martes, 18 de junio de 2013

Sucedáneos.

Últimamente todo es un sucedáneo.
Estoy en la cama durmiendo de mentira,
soñando de mentira
en una isla de mentira.
Cada mordisco que doy a la comida
sabe a comida de mentira
y todo el oxígeno que mis pulmones
transforma en dióxido de carbono
es
mentira.

Pero tú,
que estás tan lejos,
que no te puedo tocar,
ni dormir contigo,
ni mordisquear como un perro
a su hueso preferido,
tú eres lo más real que he experimentado,
vivido,
soñado,
jamás.

Y yo qué sé.

A estas alturas de la vida,
nada,
como de costumbre,
tiene ya mucho sentido.
Del gusto, del tacto, del olfato.
Se trata de comprender lo antes posible
que cualquier cosa que no hayas tocado,
mordido,
besado, odiado, mirado
o
cualquier otro verbo,
es un puto sucedáneo
que parece real
pero no.

Nada me hace más feliz
que saber lo mucho que me has mirado,
besado, mordido, tocado, odiado
y cualquier otro verbo.
Aunque la vida se resuma
en vivir rodeada de sucedáneos
mientras el mundo ejecuta su plan perfecto.
El mismo que un día me convirtió
en la persona real que soy ahora,
aquí,
escribiendo que estas letras son un sucedáneo
barato
de amor,
o lo que sea.

Hasta que las leas.
Entonces sí.
Toda la poesía será real
y bailará en tus pupilas y por tu lengua.

Nada que me haga más feliz
que fabricar sucedáneos
que vayan a acabar en tu estómago
y por las tripas de tu
cerebro.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.