lunes, 20 de mayo de 2013

Sobre la terquedad.

Te has empeñado en ser
la más guapa de las casualidades.
Tanto, que es imposible no mirarte
cuando ni siquiera has llegado.

He construido aviones imaginarios
para ti
durante meses y meses
esperando que quisieras rescatarme
de alguna manera,
rescatándote.

Nunca te expliqué que en esta isla
uno solo puede ser náufrago.
A veces de su propio destino,
o a veces esta condición solo nos
puede salvar la vida.

Yo quería un mundo entero
lleno de miedos que superar
y tú te has empeñado en ser
el salto al vacío más acojonante
al que me he tenido que enfrentar.

Prometí no dejar nunca
mi felicidad en manos de ninguna mujer
pero tú,
la más guapa de todas las casualidades,
me convenciste
de que si querías podías ser el límite de todo
y joderme los esquemas
y ver en todos los rostros del mundo el tuyo
pero sin ser tú.

Fuiste el desastre cuando
dejaste de estar a mi lado.
Digo esto, porque conseguí
destruir todo de mí sin llegar a sentir pena
o rabia.
Simplemente había aceptado
que no iba a encontrar nada igual
tirándome a la mar,
rescatando los restos del naufragio,
preparando mi tumba en forma de balsa.

No había bestias,
ni temporales,
ni soledades suficientes
que me convencieran
de lo contrario
y todo porque te habías empeñado
en ser la más guapa de todas
las casualidades.
Me aferré a la idea
de esperar a uno de esos giros
inesperados
de los que todo el mundo habla
cuando siente que la vida ha sido
tremendamente injusta con uno mismo.
Lo único que hacía era esperar
mientras tú te empeñabas en, no solo
ser la más guapa de todas
las jodidas casualidades de mi vida,
sino en convencerme de toda la felicidad
que eras capaz de darme
y arrebatarme
sin ni siquiera darte cuenta de ello.

Creo que tuvieron que mostrarnos el camino
hacia el naufragio
más de una vez,
haciendo caso solo cuando
los imposibles se pusieron,
por fin,
de nuestra parte.

Aun hay bestias,
temporales
y soledades
esperando nuestra balsa.
No pienso morir en mitad del mar.

Luego entendí
que en esta isla uno solo puede ser
náufrago
si no tiene a su lado
el tesoro que le convierte en pirata.

Entonces tú, empeñada en ser
la casualidad más guapa con la que me
he tropezado nunca,
pareces brillar como la cola de las sirenas,
vuelve a oler a ron,
y en el mapa del tesoro ya
empiezan a dibujarse cruces rojas
por todo tu cuerpo.

2 comentarios:

ayopiensaveces dijo...

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Me he puesto al día de golpe. Este en especial, me ha gustado mucho :)

Ana! dijo...

Siempre es un placer que me leas.
Un saludo y gracias por pasarte =)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.