jueves, 21 de noviembre de 2013

La respuesta correcta

Éramos los que siempre
levantaban la mano en clase
para dar la respuesta equivocada.
Enseñábamos a los demás
con nuestros errores,
aunque ellos siempre
nos pisaban los talones.

Íbamos un par de pasos por delante
de todos
aunque eso no fuera bueno,
sino,
todo lo contrario.

Lo mejor es que nos daba
bastante igual.
Nosotros seguíamos dando
las respuestas equivocadas
porque creo que las de verdad
o bien no existían,
o preferíamos quedárnoslas
para nosotros solos.

Fuimos egoístas hasta el extremo.
Nos sumergíamos en batallas de egos
descuartizados.
Era como vivir siempre en la
enfermería de un campamento de guerra.
Muchos lisiados tirándose almohadas,
a falta de balas o piedras.

No fuimos capaces de curarnos solos
porque allí nadie
tenía las respuestas adecuadas.
Allí, los que no se apellidaban
Inoportunos,
se apellidaban Desterrados
y claro.
Es difícil triunfar en la vida
teniendo mal hasta el DNI.

Tampoco nadie nos dijo
que nos estábamos equivocando
y en ese sentido
reconozco que éramos buenos
investigadores del fallo
como forma de vida.

Las cosas que hacíamos bien
eran todas las que socialmente
estaban mal consideradas,
y aunque merecíamos todas aquellas medallas,
nos dijeron que nos fuéramos a casa.
Que no nos necesitaban.
Que dejásemos de luchar
porque siempre era contra ellos.

Así fue cuando descubrí
que toda la vida habíamos vivido
dentro de un espejo.
Y ahora que empezábamos a darnos cuenta de ello,
se oían romper los cristales desde lejos.

Las respuestas ya no eran las equivocadas
porque fuera del espejo
todas las preguntas habían cambiado.
Ahora sus respuestas acertadas
eran los errores
que habían roto nuestros cristales.

Y por fin
empezamos a ser libres.

O al menos,

nadie nos pisaba los talones.

No hay comentarios:


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.