miércoles, 20 de marzo de 2013

19

El día del padre mi madre tuvo que decir adiós al suyo, para siempre.
Ese día yo descubrí que estar triste a veces no tiene por qué ser demostrable.
Hasta después de muerto uno tiene que pagar las consecuencias de no ir contra natura.
Por eso hablo sobre la anarquía de tus huesos (a veces contra los míos, a veces contra el mundo). Dejar aquí algo más que deudas. Algo más que vacíos y ausencias. Y joder siempre que pueda con todo tipo de recuerdos a los que me quisieron toda su vida.
El día del padre mi madre quedó huérfana y yo no aprendí nada.
Nadie me vio llorar cada noche durante semanas en mi cama. Nadie estuvo conmigo cuando escribí que tenía que haber estado más cerca. Sobre mis arrepentimientos. De la muerte no se puede volver. Imbécil.
El día del padre mi madre volvió a entristecer para siempre, sacando de sus entrañas la fuerza y la magia que nadie sabe de dónde le sale.
Desde ese día intento no pensar en una especie de cuenta atrás universal.
Sobre todo quiero tener un padre y una madre y celebrar todos los días que existo porque existen.

Y no dejarse nada para luego. Sentarse en la cama a ser una misma mientras le cuentas el sueño de anoche a tu madre. Decirle "he vuelto" y que te entienda. 

El día del padre no existe. Mi madre se acuerda de él todos los días y aquí nadie lo celebra.
Mi madre cree en la muerte porque la ha visto. Y yo. Aunque no la tocara ni la besara. 

Ella, sin embargo, sí.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.