martes, 23 de abril de 2013

El último piso


Hablaste de guerras siendo consciente
de las que se libraban en tu propia
garganta.
Vieron tu voz revolcarse en charcos de barro
mientras la gente se drogaba.
La música no paraba de sonar, bailabas
o te asfixiabas. No sé.
Nunca conseguiste tirarte desde el último piso
porque decías que tus palabras
no eran suficiente paracaídas
para semejantes alturas.
Dijiste: soy cobarde
y lo llevaste hasta sus últimas consecuencias.
Dijiste: no pasa nada
y lo perdiste todo.
Prostituiste a la Poesía
porque necesitabas alimentarte
hasta reventar.
Usaste cada una de tus palabras
como un viaje a Hawaii
y desapareciste sonriente
entre la selva: eras libre.

Necesitaste al amor
como quien se engancha
a la cocaína.
La felicidad, entonces, se convirtió
en uno de esos centros de desintoxicación
para famosos.
Te convertiste en una ex-consumidora
perdiendo la causa y la razón.
Volvimos al origen.

La Poesía ya no era lo mismo,
tus venas se recuperaban rápidamente
y cuando viste la oportunidad
quisiste probar cosas nuevas.
La tecnología,
el diseño.

Me cago en las putas mujeres.
Ellas me han matado
y cada vez estoy más muerta.
Apesta mi cuerpo, descomponiéndose
sobre poemas poco más que
eyaculados.
Convertí mi dolor en regocijo
y ahora es imposible creerme
cuando digo que estoy mal.

Mi voz bailaba en charcos de barro
a las ocho de la mañana
mientras pupilas dilatadas,
gente vomitado,
coches llenos de condones y sexo
daban la razón al consumo
descontrolado de
estupefacientes.

Nadie era libre
pero sin embargo
saltamos desde el último piso
sin pensar en las consecuencias.

Hasta el próximo poema, dijiste.

Luego saltaste, haciéndote más y más pequeña.
Más y más añicos.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.