miércoles, 29 de agosto de 2012

Para habernos matado.

Tampoco nos quisimos tanto
como para matarnos ahora en vida.
Ni sufrir, ni llorar.
Es solo volver a abrir la puerta de casa
un poco más triste de lo normal.

Tampoco nos quisimos tanto
dice el tiempo,
que matándonos
nos da la vida, la paz, la razón.

Pero para no habernos querido tanto
abrir la puerta de casa antes
ha sido el momento más triste
del día entero.

martes, 28 de agosto de 2012

***

Ahora que lo pienso, llevo más o menos un año con la misma resaca encima.

domingo, 26 de agosto de 2012

Instantáneas

A un lado del camino de tierra había un montón de huesos sucios. Como si alguien se hubiese desintegrado por completo dejando solo sus huesos, amontonados, llenos de tierra, rotos por el paso del tiempo, el sol, la lluvia, el frío, el viento.
El camino de tierra no llevaba a ningún sitio. Era marrón y a menudo el viento levantaba una espesa nube de polvo. Casi al llegar al horizonte, un árbol.
Me temo que nadie llegó ahí jamás.

Esto es lo que me imagino ahora mismo. Una especie de fotografía interna. Como debe estar mi mente en este instante. Es el color que me imagino de las cosas. La sensación.

Cuando abundaba el salitre, sin embargo, el césped era verde y los colores brillantes. Aunque el cielo empezase a nublarse. Esa era la fotografía de mi mente. Cuando querer salía solo, como el vaivén del mar, la brisa empañando mis gafas. Como estar flotando en el agua. Como dejar de pensar.

Siempre la misma canción en mi cabeza.
Lo primero siempre, siempre.
Lo segundo nunca, nunca.

sábado, 25 de agosto de 2012

***

Cosas que no cambian: El oxígeno oxida al hierro.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Lemur.



Algo que estaría muy bien sería el mar después de una ventana. El salitre pegándose a los cristales de mis gafas. Tú tirada en la cama, jugando con tus piernas. 
Me doy la vuelta y te miro. Tú no te das cuenta pero yo sigo sonriendo.
El sol de media tarde, las paredes blancas, la cama deshecha. 
Algo que estaría muy bien es que existiéramos. Así, de esa manera. 

Desde entonces he encontrado varias coincidencias.
Dices, "quiero decir" para explicarte. 
Hay algo tierno dentro de nuestros huesos.

Vuelvo a mirar por la ventana y empiezo a escribir.
Sobre cómo juegas con tus piernas.
Sobre tu pelo esparcido por toda la cama, la habitación, el suelo, el mar.
Sobre el color de tu piel.

"Aquí en el mar
cualquiera podría ahogarse 
y daría igual.
Pasas casi sin tocar la arena,
nadie se da cuenta,
y eso es lo que más me gusta
de las muertes dulces.
Que es casi como si aparecieses
a llenarme los pulmones de agua
mientras me sonríes
y
sin que nadie se de cuenta,
yo también."

Aunque solo sea una excusa más para juntarnos. Sudar, retozar, regar nuestros pedazos por cada esquina de esa habitación.
Y también veo regresar los barcos.
Hace falta que me invites más de mil veces para convencerme. “Quiero decir”, estar aquí, contigo. Algo que estaría muy bien. Esta vez he pensado mejor, mirarte más.
Lo que no puedo controlar es que te des cuenta o no. Me se varios rincones. Y aquí me paro a pensar. Mientras la gente pasa, el viento corre, el invierno llega.
El bronceado vuela como golondrinas, pero si existiéramos, viviríamos en una casa con ventanas al mar. Jugarías con tus piernas, mientras tu pelo escribe en mi cara la sonrisa de vuelta a la vida.
Y el bronceado hurgaría en nuestra piel como gaviotas sobre el mar.

Algo que estaría muy bien sería
volvernos a ver.
El salitre en los cristales de mis gafas no me deja ver. Me las quito.
Dos razones por las que dejar de ver.
Besarte.

martes, 21 de agosto de 2012

Uno mismo.



Probablemente la palabra mágica sea decepción.
Lo bueno de los muertos es que no sabes muy bien qué deben estar pensando.
Pero, probablemente sea esa palabra mágica,
si de alguna manera,
después de muerto, uno puede llegar a atormentarse
aun más
pensando.

Es algo que me preocupa
pero que me da igual.
Como si no pudiera hacer nada para evitarlo.
No vas a volver.
Ni tú ni nadie
a decirme la palabra mágica
cada vez que enciendo un cigarrillo,
bebo una cerveza,
o me desentiendo de cualquier tipo de responsabilidad.

Es solo que pienso en la muerte como algo cercano
y lejano
al mismo tiempo.
Como cuando quieres en la distancia,
o echas de menos un lugar.
Esa sensación de acostumbrarse a la nostalgia,
la desazón.

Y pienso que si estuvieras aquí
nada sería igual. Claro.
Quizás la palabra mágica no fuera decepción.
No encuentro una sustituta.
Quizás no exista sustituta.

Pero últimamente me pregunto que pensarán de mí
los muertos,
mis muertos,
todos esos huesos que he perdido
por el camino.
Inconsciente podría ser la segunda palabra mágica.

Darse cuenta de que no estás orgullosa de ti misma
al pensar
en qué pensarán
los que ya no están.
Darse cuenta así de tristemente.
Imaginar sus caras inexistentes.
Sus rostros borrosos.

Por eso creo que la decepción es una buena palabra
para el ahora.
Todo el mundo no para de decírmelo.
Nadie estaría orgulloso de ti.
Qué pensarían si te vieran así.

Por eso, esto.
Una forma de redimirme.
De dejar constancia que sé que tienen razón
de alguna manera.
Que los entiendo. No creo poder compartirlo.
Aun así
no cambio ni un minuto de mi felicidad
por cambiar ninguna de esas palabras mágicas
que me joden
y me queman,
y me molestan ahora.

Ahora que estoy en mis horas bajas,
hurgando entre los suburbios de mis malestares.
Suerte que a estos lugares solo se baja de vez en cuando,
cuando el opio del día a día
ya no te es suficiente
y solo necesitas echarte fuera de ti misma
a tus periferias
y sentir el miedo de querer volver a casa,
a seguir siendo la indigente de siempre
pero sin ver toda esa mierda
que hace que de vez en cuando
te pudras un poco por dentro.

Por eso, la palabra mágica, probablemente sería decepción.
Pero las voces de los muertos
no existen
si dejas de creer,
no solo en ellos,
sino,
y lo que es peor,
en uno mismo.

domingo, 19 de agosto de 2012

Sobre el complejo proceso de ser un pájaro.


Hay una manera aun más dolorosa 
de sentirse preso
más allá de las rejas, las paredes,
la tierra que se acaba, de alguna manera
en el fondo del mar.

Se trataba de mirar con indiferencia
al horizonte,
mascar un poco la desidia
y sentir, de vez en cuando, 
ese sabor amargo entre los dientes.
Se trataba de querer estar en otro lugar.
Sentirse preso
con una sola decisión.

Pero tenemos justificaciones de sobra.
Un montón de ropa, papeles, palabras
que nos amarran.
Y después están las personas
y
el amor por todos sus costados,
recibiendo palizas,
magullándonos,
dejándonos tirados en el suelo.

Y claro que esta no es la vida
que yo querría para mí.
Claro que me siento limitada.
Claro que me llevo asfixiando 
durante años
con mis propias decisiones,
o
quizás
con la ausencia de éstas.

Pero hay un techo.
Tengo un techo sobre mí.

He decidido
que
a partir de ahora
solo quiero ver las estrellas.

jueves, 16 de agosto de 2012

Todo bien.

Despertó cuando todo aun iba bien.
Hacía calor. Sudaban el océano.
No hay versos para ti. No hay ni un solo verso para ti.
Sería algo así como perder la cabeza
y el culo
por vapor de agua.
Algo así como volverse del todo loca
siendo, encima, consciente de ello.

Algo así como una tortura
propia, de dentro, del cerebro.
El sol rodeaba sus cuerpos
a través de la ventana.
Rodeaba el sudor y el calor
de aquellos dos cuerpos inertes,
sin fuerzas,
agotados,
asfixiados.

Todo lo que tenía el sexo
era aquello que daba resaca.

Despertó cuando todo aun iba bien
y estropearlo
era algo casi imposible.

Por eso siguieron follando.
Nada de hablar,
nada de mirar,
nada de contemplar la serenidad del agotamiento.
Solo hicieron lo propio
de dos cuerpos
totalmente agotados,
inertes,
sin fuerzas,
asfixiados.

Respirarse.
Ahora que todo
aun
iba bien.

lunes, 13 de agosto de 2012

Huesos VI

Igual que las olas rompen contra la costa.
Esa manera de rasparnos los corazones, como las manos, como el costado.
Esa manera de arañarnos los huesos, hasta quedarnos flotando
como polvo de
estrella.
Y ahora que lo pienso son pocos y quiero más.
Para elegir uno cada día.
El día del astrágalo.
El día del omóplato.
El día de hacernos trizas cuando se nos acaben de verdad todas las razones
por las que no estudiamos medicina.
Ni robamos cadáveres en cementerios,
ni compramos cráneos en el mercado negro.

Hacernos trizas como cuando tu miedo se haga realidad
y yo me quede sin palabras
y entonces todo cambie
siempre y cuando no sepamos darnos cuenta.

Pero siempre existirá la duda.
La pregunta puede ser, cómo será todo después de la nada.
¿Hablarán los bichos que nos coman por dentro?
¿Sabrá mi alma escapar de debajo de las piedras?

¿Seguirán siendo míos todos los huesos que te he ido robando
cuando por fin un día des con ellos y te lo lleves de vuelta a casa?

Haz con ellos el ruido que quieras.
No es la música lo que me lleva hasta allí.

El olor, la piel, la carne, el aire de tus pulmones.
Pero no el ruido de unos huesos
que sin ti no tienen sentido.

sábado, 11 de agosto de 2012

***

Todo esto tiene que salir convertido en algo, de alguna manera.
Como siempre, no es miedo, ni tedio, ni asco.
Es, más bien, incertidumbre.

Una patética incertidumbre pegada como chicle a mis tripas.

jueves, 9 de agosto de 2012

El descubrimiento del año.

Quédate aquí y no te vayas nunca
y
te quiero
puede ser el resumen perfecto de este año.

martes, 7 de agosto de 2012

G e m e l ó s


Alguien que vive la amistad como yo.
Igual de fuerte, igual de intensa, igual de real.
Alguien así, merece quedarse para siempre.
conmigo.

Te quierós.

lunes, 6 de agosto de 2012

Algo saludable.


Sigo siendo feliz.
Eso de pensar, de darle vueltas a las cosas. Es algo que va en mí. Como quererte.
Como quererte tanto.
Por eso soy feliz.

sábado, 4 de agosto de 2012

Huesos V


A todas las fosas de tu cráneo,
los agujeros por donde pasan tus nervios,
por donde estoy yo,
y tú.
Podría haber hablado de rodillas,
falanges,
o caderas
pero me quedo contigo,
con lo que te hace ser lo que me gusta de ti.
Me quedo dentro de tu cabeza para siempre.
Siendo predecibles las dos,
negándome a leer mis propias vísceras,
haciendo que me digas,
que me cuentes
eso que me va a dejar dormida.
Lo que tú tienes para mí
son cuentos.

Las curvas, los huecos,
el lugar donde albergan tus sueños,
tus miedos,
tus ganas.
Ese es el hueso con el que me quedo.
Y una razón sería
porque sin él
ni tus clavículas,
ni tus acrómiones,
ni tus costillas,
ni tus vértebras,
tendrían sentido en mi vida.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.