viernes, 4 de octubre de 2013

Olvida los buitres, tú eras un dragón.

Me enseñaron los mapas de civilizaciones
destruidas por el tiempo y el hombre.
Vi todos aquellos territorios conquistados,
pude imaginar ríos de sangre,
mujeres asustadas,
críos llorando,
soldados mutilados,
de vuelta a un hogar que ya no existía.
Me enseñaron fechas,
lugares,
motivos,
causantes.
Vi filas de personas desnutridas,
gente rica riendo con sus copas en la mano,
nadie creería que estarían tan sucios por dentro,
¿eh?

Algo así, más o menos,
es lo que pasa cuando,
casualidad o no,
apareces impregnando mi pantalla
de recuerdos.

Vi
tu sonrisa enorme,
eras un dragón,
¿De dónde te crees si no
que iba a aprenderlo yo?

Supe que llevábamos fuego en las entrañas,
tú le diste un nombre a todas estas cosas
extrañas que salen de mi mente.
¿Es posible que fueras el origen
de algo tan grande?

Es posible.

Vi tus lágrimas de león,
¿de dónde te crees que aprendí
a luchar?
Quisimos la vida del gladiador
y no parábamos de divertir
a toda aquella gente.
Nosotras siempre vencíamos,
¿de dónde te crees que sacábamos
las
fuerzas?
¿eh?

Ahora te escribo esto
y nadie nos recordará,
no seremos ninguna guerra,
no seremos niños desnutridos,
no descubriremos y arrasaremos el nuevo mundo.
No saldremos en libros.
No.

Asusta demasiado hablar
del instante preciso
en el que todo se va a la mierda.
Y qué me dices de
escribirlo en un papel
que aunque quiera
va a seguir
y seguir
y seguir
como los gritos de aquellas mujeres,
los llantos de aquellos críos,
los miembros desmembrados
de todos esos soldados.

Supongo que si lo que
queríamos era la paz,
igual teníamos que haber preparado
la guerra
mucho antes,
mucho mejor.

Me pregunto cómo se deben
sentir todos esos ricos ahora,
en el cementerio,
junto a aquellas personas
que dejaron morir de hambre.
Me pregunto
si los huesos
dejarán de
dolerme
en algún momento.

Solo esperemos
que no sea en un cementerio,

¿eh?

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