viernes, 26 de octubre de 2012

Animal.


Siempre quiero huir cuando 
el verbo significa más
supervivencia y refugio
que cobardía.
Quiero huir y dormir bajo el ala 
del pájaro que eres
y comer gusanos y sentirme 
el animal que soy
contigo.

Quiero traspasar la piel
a ver qué hay,
cubrirte del sonido de mi voz
en directo.
Cubrirte de todo lo que estoy pensando,
y no saber quién se desliza primero.
Vamos a resbalarnos.

Quiero que esas cuatro paredes me absorban
junto a ti.
Sentirme parte del territorio comanche
del que emigré nada más nacer.
Fumar en el balcón,
volver y limpiarme los pies antes de entrar.

Huir es una forma de alejarse
para estar cerca,
y eso quiero.
Cerrar los ojos solo para descansar,
no tener que traerte a la mente,
no tener que medir tus caderas
con el aire que me oxida.

Sentirme como el pez que soy
a veces,
entre tu pelo.
Agarrarte, alejarte y verte de lejos.
Eso es lo que pensé el primer día.
No todas las veces serán
para ocupar el silencio.
Casi nunca volverán a ocuparlo,
porque conseguiremos hablar con la piel
y siempre estaremos hablando
aunque te duermas
y a mí, aun, me quede un rato.

Todo el tiempo del mundo.
Eso tenemos.
Y todo el calor, los centímetros,
el viento a favor
y las alas para huir,
que no siempre significa
cobardía,
sino
todo lo contrario.

Súper-vivir.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.