miércoles, 21 de agosto de 2013

De blablablá

No es un poema de amor lo que necesitamos.
Ni uno iracundo dispuesto a destriparnos
a la primera de cambio.
No es necesario un lugar que nos recuerde
siempre
tal como éramos.

No quiero que tu piel blablablá,
ni tus piernas de gacela haciendo
doble salto mortal
a otra isla que no es la mía.
Ni quiero que seas la única puta razón
por la que me siento incapaz de sentir
nada.

Y cuando digo nada, es eso mismo.
No es un cabreo, ni una perreta,
ni siquiera siento despecho;
solo un enorme vacío,
como si un ser divino
hubiese dejado todo lo que estaba haciendo
en ese momento
(ver morir niños en África, probablemente)
y con una cuchara me hubiera vaciado
de cualquier resquicio de sensiblería
que hubiese quedado en mí después
del nubarrón de ti
que me ha pasado por encima.

Lo que quiero es una vida
después del desastre
que todos han presenciado
menos tú.
Quiero una casita a las afueras
de mi raciocinio
para poder decir que por lo menos
había algo que sí que se me daba bien contigo:
volverme loca.
Quiero respuestas
a todas las preguntas con las
que fabrico
mi Gran Muralla China.

Lo mejor de todo,
es que hoy no estoy enfadada con el mundo,
ni contigo, ni sin ti,
ni siquiera conmigo
(a pesar de los pesares).
No siento rabia, ni odio,
ni ganas de olvidarte.

Pero tu piel blablablá
y tus piernas de gacela
con sus dobles saltos mortales,
todavía me hacen sonreír.

-Y puede que eso sí que me de un poco de rabia-

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