lunes, 9 de diciembre de 2013

Todo lo contrario.

Para saber que no es amor,
sino otra cosa,
(normalmente peor y más peligrosa),
primero hay que enamorarse.

Es necesario pasar
por todo tipo de situaciones
inverosímiles para darse cuenta
de que el amor debe ser algo distinto
a lo que los poetas escriben,
como justificándose.
Eso que ellos hacen.
Eso que yo hago,
no es más que una estúpida fórmula
para que todo tenga sentido.
Una excusa válida
para convencernos de que lo bonito
es el dolor.

El error.

Si te has enamorado:
enhorabuena,
ya sabes lo que no es el amor.
Si aun no lo has conseguido,
no seré yo quien te advierta.
Considero que pasar por este trance
debe ser una especie de
ritual de iniciación,
por el cual todas las personas
aprenden la diferencia entre
lo que es el amor y lo que no.

Obviamente, no siempre sucede esto.
Muchos nos quedamos absortos
con la idea de que un sentimiento
pueda mover tantas cosas dentro
y preferimos
etiquetar cualquier forma de autodestrucción
dentro del concepto amor,
porque es una manera como otra cualquiera
de no sentirnos como putos subnormales.

Lo entiendo.
Muchos de nosotros necesitamos
esta especie de sucedáneo de mierda
para creer que las cosas tienen sentido.
Aun así, reconozco mi incapacidad
para escribir desde el amor
y no desde lo contrario,
que sería el pasarlo mal,
el recuerdo inevitable de una escena idílica,
el vaso contra el suelo,
las ganas de matar
(sea cual sea la manera que elijas de hacerlo).

Sé que no lo es
porque puedo escribir
sobre mí
desde ese espejo deformado
que todos se empeñan en llamar
amor,
pero que no lo es.
No lo es.
De verdad que no.

De pronto salen a la luz
partes de ti que nunca habías imaginado
tener tan adentro,
y te avergüenzas.
Luego dices conocerte mejor después
de tal y tal historia
y no entiendes
que del amor solo hay que aprender a mejorar,
y no a hacerte íntimo de tus monstruos.

La gente no entiende
que convertirse en la persona
que nadie desea a su lado
no es amor.
Que la culpa es de los poetas
que escriben libros a mujeres
que pudieron ayudarlos a mejorar,
sin entender que muchos de nosotros
lo que necesitamos es el reflejo continuo
de todo lo que tenemos por ganar,
para escribir sobre todo lo que vamos a perder.

Somos unos putos pesimistas,
embaucadores,
ególatras presuntuosos
escupetintas, chupasonrisas.

Nos merecemos las escabechinas
sobre las que escribimos
porque no paramos de enamorarnos
y todo el mundo sabe ya
que eso no es amor,
sino otra cosa,
mucho más fea
y

peligrosa.

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