domingo, 13 de enero de 2013

Barbacoa.


Aprovecha este agujero
para sacar de ti
lo peor que uno puede esperar
de alguien.
Hurga dentro de ti
como lo haría un carnicero,
sintiendo el hedor de las vísceras
aun calientes,
manchando de rojo vida,
o rojo muerte,
el riguroso blanco
del delantal de tu uniforme.
Desgarra sin piedad la carne
y sepárala de los tendones
y de los huesos.

Aprovecha que estás en el fondo
de este agujero
y piensa en escalar,
en salir,
en huir,
en trepar.
Piensa en todos tus verbos favoritos
y dales un sentido.
Imagina,
porque en un agujero
pocas cosas más se pueden hacer,
que la tienes en frente
y que bebes cerveza
y que tu mano agarra la suya.
Imagina,
porque es lo mejor que sabes hacer,
que sigues con la cabeza metida
entre sus brazos
y siente la tristeza con la
que empezó a crecer el agujero
en el que ahora estás metida.

Aprovecha eso que sientes
dentro del agujero
para cambiar.
Haz una barbacoa
con la carne que ha quedado de ti.
Invita a todos tus amigos,
págale el billete de avión.
Prepárale una cama en mitad del océano
y dile que con ella
la vida es un viaje,
no se sabe muy bien a dónde
pero siempre con quién.
Dile que estás enamorada
y que es importante que lo sepa.
Aprovecha ese tiempo en el agujero
para gritar y enfadarte
y destrozar cosas.
Y no te calles.
Y no te pares.
Caza las bestias
que te darán de comer.
Abrígate con ellas
mientras piensas en el sabor de su piel,
en el color de sus ojos,
en la forma que tiene de esconderse en ti.
Conviértete en tu propio carnicero
y cómete,
digiérete,
y prepara una barbacoa
para todos tus enemigos.

Recuerda:
en ese agujero
solo cabes tú
y
todas
tus
bestias.

Disfruta de la fiesta.

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