lunes, 31 de diciembre de 2012

asterisco asterisco asterisco

Soy mi propia ciudad.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Luisa.


He estado en tu vientre
arañando y pataleando 
hasta hace no mucho
y me siento recién parida,
recién criada,
recién amamantada.

Te he hecho sangre
y has abortado hijos más
generosos que yo
en potencia.
Más listos, más rápidos,
mejores que yo,
en potencia.

He estado ahí dentro
y por mi culpa has pasado noches
en vela,
con el ácido entre el esófago y el alma
y has visto cómo se hinchaban tus pies,
y se estiraba tu piel.
Has visto crecer dentro de ti
a ésta  que te ha arañado y
pateado el vientre,
ésta que no es en potencia 
sino en acto.

A imagen y semejanza,
a veces los hijos debemos embarazarnos
de nuestras madres
y cuidarlas 
y quererlas
y enseñarlas.
Ver cómo se equivocan
sin juzgar
y dejar que arañen y pataleen
como hicimos una vez nosotros.
Que escarben en su dolor
con la intención de sacarlo de dentro
y no dejar que se lleven a la boca
la basura de la que
nos estuvieron protegiendo
toda nuestra vida.

Y no convertirnos es esa basura
tóxica.
Proponer hacer bien por encima
de nuestras posibilidades.
Y mostrarles la libertad y dejarlas volar.
Nadie nunca enseña
a abrir las alas del todo y de verdad,
por eso la rabia es el instinto
y es la fuerza
y es solo el impulso que se queda atrás.

Y un día,
la una en el vientre de la otra
se darán cuenta
que no existe tiempo perdido,
que nadie nace sabiendo andar
y que una no aprende
sino de lo que duele,
lo que jode, arde, quema, escuece.

Y un día,
te bastará saber
que hay gente que te quiere
porque has estado en su vientre
y eso,
eso no se puede explicar.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nacer.



El plan al final era no tener ningún plan.
Abrir los ojos cada mañana
como recién nacidos
con barbas y ojeras,
pero recién salidos del útero materno.
Imagina los ojos de un bebé,
grandes, negros o grises.
Brillantes como ojos de pájaro,
húmedos como si la muerte aun
nos estuviera buscando.

Pasa con los monstruos
que construimos en cada
encuentro.
Ninguno de mis viejos compañeros
de viaje
serán los mismos
ni cabrán en esta nueva maleta
conmigo.
Piensa que ellos quedan a buen recaudo
en el recuerdo,
y esperan en alguna estación
el tren de vuelta a casa
junto con otros viejos monstruos,
que también fueron nuestros.

Se le llama
“La estación de los monstruos”
aunque no da miedo,
solo a veces,
cuando las tripas rugen.
Cada uno de ellos,
más o menos feos,
más o menos guapos,
son el instante preciso
en el que decidiste
sacar lo mejor y lo peor de ti
al mismo tiempo.

Pueden llevar una sonrisa
encima
o pueden estar empapados,
o pueden temblar
o pueden ser del color del atardecer.
Lo importante es recordar
el momento justo
en el que supiste que dentro de ti
había un monstruo
con su nombre
y tus tripas.

Y comer cada día
como si fuésemos pájaros
y desgarrar la carne con
nuestros picos,
naranjas, negros o amarillos,
y hurgar hasta encontrarnos
rodeados de huesos.

El plan era seguir sin plan
y salir volando,
cada mañana
del útero de nuestras madres.
Llenando las paredes de sangre
y vísceras,
siendo el dolor del parto
y la alegría del parto
y siendo el parto.

Con los ojos bien abiertos
dispuestos a no convertirnos
bajo ningún concepto
en nuestros propios monstruos,
ni en la estación,
ni en el tren de vuelta a casa.

Solo enormes críos
con barba y ojeras
que ven el mundo por primera vez
como si no hubiese nada mejor,
nada más real, lúcido y espectacular.

lunes, 10 de diciembre de 2012

12.


Estás en mi garganta,
trepando tráquea arriba.
Yo continuo hablando a media sonrisa
que pronto siempre es una palabra
desesperante.
Es una palabra insoportable,
pero a ti te gusta decirla
como si de alguna manera yo pudiera
acercarme en cada sílaba.

La gente toma café,
me lío un tabaco y hablamos
de cómo subes y bajas
por mi esófago,
vomitando frases incompletas.

Sería fácil vaciarse un día
explicando paso por paso
qué es lo que motiva a la gente
a querer
aun teniendo que nadar y correr
para encontrarse.
Ya no creo en las guerras 
y pensé que debías saberlo.

No creo en las trincheras
ni creo que haya que protegerse del enemigo.
Me mantengo a raya casi todos los días.
Incluso cuando todos mis caballos se desbocan
y encuentro que pensar en ti
es lo más productivo que he hecho en el día.

Te veo andar siempre
por mis manos
que son la tierra y el escondite,
que son la madriguera 
con la que siempre arranco lo mejor de ti.
Cuando sonríes,
el mundo no tiene ni puta idea
de lo afortunada que me siento.
Comprendo entonces
que cuantificar los sentimientos no tiene sentido
y pienso en el universo.
Tiene que haber una medida,
tiene que haberla,
pero eso ya casi no me importa.

Al final no nos querremos ir 
la una de la otra
porque el lugar exacto lo inventamos
y no existe aun.
Aun no.

Corres y te deslizas por mis cuerdas vocales,
por mis dedos,
y por fin estás aquí.
Siempre tardas en salir 
porque te quiero tener dentro,
o porque no me hace falta sacarte,
aunque ya no haya jauría de lobos
esperando su recompensa.

Eres mi animal favorito y te quiero libre
y te quiero.

Pero pronto no es doce, ni once, ni diez.

Pronto es una palabra de mierda
que nos consuela 
mientras esperamos a que se acabe el mundo
bajo las sábanas.
Mientras esperamos que las bombas 
de las guerras que ya no existen
exploten todas al mismo puto tiempo
y la poesía no pueda ser descrita 
en enciclopedias
ni el arte morir en un intento de suicidio.

Pero que lo haga.

Acabará naciendo en mis ojos
cuando te vean.
Desnuda, 
derritiéndote porque la palabra pronto
                                                             arde.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La duda siempre ofende.

¿Qué pasa luego?
Digo luego cuando todo pasa, cuando se vuelve a la normalidad, cuando es, más o menos, siempre lo mismo.
Sé que lo he vivido pero nunca consigo recordarlo como si me diese cuenta de ello. Simplemente sucede
y el cuerpo muestra una cierta y razonable habituación a todo lo que pasa luego, después de todo.
Las cosas especiales/espaciales.
Destapar el misterio.

¿Qué coño pasa luego?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Me haces bien.

Es importante decirlo siempre que se pueda,
siempre que se sienta
y
siempre que sea verdad.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.