jueves, 2 de mayo de 2013

Terminal

Mi piel era transparente, precisamente,
para no tener que ensuciarte con mi voz.
Recuerdo que quisiste revolcarte
entre mis ruinas y yo solo dejé que vieras
mis enormes, grises y calladas
murallas desde fuera.
Andábamos por las calles
en silencio de no estropear
lo normal.
Nadie nos vio siendo bonitas,
ni pagamos por fotografiarnos
para siempre
en un beso.
Fuimos fugaces bolas de fuego
impactando contra superficies diferentes.
Éramos dos guerras en
continentes distintos.
Tú te liberabas a ti misma
mientras yo me sepultaba
entre deseos y silencios
y
espacios.

Era transparente o eso pensaba yo.
No supiste arrancarme la piel de serpiente,
destriparme,
o mucho mejor,
devorarme,
aun habiéndote dado las instrucciones antes.
No seré yo quien te diga.
No seré yo quien empiece.
No seré yo porque no tengo ni puta idea de nada
contigo.

Nos amamos rápido antes de consumirnos,
nos convertimos en cerillas humanas
buscando el gas,
queriendo ser la luz,
pero aquello solo era un cigarro.

Y eso duramos.

Lo que yo no sabía
es que aquellas caladas iban
a convertirse luego
en cáncer.
El negro pulmón vestía todas las noches
en las que me olvidaba de ti,
pero eras la tos y la asfixia de casa día de mi vida.

Como todos los enfermos,
confío en la cura.

¿Confiará la cura en nosotros?

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.