miércoles, 6 de marzo de 2013

Poema de amor II


Voy a escribirte como si aun estuvieras conmigo,
porque, y sobre todo, no recuerdo cómo era eso,
y quizás así descubra musgo entre los escombros
de la ciudad más húmeda del mundo
o me diagnostique, por fin y tal vez, la peor de las filias,
masturbándome entre la pornografía de tus huesos.

Sea como sea, quiero que el mundo sepa
que si me acordase del todo, describiría
con todo detalle nuestro primer beso,
pero de eso solo recuerdo el suelo
de aquel baño, lleno de charcos,
que te aparté de mí porque aun hoy
sigo sin creérmelo del todo
y te dije que eras preciosa.
Yo, que hay palabras impronunciables
y me cuestan porque me parecen feísimas.
Preee-ssssio-ssssa.
De hecho te pregunté que cómo podías ser tan preciosa
queriendo, tal vez, preguntarte realmente
cómo era posible que fuera a mí
a quien la suerte de tus labios
decidiera hacerme la mujer más feliz
de toda aquella borrachera.
Recuerdo también cómo ibas vestida
y cómo coloqué con cuidado tu sujetador negro,
junto con mis gafas de miope empedernida
sobre el dispensador de papel higiénico
para que no se mojase en el suelo.
-Dicen que antes tenía buenas ideas
cuando bebía-
Recuerdo el mordisco en el cuello, tu pelo, el sudor,
salir de allí a hurtadillas, darte mi número,
acompañarte al tranvía, esperar por mi guagua,
caminar como si el mundo no tuviese sentido
y celebrando cada recuerdo de aquella noche
en la que apareciste como lo hacen las cosas
que igual no tienen mucho sentido,
pero joder,
cómo duelen.

Escribirte como si aun fuera feliz de tenerte
y las parejas en los parques,
los poemas de amor como este
y las canciones de cuatro acordes melosos
aun no me molestasen.
Como si aun fuera aquel indio entre tus piernas,
aquel pirata que solo sabía llegar a un puerto
donde el ron con el que se emborrachaba
tenía tu color de piel, tu color de ojos
y, sobre todo, tu color de coño.
Escribirte como si ya no dolieses
porque nunca hubo motivos suficientes
para sentirse mal a tu lado,
sabiendo que tres horas con el miedo a volar
agarrándose a mi yugular
eran justas y necesarias.

Voy a escribirte como si aun te quisiese
porque esto es lo que sucede.
Que no recuerdo cómo era la vida
al otro lado del teléfono
pero la echo de menos.
Lo voy a hacer porque de alguna manera
me hace sentir en paz,
como en casa,
haber compartido cama, caricias,
y escamas.
Toda esta soledad de la que hablan
algunos poetas,
era lo que te dedicabas a curarme
cuando me conociste.

Y puede que no lo recuerde,
pero tus labios sabían a tabaco
y eran comestibles
y por primera vez me sentí
el vaquero con el lazo y no el indio trepa tejados
atrapando a la india galopante,
elástica,
y diminuta
de la que, ¡mierda!,
me enamoré
y aun hoy intento levantar cabeza.

Es difícil encontrar tus bragas
a tantos kilómetros de distancia
de tus faldas
pero yo lo sigo intentando
con este terrible dolor de cuello,
me explico,
lo de levantar cabeza era literal,
como el color del ron del pirata
que aun sigue anclado a tus piernas,
digo,
puertos.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.