viernes, 31 de mayo de 2013

Piaget era un farsante.

El tiempo existe pero porque somos
imbéciles dispuestas a envejecer
a toda costa
y no pensamos que quizás nos lo hayan impuesto,
Piaget y su puta madre,
cuándo aprender a hablar,
caminar, correr,
huir.
Ericsson y sus enormes cojones
diciéndonos cuándo entrar en la escuela,
cuándo a vivir la vida,
nadie es capaz de enseñarte cuándo
ni dónde,
ni sobre todo, por qué.

Aprender a aprender
a aprender que nadie te va a enseñar
más que una hostia bien dada.
Que las veces que he aprendido
algo importante fue porque
dolió, quemó o sangró.
Aun habiendo visto hostias considerables,
costras que picaban como un mosquito hijodeputa
una noche de verano cualquiera.
Ni viendo los dientes de otros,
la sangre, los huesos de otros,
me dejé engañar.
Yo también quería aprender a aprender
a aprender que nadie más que yo me iba a enseñar.

E involucionar,
nacer siendo seres educados,
todos sentados en nuestros sitios,
con nuestros uniformes
y crecer luego,
pero pasando un culo de lo que dijera Piaget
aunque nos jodiera,
creer de verdad que las palabrotas
se convertían en bichos en nuestras bocas.
Y a mí me la pela, me la come, me la suda.
Aprender que los bichos no se pueden tragar
y las palabras que mejor suenan en nuestras bocas
son las que nos castigaron contra el ventanal,
mirando como educaban a la siguiente generación
de violadores, asesinos, poetas, banqueros, peones
pero nunca a ningún pirata.

Mi mundo interior son todos ustedes
y yo.
La psicología también tiene muchas cosas
que decir al respecto,
pero me la vuelve a comer, sudar, pelar.
El mejor verbo que aprendí
con la televisión fue follar
y desde entonces no he dejado de practicar.

Quiero todas tus vísceras aquí también,
que no se me escape nada,
aprender a aprender a aprender
que si quiero con locura es porque hay cosas
que me vuelven loca ¿no?
Igual lo que necesitaba era ensuciarte
y ensuciarme para pringar mejor todo.
Estuve meses pensando
que nunca me había pasado algo así,
me cago en la puta,
es difícil sorprenderse después
de haberme caído tantas veces,
pero es que eras el puto techo más alto al que había escalado,
normal que el dolor fuera proporcional
a la incredulidad
y a unos doscientos huesos rotos,
más o menos.

Lo que quiero decir es que
Piaget no tenía ni puta idea
de cuándo se empieza a aprender
a aprender
a aprender
a todo.

Yo, ahora mismo, por ejemplo
he aprendido a hablar,
caminar,
correr,
pero nunca, nunca
a huir.

Nunca, nunca
fijarme en las caídas ajenas.
Siempre, siempre,
escalar hasta el techo más alto que exista.


Tú.

lunes, 27 de mayo de 2013

Elijo enfermedad.

Me río de la muerte
y del frío
y de la tristeza.
Me río en la puta cara
de la distancia
porque no existe.

Se tarda tiempo en comprender
que es peor el remedio
que la enfermedad.
Una enfermedad come relojes,
calendarios,
desiertos de arena
y muchas otras cuestiones ásperas
y dolorosas.

Me río en la cara
del próximo verano,
del calor, también,
de culminar borracheras
en el baño de cualquier discoteca.

Todo el mundo dice,
esas cosas hay que saber controlarlas,
no dejarse llevar,
mente fría
y una puta mierda.
Si no has navegado entre su sudor
ni has sentido como cabalgaba
crujiendo todos tus huesos
contra una cama,
una pared,
no me hables de controlar
porque ella es fiebre
y derrite
cualquier piel que se proponga.

Yo he visto el fuego de sus hogueras
quemando los relojes de arena
que nunca más nos atarán
y he visto la felicidad condensarse
y
confeccionarse
a medida
entre nuestras bocas.

Sedientas bocas enfermas.
Nunca más un remedio.


Prefiero esta enfermedad.

lunes, 20 de mayo de 2013

Sobre la terquedad.

Te has empeñado en ser
la más guapa de las casualidades.
Tanto, que es imposible no mirarte
cuando ni siquiera has llegado.

He construido aviones imaginarios
para ti
durante meses y meses
esperando que quisieras rescatarme
de alguna manera,
rescatándote.

Nunca te expliqué que en esta isla
uno solo puede ser náufrago.
A veces de su propio destino,
o a veces esta condición solo nos
puede salvar la vida.

Yo quería un mundo entero
lleno de miedos que superar
y tú te has empeñado en ser
el salto al vacío más acojonante
al que me he tenido que enfrentar.

Prometí no dejar nunca
mi felicidad en manos de ninguna mujer
pero tú,
la más guapa de todas las casualidades,
me convenciste
de que si querías podías ser el límite de todo
y joderme los esquemas
y ver en todos los rostros del mundo el tuyo
pero sin ser tú.

Fuiste el desastre cuando
dejaste de estar a mi lado.
Digo esto, porque conseguí
destruir todo de mí sin llegar a sentir pena
o rabia.
Simplemente había aceptado
que no iba a encontrar nada igual
tirándome a la mar,
rescatando los restos del naufragio,
preparando mi tumba en forma de balsa.

No había bestias,
ni temporales,
ni soledades suficientes
que me convencieran
de lo contrario
y todo porque te habías empeñado
en ser la más guapa de todas
las casualidades.
Me aferré a la idea
de esperar a uno de esos giros
inesperados
de los que todo el mundo habla
cuando siente que la vida ha sido
tremendamente injusta con uno mismo.
Lo único que hacía era esperar
mientras tú te empeñabas en, no solo
ser la más guapa de todas
las jodidas casualidades de mi vida,
sino en convencerme de toda la felicidad
que eras capaz de darme
y arrebatarme
sin ni siquiera darte cuenta de ello.

Creo que tuvieron que mostrarnos el camino
hacia el naufragio
más de una vez,
haciendo caso solo cuando
los imposibles se pusieron,
por fin,
de nuestra parte.

Aun hay bestias,
temporales
y soledades
esperando nuestra balsa.
No pienso morir en mitad del mar.

Luego entendí
que en esta isla uno solo puede ser
náufrago
si no tiene a su lado
el tesoro que le convierte en pirata.

Entonces tú, empeñada en ser
la casualidad más guapa con la que me
he tropezado nunca,
pareces brillar como la cola de las sirenas,
vuelve a oler a ron,
y en el mapa del tesoro ya
empiezan a dibujarse cruces rojas
por todo tu cuerpo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Algo parecido a


Me he convertido en los caballos de tus pupilas.
Quiero que vengas
y levantar una nube de polvo marrón
por todo tu cuerpo.

Que no nos vean haciéndonos el amor
porque les dolerá.
-Puede que hable de envidia-

Ya no diferencio entre
el castigo
y la recompensa.
Eres todas mis vueltas a casa.
-Puede que hable de hogares-

Absorbes todo puto resquicio de infelicidad
con esa sonrisa tuya
de haber vivido de todo
y aun así seguir creyendo
en el amor a primera copa.

Te quiero porque no había más remedio.
Cuando tienes la certeza de algo
durante mucho tiempo,
de la misma manera intensa,
debe significar que no nos equivocábamos.
Al contrario.

Te prometo que dejaré
que destruyas todas mis murallas.
Necesito que construyas
un nuevo castillo
sin fantasmas.
-Puede que hable de asedios-

viernes, 10 de mayo de 2013

Origen.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Ser gilipollas, parte primera.

Hago mi vida como cualquier otra persona.
Me despierto, desayuno, hago ejercicio, voy a la universidad, no estudio un carajo, quedo con amigos, bebo cerveza, escucho música, odio irracionalmente a casi todas las personas.
Como puedes ver, llevo una vida completamente normal.

Pero en el transcurso de ésta, siempre hay algo que me recuerda que tengo una vida pendiente
entre tus piernas y tu boca.
Una vida completamente normal. Me despierto, desayuno, hago ejercicio, voy a la universidad, no estudio un carajo, quedo con amigos, bebo cerveza, escucho música, odio irracionalmente a casi todas las personas.
Y sin embargo, entre tus piernas y tu boca y tu voz, nada parece ser normal.

Todo lo contrario: parece que llevase una vida excepcional. 

jueves, 2 de mayo de 2013

Terminal

Mi piel era transparente, precisamente,
para no tener que ensuciarte con mi voz.
Recuerdo que quisiste revolcarte
entre mis ruinas y yo solo dejé que vieras
mis enormes, grises y calladas
murallas desde fuera.
Andábamos por las calles
en silencio de no estropear
lo normal.
Nadie nos vio siendo bonitas,
ni pagamos por fotografiarnos
para siempre
en un beso.
Fuimos fugaces bolas de fuego
impactando contra superficies diferentes.
Éramos dos guerras en
continentes distintos.
Tú te liberabas a ti misma
mientras yo me sepultaba
entre deseos y silencios
y
espacios.

Era transparente o eso pensaba yo.
No supiste arrancarme la piel de serpiente,
destriparme,
o mucho mejor,
devorarme,
aun habiéndote dado las instrucciones antes.
No seré yo quien te diga.
No seré yo quien empiece.
No seré yo porque no tengo ni puta idea de nada
contigo.

Nos amamos rápido antes de consumirnos,
nos convertimos en cerillas humanas
buscando el gas,
queriendo ser la luz,
pero aquello solo era un cigarro.

Y eso duramos.

Lo que yo no sabía
es que aquellas caladas iban
a convertirse luego
en cáncer.
El negro pulmón vestía todas las noches
en las que me olvidaba de ti,
pero eras la tos y la asfixia de casa día de mi vida.

Como todos los enfermos,
confío en la cura.

¿Confiará la cura en nosotros?

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.