miércoles, 19 de diciembre de 2012

Luisa.


He estado en tu vientre
arañando y pataleando 
hasta hace no mucho
y me siento recién parida,
recién criada,
recién amamantada.

Te he hecho sangre
y has abortado hijos más
generosos que yo
en potencia.
Más listos, más rápidos,
mejores que yo,
en potencia.

He estado ahí dentro
y por mi culpa has pasado noches
en vela,
con el ácido entre el esófago y el alma
y has visto cómo se hinchaban tus pies,
y se estiraba tu piel.
Has visto crecer dentro de ti
a ésta  que te ha arañado y
pateado el vientre,
ésta que no es en potencia 
sino en acto.

A imagen y semejanza,
a veces los hijos debemos embarazarnos
de nuestras madres
y cuidarlas 
y quererlas
y enseñarlas.
Ver cómo se equivocan
sin juzgar
y dejar que arañen y pataleen
como hicimos una vez nosotros.
Que escarben en su dolor
con la intención de sacarlo de dentro
y no dejar que se lleven a la boca
la basura de la que
nos estuvieron protegiendo
toda nuestra vida.

Y no convertirnos es esa basura
tóxica.
Proponer hacer bien por encima
de nuestras posibilidades.
Y mostrarles la libertad y dejarlas volar.
Nadie nunca enseña
a abrir las alas del todo y de verdad,
por eso la rabia es el instinto
y es la fuerza
y es solo el impulso que se queda atrás.

Y un día,
la una en el vientre de la otra
se darán cuenta
que no existe tiempo perdido,
que nadie nace sabiendo andar
y que una no aprende
sino de lo que duele,
lo que jode, arde, quema, escuece.

Y un día,
te bastará saber
que hay gente que te quiere
porque has estado en su vientre
y eso,
eso no se puede explicar.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.