lunes, 10 de diciembre de 2012

12.


Estás en mi garganta,
trepando tráquea arriba.
Yo continuo hablando a media sonrisa
que pronto siempre es una palabra
desesperante.
Es una palabra insoportable,
pero a ti te gusta decirla
como si de alguna manera yo pudiera
acercarme en cada sílaba.

La gente toma café,
me lío un tabaco y hablamos
de cómo subes y bajas
por mi esófago,
vomitando frases incompletas.

Sería fácil vaciarse un día
explicando paso por paso
qué es lo que motiva a la gente
a querer
aun teniendo que nadar y correr
para encontrarse.
Ya no creo en las guerras 
y pensé que debías saberlo.

No creo en las trincheras
ni creo que haya que protegerse del enemigo.
Me mantengo a raya casi todos los días.
Incluso cuando todos mis caballos se desbocan
y encuentro que pensar en ti
es lo más productivo que he hecho en el día.

Te veo andar siempre
por mis manos
que son la tierra y el escondite,
que son la madriguera 
con la que siempre arranco lo mejor de ti.
Cuando sonríes,
el mundo no tiene ni puta idea
de lo afortunada que me siento.
Comprendo entonces
que cuantificar los sentimientos no tiene sentido
y pienso en el universo.
Tiene que haber una medida,
tiene que haberla,
pero eso ya casi no me importa.

Al final no nos querremos ir 
la una de la otra
porque el lugar exacto lo inventamos
y no existe aun.
Aun no.

Corres y te deslizas por mis cuerdas vocales,
por mis dedos,
y por fin estás aquí.
Siempre tardas en salir 
porque te quiero tener dentro,
o porque no me hace falta sacarte,
aunque ya no haya jauría de lobos
esperando su recompensa.

Eres mi animal favorito y te quiero libre
y te quiero.

Pero pronto no es doce, ni once, ni diez.

Pronto es una palabra de mierda
que nos consuela 
mientras esperamos a que se acabe el mundo
bajo las sábanas.
Mientras esperamos que las bombas 
de las guerras que ya no existen
exploten todas al mismo puto tiempo
y la poesía no pueda ser descrita 
en enciclopedias
ni el arte morir en un intento de suicidio.

Pero que lo haga.

Acabará naciendo en mis ojos
cuando te vean.
Desnuda, 
derritiéndote porque la palabra pronto
                                                             arde.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.