lunes, 28 de octubre de 2013

Caleidoscopio



La mejor manera de vengarse
de la tristeza
era besarla en los ojos,
construyéndole caleidoscopios
brillantes en mitad de la noche.
Aunque nadie estuviera triste allí
y ver llover fuera más una manera de
libertad
que de cárcel.

Me sigo preguntando,
a estas alturas,
por qué no he aprendido aun
a estirar el tiempo
como si fuera chicle
y lo que hago es masticarme
compulsivamente
en mitad de un colchón inmenso,
una balsa.

El plan es encontrarme contigo
en cada poema,
cada libro.
Besarte los ojos
en todas las pausas,
aprender a leer,
proyectar la voz,
que me oigan bien los peces.
Ser el breve instante de luz
en el que tus ojos no se acostumbran
al mundo
pero pueden ver una sonrisa kilométrica
abriendo las ventanas del invierno.

No puedo dejar de ser una persona triste
pero puedo sentirme terriblemente feliz
y flotar.
Esto no deja de ser una balsa,
leo para un millón de peces.

Por fin,
consigo acostumbrar mis ojos a la luz,
de pronto las formas caleidoscópicas
están entre nosotras,
tus ojos son enormes y brillantes,
y ya no necesito vengarme de la tristeza.

Tu sonrisa kilométrica abre todas las ventanas
del invierno,
somos el vaho de los cristales,
el mundo también es una isla,
te llevo conmigo en cada espejo,
en cada crujir de huesos.


Mil huesos.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.