domingo, 3 de febrero de 2013

Una teoría más sobre la anarquía.

Tuve que convencerme
de que la anarquía no eran sus ojos,
ni su piel selvática-indomable,
ni si quiera su ciudad
que no era ninguna
y era fantasma.

Me convencí de que pisar tierra firme
era hundirme en sus recuerdos
invisibles
y salir a flote
después de muchas miradas perdidas.

Y lo de los polvos de borrachera,
las lágrimas que nunca me permití enseñarle
a nadie
y el verano que está por venir,
donde casi coincidimos
y al final nada.
Todo eso solo fueron razones
sin peso,
fantasmas.

Fregar los platos de la cena
cayendo en la cuenta
de que la anarquía no era su voz
aunque ya no me acordase de ella.
Como todos esos libros sobre teorías
que nadie lleva a cabo
porque se sabe desde el principio
que algo saldrá mal.
Al loco que se le ocurrió
mandar a tomar por culo a la gente,
a ese loco le daría yo una buena paliza.

Tuve que convencerme de que
tenía que convencerme
de que
no quería saber el significado
de la palabra definitivo
ni quería oírsela nombrar a nadie
que no fueras tú,
selvática-indomable.

Por eso me inventé un nombre para ti.
Porque ya hay demasiados libros
que hablan sobre la anarquía,
donde apareces en cada página
y que algún día un loco hará realidad,
ardiendo la ciudad fantasma,
quemando edificios gubernamentales
y políticos ladrones y mentirosos.
Y al final algo saldrá mal,
seguro que algo saldrá mal,
pero el fuego en tus ojos anárquicos de vida,
sonrientes de vida
me dará la razón.

Al menos la del próximo verano.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.