sábado, 5 de enero de 2013

Tus flotantes.




Toda mi tristeza cabía
en un aeropuerto acristalado
donde la palabra “salidas”
era un eufemismo más de
 lejos,
cárcel,
ausencia.

El sol daba de golpe contra las cristaleras,
yo veía despegar aviones
mientras pensaba en ti
como queriéndome quedar un poco más
impregnada en tu piel
como tú lo estabas en la mía.
Ya te has ido, poco a poco
de mis manos.
Hay ocasiones en las que
lavarse las manos debería estar prohibido
y penado por ley.
Estoy segura que a tu lado
nadie me multaría,
siempre llevaría las manos sucias de ti.

Huelo mi ropa por si,
de casualidad,
algo de tu olor se ha quedado conmigo.
Recolecto todos los folletos
que no parabas de meter en mi mochila
sonriendo
porque no los pienso tirar
y me hace gracia recordarte
así,
mientras los metías disimuladamente
en cualquier bolsillo.

Ahora vuelvo a estar frente a este ordenador,
después de haber visto el dragón
del que te escribí un día
sin saber muy bien por qué
pero intuyéndolo todo.

Lo único que puedo decir del viaje
es que estoy triste y te echo de menos
en cada paso y en cada calada.
Pienso desde hace unos día
que volver a la cama ya no tiene ningún sentido
así que volveré a habitar sillones.

Justo antes de despegar,
cuando ya no te podía mandar ningún mensaje
se me ocurrió pensar
que hay personas que están hechas para quererse así,
sea de la manera que sea,
que no somos las únicas
y que algo se nos tiene que ocurrir.

Ah, sí,
y que te quiero,
así,
mientras abro los ojos
y veo los tuyos
y todo acaba en un beso-sonrisa.

Nunca he estado más enfadada
con esta isla en mi vida.
Espero que se me pase pronto.

Mientras,
escribiré
como lo hacen los poetas
rabiosos de amor
y tristes de distancia.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.