miércoles, 19 de junio de 2013

La poesía es venganza

He visto mi vida pasar
alrededor de todo su cuello,
como si fuera la muerte,
el lazo donde amarro el intento
de suicidio de mi lengua,
cada puta noche,
sin tregua.

Me vi reflejada en su saliva
como a la humanidad que llevo dentro
de mis entrañas aunque ni siquiera la soporte,
y era brillante como el amor
sobre toda su piel terráquea,
sobre toda su almidonada piel
de animal salvaje.

He dormido entre sus respiraciones
mientras especulaba sobre
cada uno de sus latidos.
Me acurruqué dentro de todos los ventrículos
de su corazón hasta llegar a su cerebro
y con las manos llenas de sangre
marqué mi primera cruz:
bien roja y bien grande.

Estaba pringada
de todo el tesoro pirata.
Cada vez que hundía mi cabeza
entre sus piernas
sentía cómo la humanidad
que vivía entre mis vísceras
desaparecía por el sumidero
y era capaz de verter,
brillante,
todo el amor que se anudaba a su cuello,
como el principio de todos los
intentos
estúpidos,
de suicidio
de mi lengua.

El problema es que me he cansado
de no parar de hablar
que detesto a toda esa humanidad
de la que estoy repleta
porque soy incapaz de crear un retrete
digno, por el que mandarla a tomar por culo.


Así fue como descubrí
que mi poesía no es más que
una venganza
por cada polvo que nos quita la vida
de entre las manos.

martes, 18 de junio de 2013

Sucedáneos.

Últimamente todo es un sucedáneo.
Estoy en la cama durmiendo de mentira,
soñando de mentira
en una isla de mentira.
Cada mordisco que doy a la comida
sabe a comida de mentira
y todo el oxígeno que mis pulmones
transforma en dióxido de carbono
es
mentira.

Pero tú,
que estás tan lejos,
que no te puedo tocar,
ni dormir contigo,
ni mordisquear como un perro
a su hueso preferido,
tú eres lo más real que he experimentado,
vivido,
soñado,
jamás.

Y yo qué sé.

A estas alturas de la vida,
nada,
como de costumbre,
tiene ya mucho sentido.
Del gusto, del tacto, del olfato.
Se trata de comprender lo antes posible
que cualquier cosa que no hayas tocado,
mordido,
besado, odiado, mirado
o
cualquier otro verbo,
es un puto sucedáneo
que parece real
pero no.

Nada me hace más feliz
que saber lo mucho que me has mirado,
besado, mordido, tocado, odiado
y cualquier otro verbo.
Aunque la vida se resuma
en vivir rodeada de sucedáneos
mientras el mundo ejecuta su plan perfecto.
El mismo que un día me convirtió
en la persona real que soy ahora,
aquí,
escribiendo que estas letras son un sucedáneo
barato
de amor,
o lo que sea.

Hasta que las leas.
Entonces sí.
Toda la poesía será real
y bailará en tus pupilas y por tu lengua.

Nada que me haga más feliz
que fabricar sucedáneos
que vayan a acabar en tu estómago
y por las tripas de tu
cerebro.

lunes, 17 de junio de 2013

Escapar del bucle.

Necesito escribir, en serio.
Necesito escribir sobre todas las cosas
de este mundo, pero no puedo.

Hay una mujer que se dedica
a robar cada una de mis palabras
y convertirlas en
kilómetros de mierda,
llamadas a las tantas de la madrugada,
borracheras con la mirada fija
en una sola cosa:
el holograma de su cuerpo
bailando en mitad de una pista de baile
que ni es pista, ni es baile, ni es nada.

Necesito a esa mujer, en serio.
Necesito a esa mujer por encima
de todas las cosas de este mundo,
y puedo.

Cada mañana me prepara un desayuno
de miedos e incertidumbres
y me obliga a tragármelo.
Que no haya lugar a dudas,
ella dice
que no haya ni un solo hueco por el que
pueda escaparme
y vomitar
y tener esa resaca infernal de
“me cago en la puta, y si algo sale mal”.

Así es como he encontrado el término medio
entre las dos cosas que más necesito en el mundo.

Escribir que tengo miedo,
que me muero de miedo.

Pero ella siempre dice,
no puedes dudar en esto
y yo no soy capaz de mirar a la
pantalla
que nos atrapa cada noche
en desayunos en mal estado.
No puedes dudar en esto
y yo digo
ya lo sé,
pero.

Pero nada.

domingo, 9 de junio de 2013

In albis

Ojalá te pudieses pringar de todos mis miedos.
Necesito unos pulmones como los tuyos
que me calmen cuando desapareces de esta pantalla
y soy incapaz de reaccionar.
Unos ojos como esos
de los que beber café todas las mañanas
cuando no me quiera despertar
aun
de tu cuerpo.
Unas sábanas que nos conozcan
de toda la vida.
He ahuyentado a todas mis resacas
con tus dientes mordiéndome
hasta sangrar.
Prefiero no darme cuenta
de que a veces la tristeza entra
por la puerta de atrás,
justo cuando te vas a dormir,
y me atrapa.

Pero somos transoceánicas.

He mandado a la mierda
muchas veces
todos mis principios
porque tú siempre serás la primera.
Quiero ensuciarme de ti,
limpiarme en ti,
escribir sobre ti este papel en blanco.
Verte tan desnuda que
a penas haya lugar
para la duda.
Acostumbrarme al futuro,
agazapada en tu respiración.
Demostrarte mi miedo a volar,
juntas.

Y no dejar nunca
que la distancia se crea la protagonista,
cuando cuelgas y yo sigo ahí
mirando una pantalla
que te traga como si fuera un sumidero.
Ojalá me pudiese pringar de todos mis miedos
y limpiarme en ti
a base de hojas en blanco.

La poesía se escribe en tu piel
o no se escribe.

Y eso parece que pasa.
Que en tu piel o en ningún lugar.

miércoles, 5 de junio de 2013

MEVOY.

Hay varias cosas que nunca entenderé del todo en la vida:

- Fundamentos de metodología III
- La física, me da igual si es cuántica o no.
- La mecánica en general.

Y cómo eres tan, pero que tan, tan, tan jodidamente guapa.

martes, 4 de junio de 2013

Sobre la abdicación


Voy a arrancarte toda la piel y ponerla al sol.
Durante treinta días y treinta noches,
tu piel permanecerá a la intemperie,
luchando contra los rayos ultravioletas,
el viento, el frío,
y el salitre que todos los de por aquí
parece que tenemos entre las venas.

Voy a ver cómo te secas día tras día,
espantaré a los pájaros que intenten picotear
entre tus tejidos,
no dejaré que ningún gato se
pase la tarde relamiéndose sobre ti.
Yo seré esos pájaros y esos gatos
y hurgaré en ti y arañaré tu piel
con mis uñas.

Quiero cada trozo de vida
que pueda atrapar,
y secarlo.
No quiero que te vayas jamás.

Después de esos treinta días y esas treinta noches,
te agarraré por la cintura,
e intentaré ajustarte a mí.
Todo tu pellejo estirándose,
volviéndose casi transparente.
Repito una y otra vez,
no quiero que te vayas jamás
y eso hago,
tenerte conmigo para siempre.

El problema es que me gustas viva
y me gustas con esa piel tan hidratada que tienes
y el color y la forma de tus labios
y la forma en la que tus ojos me miran.
Me miran a mí. Así.
Y me gusta emborracharme contigo,
beber tanto que al final no sepa
de quién bebo,
si de la botella o de ti.

De todo tu cuerpo.

El problema es que me gustas
más viva que nunca,
imaginarte derritiéndote sobre mí,
imaginarte, porque es lo único que puedo hacer,
abierta en canal
en forma de salto al vacío
y yo al borde,
cagada de miedo
pero sin contemplar la idea
de echarme atrás.

Eres el puto camino recto,
sin final,
en mitad del desierto,
más apetecible que he visto en mi vida.
Y quiero que todos mis accidentes
mortales sean
entre tus piernas.

El problema
es que para todo eso
solo tengo que dejar que sea mi poesía
la que se seque durante treinta días y treinta noches,
y no tu piel de animal salvaje.

Voy a arrancar,
entonces,
toda la poesía
de mí.
La estiraré y la dejaré secándose,
inerte y deshidratada,
durante treinta días y treinta noches.

Te prefiero viva
y te prefiero a ti


siempre.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.