viernes, 20 de septiembre de 2013

Ni puta idea pero


Primero era necesario un fondo
para que se te desmenuzaran bien los sesos
en la caída.
Luego hubo un nombre, o dos
que pasaron por delante de tu vida
como si fuera la muerte.
Los conjuraste como si creyeses que tu dios
tendría un infierno para la gente como tú.
Aprendiste que la soledad apropiada
era la que solo tú eras capaz de imponerte.
Últimamente no creías que nadie pudiera
sacarte del pozo.
Ese sitio estaba bien.
No querías salir.

El dolor ajeno parecía tan lejano
que casi podías reírte de todos.
Volar era la forma más precisa de dejar de escuchar
la mierda que se derramaba de sus bocas.
El infierno te estaba esperando,
tu dios tenía los brazos abiertos y sonreía:
era agradable aquella bienvenida.

Los días caían como pesadas gotas de lluvia,
la vida se había convertido
en una enorme gorda sebosa
que no dejaba sitio a los demás para sentarse
en el avión.
A ti no te importaba en absoluto
sentarte por la parte del pasillo,
aunque la gente no parase de pedirte
que los dejases pasar.
La muerte llega por igual a precavidos
e incautos,
pero por si acaso,
el pasillo estaba bien,
la gente te daba bastante igual.
Lo que no soportabas
era una manada de imbéciles mirando
por sus ventanillas
sin saber que aquello que se veía era
el dragón que algún día
te llevaría lejos de aquí.
Lo sabías, porque no lo volverías a ver más.

Lo único que querías era caer del todo,
elegir entre descansar un rato mientras
todo se llenaba de sangre
o escalar de nuevo hasta ver la civilización
y encima
alegrarte por ello.
No te conviertas nunca en la gilipollas
que echa de menos como quien respira.
No seas la imbécil que necesita tregua
durante la guerra.
Y si vas a luchar,
procura gastar todos los cartuchos
antes de
abrazar a tu dios en el infierno
o
elegir pasillo la próxima vez
que te vayas de aquí.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.