jueves, 27 de septiembre de 2012

Historia para aprender a dormir bien.


Un poco de primavera para tus ojos
y los míos.
La parte asiática de tu sonrisa,
ver borroso porque nos estiramos tanto
tanto,
tanto,
que casi
casi
casi
llegamos a tocarnos.


El manual de cómo estar por todas partes
sin haber estado antes
en ningún sitio.


Las cosas invisibles nadan en los charcos,
vuelvo a casa contigo encima,
puede que no haya nada más.
El océano para tu piel
y la mía.
Saber que es de día porque amanece.
Solo tú sabes esta historia
y duermes con ella todas las noches.

Coleccionaré tipos de viento para ti.
Todos en tarros con etiquetas
que
pongan:
"Para que vuelvas pronto"

Como la primavera.

martes, 25 de septiembre de 2012

Eh!

Nada, me pareció verte por la tele, solo eso.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Huesos VII


En mis huesos crecen bosques
cada noche
por donde huyo cuando algo duele.
Veo desiertos y cataratas en ellos
de la misma manera
que existen
y vivir implica erosión,
e implica transformarse,
e implica seguir.

Veo caminar gente por ellos,
a través de ellos
cada día y cada noche
y veo también cómo escarban,
como hurgan
y como muerden para alimentarse.
Una manada de nómadas tras otra
persiguen el cambio de mis huesos,
y machacan, taladran, exprimen
cada centímetro de bosque.

Hacen balsas y barcos con mi madera
y cada mañana veo cómo se mudan,
como se arrastran,
como se marchan
dejando las hogueras de la noche
muriendo aun
en mis huesos.

Veo mis huesos
y eso no hay mucha gente
que sea capaz de hacerlo.
Cada uno vive como si romperlos
fuera un accidente
y no una opción.
Como si solo trabajasen para nosotros,
como si solo sirviesen para tapar
con una lona el sol.

Veo mis bosques,
mis desiertos y cataratas,
mis manadas de nómadas,
mi tuétano cuando me partes a la mitad
y me quedo en blanco
y no sé cómo carajo continuar.
Me veo a mí
y a veces,
solo a veces
solo veo bosque donde huir
cuando me dueles.

martes, 18 de septiembre de 2012

Calcetines de búhos.

Un aniverbeso
no se cumple todos los días.

Síndrome del trastero.

Parece como si querer ya no fuese real.
Como si fuera una excusa,
un pretexto,
un no sentirse tan mal.
Parece como si solo ocupase espacio
y fuésemos trasteros
y almacenáramos kilos y kilos,
cajas y cajas
de las mismas letras,
las mismas palabras,
las mismas miradas.

Como si la vida se tratase
de esto todo el rato.
De vivir una y otra vez
las mismas escenas
de una película.
Como si lo único que cambiase
fuera la edad del director.
Fotograma a fotograma
vuelve a ser septiembre.
Las costumbres,
los horarios,
la tristeza de las cosas tristes.

Y yo ya no soy triste.
Pero como un trastero
guardo penas,
despedidas,
enfados.
Cajas y cajas de las mismas cosas
amontonadas unas encima de las otras.
Y yo ya no soy triste
pero a veces
lo estoy.

Como cuando querer me parece
un mecanismo
y no un reflejo de.
Como cuando querer me parece ridículo
solo porque no siento que haya perdido nada.
Como si fuese un río en calma,
la circulación sanguínea de alguien que está
muy tranquilo.
Como si estar esperando algo
no fuese lo importante.
Como si lo que hayamos vivido
no tuviese mayor relevancia.

Porque me he convertido en un trastero
que almacena momentos,
penas,
despedidas,
enfados y tristezas,
como quien colecciona sellos,
o miniaturas,
o figuritas de la Segunda Guerra Mundial.

Siempre llega el momento
en el que todos los sellos,
las miniaturas
y las figuritas de la Segunda Guerra Mundial
te parecen lo mismo,
una masa,
un revoltillo de cosas
a las que te cuesta etiquetar,
adherirles un recuerdo,
y en definitiva
te parecen lo mismo.
La misma cosa.

Pero eso no es lo peor de todo.
Lo peor es cuando
te das cuenta que todo eso es la misma cosa
porque tú eres la misma persona.
Y el problema no es de las cajas y cajas,
kilos y kilos
de las mismas letras,
palabras,
miradas,
sino de las paredes que las almacenan.

Un trastero frío y húmedo
donde de vez en cuando alguien hurga
y encuentra un lugar donde
puede ser diferente.
Donde huir.
Donde no estar del todo sola.
Donde encontrar alguna caja
con cosas interesantes dentro.

Y entonces arregla la luz del techo,
limpia el polvo y la suciedad
y todo,
de pronto,
parece brillar.

Aunque al final
allí no quepa una cama
ni sea un lugar digno para vivir.

Y eso es lo que pasa con los trasteros.
Que solo sirven para guardar cosas,
trastos,
cajas.
El pasado.
Todo el tiempo.
El pasado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Me siento vieja.
Siento como duelen mis huesos.
Los imaginarios.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Time to dance

He pensado en el tiempo.
En bailar.

Pero no sé cómo expresarlo.

Empezaba hablando de las horas, de la forma de aprovecharlas, de que
en otras circunstancias hubieran sido, incluso, excesivas.
Ahora hablaba de que cualquier movimiento era como
bailar contigo. Con tus palabras.

Cuando sepa de lo que hablo, lo escribiré.
Te escribiré.
Sobre el tiempo y sobre bailar.

domingo, 9 de septiembre de 2012

El tuétano.


La felicidad a las cinco de la mañana
sudando y mordiendo
la carne hasta el
hueso.

viernes, 7 de septiembre de 2012

***

Por fin soy la persona que quiero ser.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Vivir en un faro.

El mapa de tu pecho.
El surco de tus huesos.
Los charcos de tus huecos.

Tres noches de cada año el viento da tregua en ese lugar.

Vivo en una isla. Escucho el mar continuamente. Veo el mar desde mi ventana todos los días. Sobre mí se extiende un cielo lleno de estrellas cada noche y contigo puedo estar siempre, pero es algo diferente.
El tiempo que pase debe ser aprovechado. Que cuando llegue a casa, y mire el cielo y escuche el mar de lejos tenga la sensación de que sigues conmigo, disfrutando de una de estas pocas noches al año en las que me siento, sola, en silencio, a practicar la paciencia que me falta el resto del tiempo a tu lado.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Nos vemos en febrero.

Tener el amor entre los dientes. Literal.
Y cuando te sientes así, hasta las películas tristes te dejan sonrisas invisible. Por todo el cuerpo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Jaulas.


Abrir la jaula de los pájaros no se trata de un polvo en un baño, en un coche o en una cama. No se trata de robar besos, ni de tontear durante toda la noche, día tras día. No se trata, ni siquiera, de miradas furtivas y desgarradoras, ni de querernos, ni de amarnos, ni de destrozarnos.
La jaula se debe abrir cuando se es feliz. Cuando se es tan feliz que casi puedes atrapar esa sensación con las manos. Tan feliz como para estar tranquila. Como para estar en silencio.
El problema de las jaulas es no saber cuándo volver a coleccionar pájaros, de todos los colores y todas las formas. No saber si el problema son los pájaros o es hora de buscar una nueva jaula. El problema es no saber cuál es el problema.
Hubo un punto en el que, admito, dejé las puertas abiertas durante todo el tiempo. Ellos venían y se iban y era el continuo de felicidad. El único de mi vida.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.