viernes, 18 de enero de 2013

El doble duelo.


Se entiende por duelo psicológico al proceso normal de adaptación emocional que viene después de cualquier tipo de pérdida. La gente suele pensar en la muerte, en amputaciones, en mascotas viejas.
La gente piensa en viejas vestidas de negro durante veinte años. La gente piensa en funerales, en viudas, en gente con pañuelos llorando por gente muerta.
Yo pienso en mí. En el pasado, en la ropa fuera de temporada, en viejas vestidas de negro durante veinte años. En mí.
Se dice, “renovarse o morir”. Para mí, estos dos verbos son sinónimos. Se deja atrás la piel de serpiente fuera de temporada, o los huesos fuera de temporada y nadie llora, nadie viste de negro, pero el dolor es el mismo.
Se experimenta una pérdida real, palpable, constante y putrefacta de personas, animales, cosas. De uno mismo. Mirar hacia atrás, entonces, es lo mismo que ir al cementerio a cambiar las flores marchitas del nicho por unas nuevas. Es regresar al cementerio donde te enterraste, sin darte cuenta, algún día en el que todo empezó a ser diferente.
Hay nichos de pensamientos, nichos de emociones, nichos de palabras, nichos, con flores marchitadas la mayoría del tiempo, que guardan lo que eras. Pensamientos, emociones, palabras.
Lo diferente de este duelo, es que tarda tiempo en llegar y no te das cuenta cuándo se ha ido, ni a qué había venido. No es como levantarse a las cinco de la mañana, sin tiempo a reaccionar y estar en un tanatorio, sin tiempo a reaccionar, viendo como gente que te da igual dice lo bien que ha quedado, o lo tranquilo que parece estar. Todo fue sin sufrimiento, mejor así.
Este tipo de duelo del que hablo es peor porque cuando te das cuenta de la pérdida ya es demasiado tarde. No hay momento de último adiós. Es como estar de viaje y al volver encontrarte un jarroncito lleno de cenizas de tu viejo y fiel Perro, Gato, Serpiente, encima de la estantería donde colocas siempre tus libros favoritos.
Es como estar de viaje pensando “por favor que no se muera nadie mientras estoy fuera” sin darte cuenta que el que mueres eres tú. Imbécil.
Lo peor es cuando tu yo muerto arrastra consigo a personas, animales, cosas. Eso es lo peor. Es el doble duelo. No solo tienes que ver como terminan de enterrar a tu yo del pasado, sino que también tienes que asistir, casi al mismo tiempo, al funeral de la gente a la que querías. Y en las lápidas a donde tienes que llevar tus flores nunca se escribe en presente. Nunca habrá un “el yo del presente y el yo del pasado, que te quieren, nunca te olvidarán”. La mentira universal. Como decir que este sol calienta, o que una caída así nunca dolerá lo suficiente.
No. En los cementerios donde descansan en paz y en guerra las cosas que eras, solo hay lápidas con verbos en pasado y lágrimas. “Mi yo presente, que en su momento te quiso, está empezando a olvidarte”. Nadie llora cien años seguidos. Nadie vive tanto sin querer matarse al menos un poquito.
Cuando te das cuenta de la pérdida, ya lo estás superando y no es pena, sino orgullo. Ropa de temporada, ir a la última moda, nunca seré de esas viejas que visten veinte años de negro, nunca lloraré en un funeral. Y casi siempre, por lo general, es así. Nadie siente tristeza por ser quien es ahora, ni llora por haber mejorado tanto. Nadie llora cuando acaba una carrera, o termina viviendo en su propia casa, o cuando consigue trabajo.
Por eso es el peor de los duelos. Porque no se te está permitido llorar, estar triste. Estar de duelo. Sentir la pérdida. Aunque tengas que llevar flores al cementerio cada vez que alguien recuerda algo que ha pasado hace años. Meses. Semanas. Días. Horas. Segundos. Ahora.
La moda va a una velocidad vertiginosa y tú ya estás fuera de temporada. Por suerte, el negro nunca pasa de moda y todas esas viejas que te imaginabas cuando leías la palabra duelo ahora eres tú. Recién llegado de un viaje donde se han muerto la mitad de tus palabras.

1 comentario:

Bubo dijo...

Perfectamente aplicable al momento de ahora. En el que estás mejornando y las cosas van bien pero... hay algo que he dejado atras y a veces echo de menos esa sensación de malestar.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.