martes, 21 de agosto de 2012

Uno mismo.



Probablemente la palabra mágica sea decepción.
Lo bueno de los muertos es que no sabes muy bien qué deben estar pensando.
Pero, probablemente sea esa palabra mágica,
si de alguna manera,
después de muerto, uno puede llegar a atormentarse
aun más
pensando.

Es algo que me preocupa
pero que me da igual.
Como si no pudiera hacer nada para evitarlo.
No vas a volver.
Ni tú ni nadie
a decirme la palabra mágica
cada vez que enciendo un cigarrillo,
bebo una cerveza,
o me desentiendo de cualquier tipo de responsabilidad.

Es solo que pienso en la muerte como algo cercano
y lejano
al mismo tiempo.
Como cuando quieres en la distancia,
o echas de menos un lugar.
Esa sensación de acostumbrarse a la nostalgia,
la desazón.

Y pienso que si estuvieras aquí
nada sería igual. Claro.
Quizás la palabra mágica no fuera decepción.
No encuentro una sustituta.
Quizás no exista sustituta.

Pero últimamente me pregunto que pensarán de mí
los muertos,
mis muertos,
todos esos huesos que he perdido
por el camino.
Inconsciente podría ser la segunda palabra mágica.

Darse cuenta de que no estás orgullosa de ti misma
al pensar
en qué pensarán
los que ya no están.
Darse cuenta así de tristemente.
Imaginar sus caras inexistentes.
Sus rostros borrosos.

Por eso creo que la decepción es una buena palabra
para el ahora.
Todo el mundo no para de decírmelo.
Nadie estaría orgulloso de ti.
Qué pensarían si te vieran así.

Por eso, esto.
Una forma de redimirme.
De dejar constancia que sé que tienen razón
de alguna manera.
Que los entiendo. No creo poder compartirlo.
Aun así
no cambio ni un minuto de mi felicidad
por cambiar ninguna de esas palabras mágicas
que me joden
y me queman,
y me molestan ahora.

Ahora que estoy en mis horas bajas,
hurgando entre los suburbios de mis malestares.
Suerte que a estos lugares solo se baja de vez en cuando,
cuando el opio del día a día
ya no te es suficiente
y solo necesitas echarte fuera de ti misma
a tus periferias
y sentir el miedo de querer volver a casa,
a seguir siendo la indigente de siempre
pero sin ver toda esa mierda
que hace que de vez en cuando
te pudras un poco por dentro.

Por eso, la palabra mágica, probablemente sería decepción.
Pero las voces de los muertos
no existen
si dejas de creer,
no solo en ellos,
sino,
y lo que es peor,
en uno mismo.

2 comentarios:

ayopiensaveces dijo...

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Me he pegado un tour grande con lo que me faltaba por leer. Y como siempre brillante.

Tengo una duda... ¿Y tanto hueso?

Un abrazo, Ayo.

Ana! dijo...

Jajaja, todo empezó por una manía y ahora es casi un proyecto :D:D Me alegro de que pases y te guste! un besito!!


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.