viernes, 27 de diciembre de 2013

Náusea.

Eres la náusea,
lo sé porque también eres la calada
después de comer
y el estómago a punto de estallar.
Me he imaginado un millón
de asesinatos
desde que no follo
y no me parece mal,
sobre todo
que la gente muera.
Es una forma triste de naturaleza.

Lo que no quiero,
por culpa de todo esto,
es quedarme con lo primero
que se aproxime a
salvajismo
ilustrado.
Sé que no lo haré,
pero por si acaso,
lo escribo en papeles todo el rato.
No te folles lo que sabes
que no te va a follar a ti,
y no solo hablo de mentes,
por supuesto.

Eres la náusea porque
te necesito fuera,
marchándote por el váter,
estrellándote contra el asfalto,
no sin antes quemarme las entrañas,
el esófago,
los dientes.
Lo sé porque te traía conmigo
en cada borrachera
y
maldita sea,
no podía parar.

Me he convertido,
sin querer,
en la cerveza sin alcohol
que nunca me beberé
porque es como conformarse
con sucedáneos
y la vida,
me dijeron,
debía ser mucho más que eso.
Te escucho en cada canción
porque siempre te imaginaba
bailando conmigo
en mitad del mar,
a medio camino de todo,
literalmente.
Admito,
y no será la primera vez en mi vida,
mucho menos la última,
que te busco,
por supuesto,
para no encontrarte,
pero pareces escurrir
por las húmedas paredes
de esta ciudad.

Me he conformado,
está claro,
y por eso soy la chica buena
que busca en ti cosas malas
con las que poder defenderme
cuando ya no quede nada.
Por eso eres la náusea.
Mí náusea.

Tiraría de ti
con mis dedos
hasta arrancarte de mis tripas,
pero no puedo.
Hace falta estar muy pedo
para no sentir lástima de una misma
en esos momento,
o al menos,
que no te importe demasiado.
Estaba orgullosa
de tragarte cada noche
porque sabía que ibas a aparecer
en cada resaca
y eso me iba a matar.

Es normal que te necesite,
¿sabes?
La poesía siempre necesita
algo de muerte
para vivir
y ahí estabas tú,
impregnando mis dedos
con poemas que jamás escribiría.

Eres la náusea.
El estómago lleno de navidades
inconclusas.
No quiero que se acabe todo este plato
de “amaneceres-que-jamás-veremos-juntas”
pero tampoco puedo hacer más hueco
para el siguiente.
Te tengo como la persona triste
que debe alegrarme el día,
como la tormenta a punto de romperse,
como el sol a las tres de la tarde en mi jardín
un invierno
cualquiera,
pero contigo.
Te tengo como el gemido
antes de corrernos,
un recuerdo intruso
en mitad de un beso,
las canciones que solo encuentro
en mala calidad.

Eres la náusea.
Podrías ser mucho más.
Una enfermedad,
la noche entera vomitando,
esparciendo madrugadas por las baldosas
de mi habitación.
He encontrado varias formas
en los azulejos del baño,
llevo tanto rato esperando a que aparezcas
que creo que me voy a guardar
todas estas palabras
para la próxima resaca.

Tanto rato ya
que
no recuerdo
cómo era,
ni de qué color,
ni a qué sabía,
ni cómo olía,
tu absurdo y escurridizo
recuerdo.

Húmedo como las paredes
de
esta,
nuestra

ciudad.

1 comentario:

RECOMENZAR dijo...

me ha encantado encontrarte
me gusta como escribes


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.