lunes, 15 de abril de 2013

Desnudas y borrachas.


Si fuerzo un poco la imaginación
tú aun estás en la azotea,
junto al sol y el lejano bullicio de las calles.
Yo sigo sin comprender cómo
esa ciudad puede estar tan al lado del mar,
con sus gaviotas
y tus alas
y el sol que sigue aguantando
el pulso a tu piel.
Éramos invencibles incluso
hasta para el reloj.
Viajamos para encontrarnos
como dos desconocidos, en un tren,
que cruzan miradas con sonrisas
hasta la próxima parada.
Éramos el niño de cinco años,
inquieto y juguetón,
capaz de revolucionar
cualquier sala de espera.
Nos comimos la valentía con las manos
y mordimos el hueso
y arrancamos la carne.
Después de devorarnos
nos quedamos sin postre
y lloramos borrachas y desnudas
sobre los restos
del festival de amor
que habíamos montado.

Desnudas y borrachas,
nadie se atrevió a llamar.
Prohibimos el amor
por si acaso
no sé qué de unos daños.
Y me asfixiaba el amor sobrante
contra la almohada.
Ya no éramos el niño inquieto
en una sala de espera.
Nos convertimos en el octogenario
viejo a punto de morir.
Firmamos sobre nuestros propios
ataúdes
que no queríamos reanimación
en caso de paro cardíaco,
moldeando las premoniciones
con nuestras huesudas y manchadas
manos.

Volvimos a viajar como
dos desconocidos en un tren
pero esta vez en vagones diferentes.

Tuve que defender
aquel festival de amor
hasta por encima de mis propias
convicciones.
Traté de retenerte en mi memoria,
guapa, lúcida.
Desnuda y borracha.
De la manera en la que te había conocido.
Como dos estúpidos desconocidos,
intercambiando besos
en los baños de una estación de tren,
celebrando la navidad durante todos los meses,
revolucionando todas las salas de espera
sin enterarnos que alguien allí se moría.

No éramos nosotras.

Sobrevivimos a la resaca
del mayor festival de amor
jamás celebrado,
aunque aun sigamos prohibiéndonos
de él,
por si acaso.

Salí de allí huyendo
porque no entendía a aquel mar de plástico,
ni a una ciudad traga-personas,
sin entender que la que engullía allí
eras tú,
ganándole el pulso al sol,
conmigo
o sin mí.

1 comentario:

Sílvia dijo...

una ciudad traga-personas
o escupe-personas.


Me gustó descubrirte :)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.