martes, 15 de octubre de 2013

Lycra.

Resbalaba porque era como el universo. Negro. Y daba miedo. Pero siempre es necesario encontrar el origen de las cosas. Cuando llegué a casa todo había cambiado. El universo y yo. La colcha de mi cama ya no era la misma, las teclas de mi ordenador, mi móvil. Todo parecía igual pero algo había cambiado.
A eso me refiero. La intención, la capacidad que tengas de dejarlo pasar, o aferrarte aunque sepas que resbalarás. Porque era negro. Y daba miedo.
Aquel día todo parecía estar más cerca, ser más real, y al mismo tiempo, tuve que aprender el problema de las distancias medidas en kilómetros luz.
Resbalaba porque podía hacerlo. Era el infinito aunque pudiera ver cómo se terminaba. La luz al final del túnel era el suelo que pisaba, el frío, las escaleras, las paredes, el amarillo, el naranja.

Llegas a casa y todo es distinto porque te preguntas qué se debe sentir ahí fuera. En lo desconocido. Cómo debe hacer la gente que lo consigue. ¿Nadan, corren, caminan?

Lo único que sé es que es difícil mantenerse en pie. Resbala. Es negro. Da miedo. Quiero saber más. Qué animales habitarán en sus profundidades, ¿Rugirán?.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.