo cómo te ven mis ojos
cuando estás lejos, y no me miras
y hablas con otras personas,
pero una aproximación podría ser:
sonrisa.
Y lo sé, esto es lo típico,
cualquiera podría fijarse en tu pelo,
en tu forma de andar
o en cómo te comes las uñas.
Cualquiera podría fijarse en la manera
que tienes de escribir muy rápido en el móvil,
o en la forma de tus cejas
o en tus piernas cuando usas vestidos.
Porque me gusta que uses vestidos, y faldas
y vaqueros rotos.
Es que podría decir todas las razones
por las que me gustas.
Todas esas razones por las que me veo incapaz,
hoy,
de escribirte.
No puedo llegar a ti aunque quisiera.
Una aproximación a todo esto
podría ser:
felicidad.

Una especie de burbuja cósmica,
sideral, retorcida, cíclica, flotando en el aire sin dejarse tocar
por nada/nadie.

Después de estar contigo
lo único que quiero es escribir
aunque no me salga,
aunque no sea suficiente,
aunque no sea lo mejor.
Quiero escribir y escribir y
reventar las paredes con todas estas palabras.

Y cualquiera podría ponerse nervioso
mirándote de cerca, muy seriamente
y sentir que es tan intenso, tan insoportable.
Cualquiera elegiría una parcela de pecas de tus hombros
como el lugar donde uno descansaría
si estuviese completamente exhausto,
y elegiría el diente que, sin duda, hace de tu sonrisa
eso de lo que no te puedes deshacer
muy fácilmente.
Y cualquiera te escribiría algo muchísimo mejor,
explicándote, razón a razón
porque una palabra aproximada a lo que se siente
podría ser:
locura.
Pero no estoy loca.
De hecho, nunca he estado tan cuerda en mi vida.
Pero es algo así como... ver algo muy bonito.
Y si has pensado, ahora mismo, lo mismo que yo,
no me hacen falta ninguna de estas letras.
No puedo hacer nada para escalar hasta ti.
Una no puede escalarse a sí misma.
Lo que, en una aproximación puede significar:
demasiado tarde, ya estás en mí.

jueves, 21 de junio de 2012

Transporte público.



19.6.12

Diferente. Mejor. Algo cambia. Te quiero. Todo se va a la mierda. Las cosas que nunca te pude decir. El pasado corre más rápido. Echar de menos. Esnifar nostalgias. No te conozco de nada y tampoco te quiero follar. La mente ajena. Teorías mentales. El transporte público. Unas cuantas herramientas útiles. La destreza y/o habilidad de decir, por fin, no. Y lo mismo con aceptar el no. Hacerlo nuestro. La sordera musical. Entiéndase como se quiera entender. Bombas nucleares en el pecho. Follar desnudas y despacio. Follar. Siguiente parada. Me bajo. Fin.

                                                                                                                     
-De camino a casa en la 017 "the authentic"-

Hoy

Puedes pensar varias cosas. La carretera de la Esperanza. No es el título de un libro de autoayuda. De verdad. La carretera de la Esperanza como el escenario de nuestras reflexiones. Puedes, también, si quieres, pararte un rato por fuera de casa. El lugar es lo de menos. A ti te pasa esto y esto. Eso pienso. Voy a pensar que no termino de ser lo suficientemente hermética. Claro que faltan cosas. Y sobran. Sobrar, sobra el espacio, para empezar. Sobrar, sobra lo de siempre. Los rituales, tiempo muerto, estoy fuera de juego. Y no hablo de fútbol. Tú a mí me inspiras. Tú a mí me mí conmigo todo. Pobre de mi que me faltan agallas. Pobre, pobre, pobre. Pero yo también estuve cuando firmé estar de acuerdo. Estoy bien. Diferente, mejor. Algo cambia. Eso pasa. Y si algo cambiase, seguramente le echaríamos la culpa a no habernos pensado mejor las cosas, a que la gente es muy perra, que tenemos mal de ojo. Seguramente no seremos capaces de aguantar el tirón sin decir alguna de esas estúpidas frases que alivian y nos permiten disfrutar libremente de nuestra flojera emocional. Por eso no lloro. Por eso no lloro. Por eso no voy a permitirme el lujo de verme flojear dentro de mí, sujetando mis entrañas como si fuese un conejo recién destripado.
Y sí. Yo lo he visto. Yo he vivido todo eso. Era el ritual. Uno de tantos. Mi vida gira en torno a secuencias de rituales. El festival de los fuegos artificiales. Ya no podré no pensar en "eso".
Es como cuando veo ciertos tipos de coches. Esa sensación de, aun sabiendo la imposibilidad, retorcer el estómago en un "por si acaso, no vaya a ser que..." Y de la muerte solo reviven los que siguen retorciendo ciertos estómagos.
Por eso es difícil. Como un miembro fantasma. Y no es el título de una película de terror. Sentir ese dolor, esa ausencia.
Puedes pensar varias cosas. Ahora es el momento.
Si has sonreído es que lo entiendes. Sin no has sonreído, es que también lo has entendido.


-1:17 am. En casa. Y dentro de muy poco, en la cama-

domingo, 17 de junio de 2012

***

Por una vez:

Quiero ser tus letras.

viernes, 15 de junio de 2012

Gusanos y azulejos.

Puede que nunca sepas qué era eso del gusano dentro de la manzana. Es posible que nunca te de por pensar sobre ello, pero alguien en algún lado, está partiendo a la mitad una manzana sin darse a penas cuenta de lo que se encontrará dentro de ella.
O puede que la que nunca sepa si alguna vez fue ese gusano, soy yo.
Como pasarse tantas horas en el baño de tus abuelos que has sido capaz de darte cuenta de que uno de los azulejos que decoran las paredes, está del revés. Como darse cuenta que una vez descubres eso, no habrá ni un solo día en el que no te fijes en él. Obviando al resto, concentrando toda tu atención en ese único y absurdo azulejo puesto en el sentido contrario al resto. Imaginándote el momento en el que alguien lo puso ahí sin darse cuenta de que para una persona, muchos años después, sería tan importante.
Cuando alguien se encuentra un gusano dentro de una manzana, ya sea por un mordisco, o al cortar con el cuchillo, esa sensación de descubrimiento, de sorpresa es difícil de reemplazar.
Y cuando digo gusano en manzana quiero decir también, mosca en sopa, pelo en lengua, mosquitos en ensalada.

La cuestión es que las próximas veces, las siguientes manzanas que te comas, serán miradas con precaución, con cautela, con detenimiento y aunque encontrarse un gusano en una manzana siempre es todo un descubrimiento, todos los demás no serán más que el reflejo, la repetición del primero. Incluso sin habértelo encontrado, recordarás aquel día en el patio de tu casa en el que de un mordisco, aprendiste  lo que era echar de menos y aprendiste que desde ese momento, no volverías a comerte una manzana sin recordar a aquel diminuto, excavador y acurrucado gusano dentro del corazón de tu manzana.

Por eso he decidido que si tengo que elegir ser un animal, me gustaría, muy a mi pesar, ser ese gusano del que no te vas a olvidar jamás.

Como el azulejo del revés en el baño de casa de mis abuelos.

jueves, 7 de junio de 2012

Todas las palabras que estás pensando.



No digas esa palabra, me dijeron. No escribas eso. No digas esas palabras.
Estoy al borde de toda la inspiración del mundo, pienso. Estoy, no solo al borde de toda esa inspiración, sino que mi cabeza asoma por un balcón. Puedo ver, desde aquí, las montañas y cómo el sol las cubre de un color amarillento. Puedo ver desde aquí, la civilización. Puedo ver qué casas están habitadas y cuales no. Puedo ver.
Todo el rato pienso en una frase, luego en otra. La última es la primera de este texto. La primera: Cuando se folló a...
Es difícil, siempre, encontrar a alguien a quien follarse con la imaginación. Alguien real a la que poder manchar con injustas y depravadas letras. Alguien a quién recordar toda la vida por lo que nunca pasó y por lo que siempre creíste sentirte mal.
Es la sociedad. La gente. Todo el mundo dicta normas morales, éticas. Yo dicto mis propias normas. Por eso soy incapaz de follarme a nadie al borde de toda esa inspiración. Por eso siempre me cuesta encontrar un buen nombre para esas chicas o una fisionomía que ni se le parezca a todas esas mujeres que me hacen sentir sucia y vacía y demasiado concupiscente para empezar a redactar la herencia de mis fantasías sin sentirme
fuera
de
lo
establecido.
Fuera de la civilización que veo desde aquí.
Todos esos centros comerciales llenos de gente llena de fantasías castradas por la
opresión.
Por eso dicen, no digas esas palabras. No escribas esas cosas. No hables como si nunca te hubieran enseñado modales.
Y no entienden nada. Precisamente por todos esos modales aprendidos. Por todas esas oportunidades frustradas. Por toda la corrección del mundo, me siento al borde de mi inspiración a ser yo.
Las puertas de la percepción, pienso. No es necesario una droga mágica. Solo un montón de tinta dispuesta a revolverte por dentro. A sacar de ti lo peor. Siempre en el mejor momento.
He disfrutado de cada letra de cada relato donde me follaba, sin nombre ni rostro, a las mujeres de mi vida.
He sentido como si despertase de un sueño húmedo, dónde mis dedos se hundían en partes de sus cuerpos que era incapaz, luego, de recordar. Y lo he sentido real. Ahora, en este instante.

Alguien me da la mano de camino a casa. Alguien que no conozco me da la mano de camino a casa y pienso que eso me excita. 

No escribas eso, dicen. Cómo se te ocurre gritar esas cosas en público. Cómo eres capaz de escribir esa palabra.
Follar está bien. Digo. Eso lo hacemos todos. Mal, bien. Da igual. Todos follamos, retozamos, nos revolcamos, o al menos, eso es lo que nos gustaría que pasase.
Todo el mundo es recatado de lengua para fuera. Todo el mundo es correcto. Todo el mundo.
Esa civilización que veo desde aquí y que hace las mismas guarrerías que yo cuando están a solas. Una llave siempre es útil. La masturbación como el primer deporte mundial. El más antiguo.

El color de las montañas torna a un violeta oscuro. Desde aquí se oyen rugir a las bestias. Las de dentro. Las de muy adentro, pienso. 
Todas esas personas se han imaginado desnudas. Los unos a los otros. Seguro.
Cuando sube un ascensor lleno de gente. Toda esa gente enferma debe pensar obscenidades de sus breves compañeros de viaje. Hasta el cielo, pienso. La gente siempre se imagina cosas cuando se corre. El blanco también es una manera de imaginar.
El lienzo del sexo. La saliva, el semen, los fluidos vaginales. Todo siempre es arte y es un reto y sirve de algo. Nos sentimos aliviados, luego. Cuando todo termina. Da igual que sea un cuadro, una novela o un polvo.
Da igual lo que te haya costado.
Lo importante es la sensación del final. Cuando ya por fin te olvidas de la civilización y vuelves al origen y no existen normas morales ni éticas y eres libre.
Ese final en el que piensas cuánta gente se habrá corrido al mismo tiempo que tú en todo el mundo, cuánta gente debe sentirse exactamente como tú en este instante. Y no te da asco, ni crees que esté mal, ni sientes ningún vacío existencial dentro de ti.
Y piensas en esas palabras y las dices. Y alguien en algún lugar del planeta te oye y piensa: no digas esas palabras, cómo puedes decir esas cosas, no tienes educación. Y tú piensas que no entiendes a esa civilización que te dice eso mientras al mismo tiempo se limpian la corrida de entre los dedos, o se suben las bragas en sus oficinas. Tú piensas que esas palabras existen para ser dichas. Y para ser hechas. Y lo entiendes por fin.

Entiendes lo que es estar al borde de toda la inspiración del mundo sin importarte una mierda, precisamente, ese mundo que te inspira.

Y por fin lo entiendes, lo sientes.
Enhorabuena, es usted una persona completamente libre.

sábado, 2 de junio de 2012

Crónica del Desastre.



Podemos beber hasta desmayarnos, perder el control, amanecer, ser el sol, ser la luna, inventarnos el universo que nos quede perfecto. Podemos drogarnos y ser infelices y buscar la felicidad. Comprar una casa, llenar el vacío con muebles, borrar el eco de un plomazo, arreglar las luces de las escaleras, una cama enorme donde poder follar. Eso podemos hacer.
Ir a la playa y llorar un poco, nadie lo notará. La sal con la sal. No sé por qué pero ese lugar anatómico exacto me hace bien.
Podemos abrazarnos hasta ser uno, besarnos hasta llegar al límite de no saber dónde empiezan tus labios y dónde los míos. Podemos limpiarnos, tomarnos un día entero de confesiones. Sentirnos ridículas y empezar a desnudarnos. Podemos acostumbrarnos a esto. Aunque sea un coñazo, y no haya bebida, y las drogas hayan pasado de moda. 
Podemos ser felices, del uno al diez. Nunca está de más poner ciertos límites a ciertas cosas. 
Podemos ser nosotras mismas. Encontrar el punto exacto en el que sepamos que nos vamos a querer para siempre. Llegar a casa, sentirme bien, sentirme triste, sentir que deberías venirte siempre conmigo o yo contigo.
Pero nunca está de más poner ciertos límites.

Podemos escalar una montaña cada mañana. Una montaña metafórica, cada mañana. Podemos fumarnos los pulmones, salir a la calle oliendo a nosotras, a nuestra piel y nuestra ropa. 
Podemos sentirnos abandonados, traicionados, engañados. Leernos todos los libros del mundo, salvar nuestras almas del tedio y la monotonía, protagonizar una de las más bellas historias de...

Podemos sentarnos la una frente a la otra y jurar que no es esto lo que esperábamos. Puedo sentarme frente a ti, taparme la cara y empezar a decirte las cosas que no me caben en el pecho ("ábreme el pecho y registra").
Esto es por ti y por ti y por ti y por mi. No lo puedo evitar. Quiero y sufro, pienso y siento.
Podemos dejar de jugar. Olvidarnos. Ser terroristas emocionales, como cualquier persona normal.
Podemos emborracharnos, perder el tiempo, recapacitar, buscar la pieza que falta en el puzzle, creernos, pararnos en seco, ir por la calle, sonreír. Conseguir de esta necesidad apremiante una razón. Una razón como otra cualquiera. Algo, irrisorio, innecesario pero gratificante, la espuma del mar contra las rocas. Mi tranquilidad. La luz de una farola es la luz de un flexo y es lo que más quieres del uno al diez en esta habitación.
Yo también.
Nada peor que la oscuridad.

Podemos decir que todo va mal. La Ley de Murphy, el miedo matando a cuchilladas a tu mente. No se te ocurrió llamar a la policía, no sabes qué herida taponar primero. Nada de pensar bajo presión.
Esto es lo que hay. Esta es mi vida. Alguien dice "sí, esta es tu puta vida, algo a lo que enfrentarte cada segundo, cada minuto, cada hora y cada maldito día hasta el momento en el se acabe todo. Puedes decidir hacerlo bien la mayoría del tiempo, puede decidir perder el tiempo o puedes no esforzarte en absoluto para cambiar las cosas, pero al fin y al cabo siempre será tu vida. Tu puta e insignificante vida. Decide bien quien quieres que haga de ella algo grande. Decide bien si quieres ser tú quien levante un monumento tal que sea recordado por los siglos de los siglos. Decide, decide, desidia. Esta es tu puta vida. Agárrala bien, bébetela, quiérela, ódiala, fóllatela hasta el fondo, humedeciéndote los labios, sintiendo ese jodido calambre entre las piernas antes de correrte. Peléate con ella. Haz lo que tengas que hacer, pero que nunca deje de llamarse vida. Que nunca deje de hacerte creer que vale la pena cambiar un poco las cosas. No te acomodes a la mierda de debajo de las uñas. Arráncate las uñas si hace falta. Y si ves un precipicio, recuerda siempre: SALTAR, SALTAR, SALTAR."
Alguien dice todo eso mientras tu solo piensas en la paja de antes.
Y lo sabes: tu único problema eres tú.

Por eso te consuelas escribiendo todo eso que podría pasar, encima en primera persona del plural. Encima tienes la desfachatez de creer que es posible todo eso. Aunque solo se trate de partes de esa vida de la que te hablan y de la que tú solo intentas identificar qué herida es la que hay que taponar primero.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.