lunes, 16 de septiembre de 2013

Guía de supervivencia.


Sus ojos eran brillantes
como el llanto de un recién nacido.
Eran como el futuro.
El bosque.
El oso.
Sus ojos eran atrapasueños,
agujeros negros,
podía sentir cómo me tragaban.
Eran una garganta,
alguien gritando en mitad del océano.
Eran el barco,
eran el naufragio,
eran la orilla,
podía notar como seguía con vida,
respiraba.

Sus ojos eran lobos hambrientos
desgarrando la carne,
esparciendo mis entrañas
cerca del río.
Eran las profundidades,
las bestias marinas,
el miedo a nadar.
Eran como lanzarse al vacío,
como perderse en el desierto,
el espejismo,
el instinto de supervivencia,
eran el dolor,
podía sentirlo.

Sus ojos eran flechas.
Yo ni siquiera llegaba a indio.
Eran la montaña,
la cima,
el silencio.
Eran la droga, el alcohol, el sexo.
Eran la música, el sonido del mar,
cerca,
la vida,
cerca.
Sus ojos eran el depredador,
el aliento detrás de la nuca,
eran correr a toda hostia,
tropezar con las ramas,
eran perder.
Eran ojos de fiera,
ojos salvajes,
indomables.

Sus ojos eran el robo a mano armada
más perfecto que he visto jamás.
Eran la huida,
el refugio,
el arma,
la bala,
el fuego.
Su descubrimiento.
Eran las alas,
dejarse llevar por la corriente,
flotar mirando el cielo
mientras tus oídos siguen sumergidos
bajo el agua.
Podía sentir el miedo.
Aprendí a nadar.

Sus ojos eran el caimán,
la gacela,
la ley de la selva.
Ojos de león,
de pantera,
de animal.
No tenían miedo,
prometían cosas
aunque no vieran el futuro.
Eran un bebé ciego,
la oscuridad,
el estómago encogido,
un funeral.
Eran árboles,
madera,
lápices, papel,
ideas.

Eran listos como nadie,
rápidos como ninguno.
Eran suyos
y algunas veces,
sumergida en el miedo,
corriendo detrás del mayor depredador
que haya existido,
en mitad de un naufragio,
en mitad de un desierto,
en mitad de un polvo,
en mitad de la nada,
también eran míos.

Y podía ver el futuro,
y era un animal
tan espectacular
como el que ella lleva dentro.

Quisiera por un momento
hibernar en su vientre,
en su pecho,
como una madriguera,
y ver al despertar
sus enormes ojos de animal salvaje,
y no tener miedo.

Había aprendido a nadar.

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