lunes, 29 de diciembre de 2014

Puestos a merecer (Autorretrato III)

No concibo la paz sin la guerra,
el escribir para que no me leas,
que nadie gane o pierda.
Nada es suficiente cuando se trata
de mí.
Ningún abrazo será tan fuerte
como aquel que me imagino,
ni serás esa persona que
en algún punto necesitaré que seas
aunque no puedas
o
no quieras.
No sé pedir las cosas
educadamente,
soy un ser rencoroso,
malagradecido,
y lleno de rabia.
Soy un volcán,
soy todas las poesías
que me hicieron trizas.
Soy mis monstruos
porque no me queda más remedio,
pero
a veces,
me gustaría tomar unas merecidas
vacaciones de mí.

Despedirme de mis atrofiados
y enfermizos pensamientos,
que la próxima vez que nos veamos
sepa aprovechar cada instante a tu lado.
Quiero que las voces de mi cabeza
se pierdan en el bosque,
quiero borrar parte de mi vida,
porque no soporto estar más de acuerdo
con mi yo pasado
que con esto que soy ahora.

Quiero que me leas y sientas
lo mismo que siento yo al escribir esto.
Sé que no pasará.
Nada de lo que me gustaría que sucediera
ocurre y
así pasan los días.
Estática.
Soy un puñado de nervios enrollados
en una cuerda: nadie puede vencer
hasta que lo haga yo.

Quiero ganarle la batalla
al no puedo,
al no sé,
al no quiero,
al me da pereza,
al esta cama me engulle
porque me he convertido en carne de cañón.

Yo no estoy deprimida,
yo no estoy enferma,
yo no tengo nada.
Y eso es lo mejor: que puedo conseguirlo todo.

Esta de aquí soy yo.
La que fui en su momento,
la valiente hija de puta,
la atrevida encantadora de serpientes,
la mejor amiga,
la compañera perfecta.
Sigo siendo yo aunque no encuentre
la salida.

Esta de aquí soy yo,
mi amor,
la que no concibe el amor sin lucha,
la de o todo o nada,
la de podemos hacerlo mejor,
la de sufrir es necesario
pero a veces mataría por estar bien
sin necesidad
de sentirme al límite,
al todo esto por sentir un poquito más.
Personalidad lija,
valiente hija de puta,
consigues la mujer más increíble
que has conocido en tu vida
y te piensas que será como las demás.
Haz que no se canse,
que quiera cada día más.

Enséñale el lado bueno
de tus monstruos,
deja de dar pena,
deja de poner excusas,
deja de evitar seguir haciendo
lo único que te da vida.
No permitas que hundan el barco contigo,
naciste latiendo poesía.
Eres fuerte y eres magia.

Deja de destruir a los que más te quieren,
Jódete y hazlos feliz por una vez en tu vida.

Jódete, en serio.
Te mereces lo que tienes.


domingo, 14 de diciembre de 2014

El verbo que no gusta.



Amo tu cintura
incapaz de desvarar expectativas ajenas
excepto las mías.
Amo tu sonrisa de escalera,
tu sonrisa túnel,
sonrisa impermeable a la tristeza.
Hazme prometer que no
la confundiré jamás con una opción
(solo tú sabes cómo acabar esta frase).

En las fiestas las parejas se abrazan y besan,
yo veo la vida desde un sillón negro.
Me imagino que si estuvieras aquí,
haría rato que nos hubiéramos marchado.
No hay por que dar envidia tan a la ligera.

Amo tu piel, tu cara, tus líneas y puntos.
Prométeme que solo nos haremos viejas
juntas,
que las arrugas serán travesías por las que
nos gustó adentrarnos
cuando no teníamos miedo a nada ni a nadie.

Dame la paz para volver a encontrarme,
dime que teclee vida sobre tus lunares,
que los chupe luego,
pero nunca hasta borrarlos.
Amo todo de ti,
tus piernas,
tus brazos,
tus manos de torpe incorregible.

Aunque considero que este no es lugar para un listado
sino para un esquema rápido
de razones por las que dudar está de más.

Y aparte de tu olor,
tu voz,
tu acento,
tu pelo,
la ducha, ay, la ducha.
Todo, todo, todo,
lo comestible.


Tenerte cerca es
(Solo tú sabes cómo acabar esta frase).

FIN

domingo, 2 de noviembre de 2014

Que ha sido un momentito solo de bajada.

Las personas suelen empezar en estos casos dejando claro que ellas no son muy de estas cosas pero... y yo no soy muy de estas cosas pero... siento que no hay manera de encauzar todo el agradecimiento y la felicidad que llevo dentro. Fuimos los que fuimos y estamos los que estamos y después de mucho tiempo no pensé ni un momento en lo que me faltaba, sino en lo que tenía, quienes estaban a mi lado de una manera u otra y lo muy feliz y agradecida que estaba por ello.
Ahora mismo me imagino una excusa para agradecer a todas las personas a las que quiero lo que hacen por mí, y si esto fuera la entrega de premios a la más Ana, no dudaría ni un instante en agradecer a mis amigos su paciencia, sus críticas constructivas, la felicidad que sienten con mis logros y el apoyo incondicional que muestran en mis fracasos. Por los toques de atención, por ser madres, padres y hermanos, sin necesidad de sangre o apellidos. Por las borracheras en las que ha salido lo mejor y lo peor de mí y aun así han seguido a mi lado a la mañana siguiente. Por quererme tal y como soy, por conocerme, respetarme e intentar que sea una mejor persona cada día. Por ser unos inconformistas: ellos no se contentan solo con una amistad mediocre, por eso somos tan especiales en nuestro conjunto. Por los tiempos muertos en los que me demuestran que nada ha cambiado, aunque todo sea diferente. Por soportar mis rarezas, que no son pocas, y creer que en cierta manera eso es lo que me hace ser tan única. Por no alejarse incluso cuando era yo la que lo hacía. Porque me hacen crecer y me gusta ver como crecemos juntos. En definitiva, por querer sacar de mí siempre mi mejor versión y conseguirlo de una manera digna de agradecimiento (ahora diría “esto también es para ustedes” mientras levanto el premio).
En segundo lugar, a mi familia, por ser tan peculiar como lo soy yo, y gracias, gracias, gracias. Por la manera en la que cada uno de nosotros muestra su amor. Por los sábados, los domingos, los lunes, martes, miércoles y ya me entienden. Por hacer de mí una mujer de tradiciones entrañables, por aceptarme tal y como soy y todo lo que ello conlleva, que no es poco. Por no juzgarme y confiar en mí SIEMPRE. Por sentir orgullo de mis éxitos, incluso cuando ni yo misma era capaz de valorarlos. Por esperar de mí siempre un poco más, respetando mis tiempos de reflexión personal. Por mostrar interés por mi vida, por tratar a la gente que más quiero como parte de la familia y quererlos como yo lo hago. Por ser tan cálidos y tan despegados, por esa incapacidad congénita para demostrar nuestros sentimientos de una manera normal: eso nos hace diferentes, especiales, maravillosos, aunque en algunas ocasiones nos meta en problemas. Porque la unión hace la fuerza y dan igual las decepciones, los fracasos, los enfados. Nos queremos aunque no sepamos demostrarlo y eso me parece algo muy bonito. Sé que no es fácil convivir conmigo 24/7, gracias, gracias, gracias por no haberme abandonado en una cuneta (vuelvo a levantar el premio mientras grito “VA POR USTEDES”)
Y por último, a mi pareja, por dejarse embaucar de la manera en la que lo ha hecho: podía haber sido evitable y decidimos ponerle juntas el prefijo in- a lo nuestro. Por demostrar de la forma en que lo hace lo mucho que me quiere y lo importante que soy para ella, haciéndome partícipe de cada decisión que toma. Por las pequeñas complicidades que hemos ido creando en todo este tiempo, por ser valiente y creer en esta relación desde el principio. Porque he visto como ha derribado barreras que hasta yo creía imposible tirar abajo. Por ser fuerte, por ser paciente (muy, muy, mucho), por hacerme sentir como en casa desde el primer momento, por ser tan buena que me la comería, por su ingenuidad, su manera de sentir las cosas. Por su sentido del humor, porque siempre aparecerá con una enorme y preciosa sonrisa y lo iluminará todo. Doy gracias cada día por haberla conocido, fuera de la manera que fuera el comienzo. Porque no tuvo miedo a entrar en mi vida. Por hacer de mí una persona mejor, porque no deja que me conforme con lo que tengo, porque me anima a luchar por mis sueños y contra mis miedos. Por amar comer casi tanto como yo, por incluirme en su futuro. Porque nunca deja que me lo crea del todo. Por ser mis pies de plomo y mis alas para volar. Juntas. Gracias, en serio, por cuadrarme de la manera en la que lo hiciste, por hacerme sentir la persona más afortunada del mundo y a día de hoy seguir pensando que no me equivocaba. Gracias por quererme de la manera bonita y tierna en que lo haces. Porque me siento a salvo, me siento segura y me siento cerca a pesar de las distancias. Gracias por las sorpresas, por la ilusión, por ser transparente tanto para lo bueno como para lo menos bueno. (De nuevo “este premio es para ti, nada de esto podría haber sucedido sin ti, gracias, gracias, gracias” le guiño el ojo, corro hacia a ella y la como a besos)


-Gran ovación y cierre-

jueves, 30 de octubre de 2014

Niña con zapatos feos

Cuando el
“no te preocupes, salvaremos al mundo”
y de verdad creíamos
que lo íbamos a poder cambiar,
nos daba fuerzas para continuar.
Cuando las niñas con zapatos feos
nos daban ternura
y sonreíamos porque el futuro
no hacía más que mostrarse tal cual.
Aun no habíamos empezado a beber
cuando terminamos por los suelos
en caídas
donde el mundo parecía derramarse
de entre las manos.
No teníamos equilibrio,
ni ritmo,
ni pulso
pero intentábamos ser mejores cada día
porque había sonrisas que
era necesario seguir alimentando.

¿Dónde quedan todas esas perspectivas
a las que no queríamos ver ni en pintura
por lo que pudiera pasar?

Ahora estamos en una de esas aristas
tan afiladas y brillantes
queriendo no saber nada del tema
pero nos seguimos sintiendo perseguidas.
Alguien tendrá que saltar
mientras pensamos que de esa manera
el mundo quedará a salvo
de personas que no ven ternura
en una niña con zapatos ortopédicos
o sufre al ver anuncios de animales perdidos.
Ellos tampoco volverán,
es difícil cambiar el mundo
tal y como nos lo han dejado
pero
tampoco tenemos nada más que hacer.

Yo quería intentarlo.
Todo lo que me propusiese
se haría realidad
porque para eso me había preparado toda la vida.
He lanzado sueños por las ventanas
de mi casa
desde que tengo uso de razón,
soplé velas y toqué el techo del coche
al pasar por túneles, sin cansarme
de ver cómo mis deseos
solo dependían de mí.

Nunca te conté la historia
en la que todos mis monstruos
salieron a flote
porque tampoco creo que lo entiendas.
No has visto el lodo
del que mil veces he tenido que salir
yo
sola.
Nadie más podría ayudarme a sobrevivir
de mí misma.
Y quería salvar al mundo,
ser útil,
ser grande.
Casi lo consigo.

Solo hace falta
volverse a levantar.

Como aquella niña de zapatos feos

en mitad de un centro comercial.

lunes, 27 de octubre de 2014

27 de octubre de 1989

No recuerdo cuándo empecé
a ser como soy
y supongo que no hace falta
echar la vista hasta tan atrás
para saber
que las cosas tal y como están
solo pueden
empeorar:

más canas, más arrugas
más resacas totalmente
in
jus
ti
fi
ca
das.

No recuerdo cuando fui yo
por última vez
pero supongo
que debió ser tal día como hoy,
mientras llovía
y
no
hacía
nada de sol.

Las cosas como son,
una no es así de ácida
por casualidad.
Llevo naciendo muchos otoños
y ninguno como este.
Hace calor, es lunes
y cada mañana
parece ser siempre mi regalo
de cumpleaños.

Doy gracias a febrero,
a las cervezas,
al frío,
y a tu pelo.
Hoy tengo permiso para
sentirme más feliz que nunca
y este es el cambio
por el que sé que no me olvidaré
de cuándo empezamos a ser nosotras dos.

No recuerdo cuándo empecé a ser
como
realmente
soy,
por eso
apuntaré con muchísimo cuidado
el día que decidí ser valiente para siempre.

Y que no se nos olvide:

la poesía es incapaz de morir,
siempre está naciendo.

Ahora lo sé: 
no me arrepiento de 
cada espectáculo bochornoso,
cada ridículo incómodo,
cada borrachera traspapelada,
cada amor inconcluso,
cada palabra guardada bajo llave.

Imploro al Rey Octubre,
que por favor llueva,
que no se lleve nada de lo que
ya hemos conseguido
y que me de alas
para no arrepentirme de nada
nunca más.

Animo a mi madre en mitad
de semejante acontecimiento
a que no deje de empujar.
Seré sus ojos y su piel,
lloraré siempre que necesite
saber que sigo viva.
Seguimos vivas, rojas y fuertes.
Me comeré todos sus miedos,
quiero amanecer en el futuro: sus ojos.

A la mujer de costumbres
hay que romperle todos sus esquemas,
hay que quemarle los mapas del tesoro,
hay que escribirle en blanco sobre blanco.
A esa mujer hay que dejarla ser
tal
cual.

Para que se olvide cada verano
de la mujer que fue en invierno.
No recuerdo cuando dejé de ser
la persona que fui,
por eso vuelvo
sobre mis pasos:

la mujer que sabía de qué color tenía el alma,
la de la magia
la de la lucha
la de la sangre llena de poesía.

Había dejado de creer:
no era un milagro lo que necesitaba.


Solo nacer.

martes, 21 de octubre de 2014

Te hice caso.

Todo el mundo me dice que es normal pasar por un “periodo de transición” como por el que estoy pasando en estos momentos yo. A mí me cansa a veces, igual que me canso de mí misma cuando me oigo hablar de lo mismo día tras día.
Muchas veces pienso que soy una valiente, que he tomado una decisión y que la voy a llevar a cabo cueste lo que cueste ello. Otras, y normalmente esto ocurre casi todos los días, suelo pensar que estoy perdida, que no he tomado ninguna decisión y mucho menos valiente, que soy una inútil, que realmente no estoy siendo sincera conmigo misma, que debería centrarme en algo y llevarlo a cabo pero no este stand by continuo.
La gente es buena conmigo, es compresiva conmigo. Me apoyan y me animan, pero yo me siento terriblemente frustrada, triste y enfadada. Muy cómoda en mi propia mierda. De hecho, mi zona de confort se basa en las cuatro paredes de mi cuarto. Suerte que se inventaron los techos altos.
He dejado de escribir, o lo que es lo mismo, ha desaparecido eso que me hace sentir feliz y orgullosa. Hay muy pocas cosas con las que me sienta segura al cien por cien, sobre todo si se trata de habilidades propias. Me quise dar un tiempo prudencial, que ha terminado en un parón de varios meses interminables de auténtica sequía. Me autoconvencí que era por estar feliz, por no tener nada malo de lo que despotricar, pero lo cierto es que ahora estoy en ese “periodo de transición” del que todos me hablan, ese que no es nada agradable, ni un poquito, ese que no te hace sentir especialmente bien, y sigo sin saber, poder, querer escribir.
Supongo que cuando hablan de transición, se refieren a hacer recuento de daños y ponerse manos a la obra. A ver, no soy nueva en esto, pero normalmente, cuando algo así sucedía en mi vida,  las pérdidas solían venir de una en una. El caso es que acabo de presenciar el peor terremoto de mi vida y el hecho de encontrarme con todos los daños simultáneamente me supera. Ahora me supera, supongo que más adelante habré conseguido las herramientas suficientes para arreglarme, primero a mí, como siempre y luego al resto. Todo va de la mano, pero es importante reconocer que no habría habido tantos desperfectos si la estructura central hubiera estado en perfectas condiciones.
Ahora mismo me da miedo pensar cuáles son las razones por las que todo se ha derrumbado. Me he descuidado, he dejado de reflexionar, de mejorar, de hacer parones para recapacitar. Era muy fácil coger carrerilla y no parar hasta llegar al final.
Lo cierto es que he tomado una decisión con la que no estoy de acuerdo algunas veces. Siempre por pensar que sería de otra manera. Lo fácil entonces es echar balones fuera y culpar a los demás de algo que tenía que haber sabido solucionar yo sola.
El problema de echarle la culpa a algunas personas o situaciones es que parece como si cada palabra o sentimiento hiriente que genero se convirtiera en petróleo negro y pegajoso y me hunde mientras salpico dudas y reproches en forma de bilis ácida a todo el mundo. No puedo avanzar. No estoy queriendo avanzar y mientras hago daño a quién menos lo merece.
Una vez escribí “personalidad lija: elige la persona que más quieras y desgástala hasta que sea una minúscula astilla”. Últimamente esta frase aparece en mi mente como un padre nuestro. Sé que lo estoy haciendo mal y no puedo parar.
Esto es solo una consecuencia más de este “periodo de transición” por el que la gente dice que es normal pasar, y por el que temo no saber sobrevivir.
Ahora sé que es normal, que he perdido cosas y que es mejor que me acostumbre a ello porque muchas de las cosas que desaparezcan en el futuro lo harán de manera deliberada. Que el camino continua y es genial pasar por tramos en los que las dudas y el agobio nos corroen por dentro. Significa que estamos vivos, que no solo hay una opción o dirección por la que avanzar. Que si queremos podemos retroceder y mirar qué cosas se pueden mejorar y hacerlo sin miedo. Que quizás lo que creemos que es nuestro futuro no lo es y no pasa absolutamente nada.
Estoy viva en mitad de ese maldito periodo de transición del que todos me hablan y que yo he asemejado a un horrible terremoto. Pero se trata de mí. Soy yo. Yo soy ese desastre natural del que tengo que salir airosa. Y como siempre, estoy segura de poder hacerlo. Una no pierde la magia, solo se olvida de dónde demonios la ha dejado olvidada.

viernes, 17 de octubre de 2014

Ser imbécil.

Venía triste de antes
pero Iván es capaz de empeorarlo.
Las preocupaciones mundiales
se distribuyen estratégicamente
en las diferentes partes
de mi cuerpo.
La distancia hace de puente
entre varios de mis órganos
vitales
y su flujo provoca
entre otras cosas
malestar, irritación y
dolor persistente.

Tus sonrisas siguen siendo
antídoto,
así que no está todo perdido.


martes, 14 de octubre de 2014

Capicua.


He visto el futuro en muchas
páginas de pornografía
a las tres de la madrugada.
Era triste olernos a distancia,
mientras yo intentaba no pensar
en nada.
Aun así, nada desapareció
y tuve que lidiar con mis fantasmas
una y otra vez
mientras miles de páginas porno
proporcionaban sucedáneos de
amor y guerra
a gente como yo.

He dormido oliendo a
terrorismo emocional,
me he arropado en culpas
y banalidades,
he querido atravesar el infierno
que es correrse a solas
mientras al final del camino
sigues sin saber qué pasará.

No hace falta que te diga
que estoy triste.
Que intento escalar las paredes
de esta tristeza
que se ha convertido en mi día a día.
Sigo estando hasta el cuello
por ti y por mí,
y mientras el mundo cobra sentido
yo sigo mirando esas páginas
de mierda: tengo la certeza
de no encontrarte jamás ahí.

He visto el futuro.
Sé que no era el nuestro.

La forma en la que tenemos
tú y yo de ensuciarnos
salpica más sonrisas que lágrimas.
Me he obligado a acabar bien este poema
porque sé que ese no era nuestro futuro.


Y te lo voy a demostrar.

martes, 7 de octubre de 2014

Mi Chica de Oro

Siempre le digo que con ella se me han acabado las palabras. Primero pensé que debía ser un efecto secundario de la felicidad. Luego imaginé que había perdido la costumbre. Por último tuve miedo porque nunca más volvería a escribir, a pesar de las mil razones que tengo para hacerlo.
Ahora su amor está amontonado en su lado de la cama, a mi pecho le falta su cabeza oyendo mis latidos y los cigarros vuelven a ser de uno en uno
y no de
dos en dos.
Mentiría si no dijera que estoy triste. La veteranía en estos casos no te hace más insensible. Todo lo contrario. Deberíamos estar acostumbradas a los besos kilométricos, los abrazos cruzaocéanos, las ganas invencibles. No te engañes, sigo sin poder escribir, esto solo son lágrimas.
Pero seamos justos, mentiría también si no dijera que desde que me empeñé en tenerla en mi vida soy una mujer completamente feliz.
De las cosas que nunca sé explicarle, a veces por estar demasiado cerca, otras por estar demasiado adentro, vernos crecer es el mayor espectáculo (después de verla fumar) que he visto en mi vida.
El primer beso de la mañana. El capicúa del capicúa. No me importaría vivir haciéndole señas.
Nunca sabré acostumbrarme a esta lejanía, aunque la sienta conmigo desde que la hice reír por primera vez. Desde entonces mi única ambición es que me devore a sonrisas.
Por esta y una larga lista de cursilerías he dejado de escribir. Describir cómo me hace creer que no puede haber nada mejor que esto, o hablar de las cosas que nos hacen ser nosotras, especiales, sonrientes, valientes y llenas por igual tanto de ganas como de dudas. Nada de eso se asemeja, se compara, llega a ser, la explosión de fuegos artificiales en mis labios, en mi pecho, en mis dedos. Mi chica de oro bebe cerveza y así fue como pasó todo. La culpa sigue siendo del alcohol, lo reconozco. Mi chica de oro apareció ayer mientras dormía. Como cuando me imaginé que las cosas iban a suceder así. Aun hoy, cuando olfateo toda su piel, cuando la miro y me relamo, después de tanto tiempo, sigo sorprendiéndome.
Sigo sin poder cuantificar, explicar, argumentar. Ninguna palabra será capaz de plasmar lo que pasa cuando ella dice “porque puedo y tú no” o cuando sus pupilas son incapaces de empequeñecer.
Así que supongo que mis “te quiero” o mis “guapa” siguen sin significar nada. Por suerte mi chica de oro aprendió rápido el lenguaje de los animales salvajes. Eso es algo que le cambia la vida a cualquiera, eh.

Y encima, para siempre.

martes, 30 de septiembre de 2014

Patas arriba.


Daba igual el tiempo o la distancia
hasta que a los pies del barco
ves a La Chica marcharse.
Todo sigue en su sitio,
el cuarto patas arriba,
el futuro mirando por la ventana,
todos los momentos que compartimos
serán nuestros.
No podremos venderlos,
ni romperlos.
No seremos capaces de regalar
el día que vimos amanecer
después de la muerte.
La vida tiene maneras hermosas
de decirnos
que todo continua.

El cuarto patas arriba,
hasta mañana.
Cuando me digne a recoger la ropa,
tus restos de amor,
las sonrisas,
las batallas campales,
nuestra alergia a sentirnos mal.
No quiero que te sientas mal.
Quiero que sepas
que el amor no trata de aguantarse mutuamente,
creo que más bien,
es disfrutar de tener que hacerlo.

Que sepas que lo has cambiado todo.
El mar, las carreteras, la piel, los pulmones.
Pertenezco a ti de la única manera
que se me ocurre

patas arriba.
Sin tener ni puta idea de a dónde ir,
cómo llegar,
o cuándo dormir.
Pero sintiéndome el hogar de muchos
abrazos
rompe
huesos.

Anoche conseguiste convertirme
arte.
Pinté cuevas con tus sílabas
y los colores se movían
mirando por las ventanas.
Ellos eran el futuro.

Y tú

estabas conmigo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Nadie habla de.


Nadie se acuerda de la tristeza
cuando el amarillo cae.
Lo que no sabe la gente
es que va quemando la piel
procurando espacio suficiente
a los huesos venideros.
Nadie llora al azul
porque resulta tan redundante
que desborda,
pero he visto naufragios
peores que el mío.
He dejado hueco para el verde
oxígeno,
las palabras que se han de inventar
empiezan por nuestra felicidad.

No permitiré
un diccionario
triste,
un diccionario
cáncer.

Las palabras que se han de inventar
ondearán como victorias
sobre la luna.
Nunca más pensar
que fuimos islas.
Agarrar que nos tenemos
y pringar paredes y puertas
hasta desaparecer.

Ya nadie habla de
una tristeza
que vomita versos
y tampoco de la felicidad
que los asfixia.
Ahora todo el mundo consume miedo,
se arropan en él,
lo generan,
lo vomitan.

La parte del arte que menos me gusta
es cuando no puedo sentirlo mío
ni tampoco sale de ti.
He vivido de grises toda mi vida,
qué colores serás capaz de regalarme
para curar una tristeza congénita.

Prometo no rechistar,
no caben enfados suficientes
que borren esta sonrisa mental
con la que te recuerdo.
Desde entonces
ha dejado de caer el amarillo,
me ahogo en mentiras azules
sin prepararme para el naufragio.

Será que de tanto tiempo de oleajes
me he vuelto un lobo de mar.
Y queda demostrado:

A los piratas no les hacen falta huesos

para seguir con vida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Algo real.

Te procuro una vida dichosa
llena de silencios.
Nunca más escribir sobre la piel de nadie.
A partir de ahora
tendrás abortos cada semana
de poesías que no fuiste capaz de criar.
Échale la culpa a la contaminación,
a la educación,
a la política basura que nos oprime.

TÚ NUNCA TENDRÁS LA CULPA
DE LLEVAR UNA VIDA QUE NO TE GUSTA.

Te deseo un futuro lleno de éxitos
que te importan una mierda,
todas las carreras con las que has
asfixiado a tus padres,
la culpa sigue siendo de la sociedad
en la que nos ha tocado vivir.
Un futuro colmado de sabiduría
y felicidad,
lleno de hijos,
sobrinos,
abuelas que no morirán jamás.
Ojalá de camino a casa
encuentres la cura de alguna enfermedad,
la manera de hacer que la gente
deje de ser tan triste.
Harás de este mundo algo mejor.

TÚ NUNCA TENDRÁS LA CULPA
DE QUERER QUE TODO SE VAYA A LA MIERDA

POR FIN.

Encuentra todo lo que estés buscando
y pierde el interés al instante,
cuida con recelo eso que más amas
y olvídate de qué era aquello que hacía
que siguiera junto a ti.
Persigue cada oportunidad y llénate de dudas
cuando por fin seas valorado
como mereces
porque
siempre creerás que

TÚ NUNCA TENDRÁS LA CULPA

DE CREER QUE NO MERECES NADA.

jueves, 7 de agosto de 2014

Poema para que vuelvas pronto II

No me acuerdo de tus ojos
de leona,
no sé dónde están colocados mis lunares
preferidos
en tu cuerpo,
ni si habrán cambiado de lugar
los que aun conservo en la memoria.
Me he cansado de ver tus fotos,
vomitar todo este amor
que me entorpece,
no soy capaz de retener tu voz,
el compás de tus latidos
a la hora de dormir.

Desde que te fuiste
sufro un insomnio
destructivo.
Dudo que sea para tanto
pero desde que te fuiste
soy lo único que le queda
a mis planes.

Todas las cosas que había
dejado a medias,
la gente que nunca visité,
la de basura que una persona
puede acumular con los años.
No me acuerdo de cómo son tus besos,
de cómo de largos son mis brazos
cuando nos abrazamos,
de despertar desnudas.

Parece que lo único que soy
incapaz de acumular
son recuerdos,
tu cara al bailar encima mío,
el olor de nuestras sábanas,
tu risa es magia,
lo pensé ayer.

Suerte tener un insomnio
hijo de puta:
repaso uno a uno
los instantes

hasta aprenderlos de memoria.

jueves, 31 de julio de 2014

Poema para que vuelvas pronto.

Me levantaré de la cama,
recogeré los restos de una mudanza
anónima,
sentiré ganas de llorar por cada
pieza de ropa que doble,
que eche a lavar.
Subiré la persiana,
abriré la ventana,
entrará aire fresco,
cambiará el color de los remolinos
de mi ventilador.

Echarte de menos es como
una depresión mal curada.

Criamos en libertad
los animales que nos poseen
cuando nos miramos
y ahora
es bastante complicado
explicarles
por qué ellos están encerrados
y tú
no
estás.

Saldré de la cama,
quedaré con mis amigos,
tomaré cervezas
que me pondrán tan triste
que ni siquiera podré terminarlas.
Me dejaré crecer el pelo,
me lo cortaré,
tendré ojeras,
cambiaré las sábanas
y ya no habrá nada que me recuerde
a qué hueles.

Por eso compraré tu perfume,
te tendré cerca de cualquier manera,
pasearé a nuestros animales
porque pensar en ti
ya es suficiente libertad.

Lo mejor
es pensar
que no recordaré nada de esto
cuando me levante de la cama
y a mi lado estés tú
y al abrir la ventana
sea el sol de la Toscana el que cambie de color
los remolinos de nuestro amor.

Vuelve pronto,
tenemos muchas mudanzas

que hacer.

lunes, 30 de junio de 2014

Tengo hambre

Me voy a comer tus miedos.
Los devoraré como un lobo:
de dentro hacia afuera.
Los juntaré también con los míos.
Pueden hacerse amigos y luchar
contra nuestros estómagos,
nuestras rodillas.
Pueden no llevarse bien del todo,
entumeciendo nuestros huesos,
distanciándolos entre interminables
sábanas recién cambiadas.
Se asediarán entre los días de la semana,
y consumirán nuestro tiempo.
Nos lo robarán.
¿Crees que voy a permitir
semejante despropósito?
Te hablo de fantasmas
porque sé que no existen,
no nos pueden asustar.

Lo primero que pensé al conocerte
fue: “Ana, tienes que ser valiente”.

Por eso voy a comerme todos tus miedos
como lo hago contigo cuando te veo
y tu sonrisa lo empapa todo de
una felicidad salvaje.
Me los comeré como lo hago
con tu yugular,
muy
suavemente;
mordiendo hasta doler.
Sigo teniendo todos mis dientes
a tu entera disposición.
Ya sé lo que quieres que haga con ellos,
por eso masticaré uno por uno
todos tus dichosos miedos.
Tus amargos y lluviosos miedos.
Me da igual mancharme la cara,
las manos.
De eso se trata ¿no?
De pringarnos hasta las entrañas
porque eso es lo que lleva implícito
la confianza, el conocernos.

No quiero una vida de ausencias.
Creo que he vivido demasiado
en ese tipo de agujeros negros
como para saber
qué es
lo que tengo que hacer
para escapar de ahí dentro.
No voy a salir de ti.
No.
Ese no es el plan.
Aun no se me ha ocurrido nada,
pero estoy en ello.
Por ahora,
el primer paso
es devorarnos los miedos.
Queremos seguir durmiendo
en camas deshechas,
seguimos sin saber en qué día
del mes
vivimos.
No podemos parar el tiempo
pero podemos olvidarnos
un poco de él.

Cuando te conocí pensé:
“Ana, no tienes nada que perder”

Qué cosas, ¿no?

Uno a uno
sin compasión.

Este es el plan.

domingo, 15 de junio de 2014

Espectáculo

Verla fumar es un auténtico espectáculo.
Ella da la primera calada al cigarrillo
con cara de tipa dura,
y entonces deja escapar lentamente
una espesa y condensada burbuja de humo
que trepa por sus labios,
haciendo peripecias,
hasta el techo de su habitación.

-En ese momento no me importaría nada
ser eso que nos mata-

Luego me habla y veo cómo
intenta escaparse el humo que aun
está dentro de ella:
sigue sin importarme ser eso que nos mata.
Está sentada al borde de la cama
y mientras fuma, mira fijamente a la pared.
Sé que está pensando un millón de cosas
porque siempre me dice que no está
pensando en nada.

Verla, sea lo que sea que esté haciendo,
es un espectáculo
y sé que ésta no es una condición
que solo exista cuando mis ojos
la están devorando:
mucho antes de conocernos,
de percatarme de su existencia,
ella ya era un auténtico espectáculo
de color verde.

Sabía que tenía que conseguir
de alguna manera,
memorizar su forma de fumar o bailar.
Todos los tipos de risa con los que
hace del mundo un lugar mejor,
o su terrible habilidad
para no ser muy buena cocinera,
pero sí una excelente pinche de cocina.

Llevo un mes preparando a conciencia
a todas mis neuronas para que
no se les olvide ni una sola
razón por la que esa chica es espectáculo.

-La primera:
no haber huido
cuando aun estábamos a tiempo-

Todas las demás
son solo una mezcla
de envidias absurdas,
como querer ser eso que nos mata,
el tiempo que podíamos haber ahorrado
yo qué sé...
Todo eso que no importa una mierda
porque ahora la puedo besar en mitad
de ese espectáculo que es verla fumar.

Puedo verla y antes no.

-Segunda y más importante
de todas las razones:
Que antes no
y ahora
siempre

sí-

jueves, 5 de junio de 2014

No tienen ni idea de.

Esta resaca te da la razón: no tengo remedio.
Tienes la sonrisa más bonita
donde un animal salvaje puede dormir,
pasar la tormenta,
no sé.
He bebido demasiado vino sin ti
y ha sido la cosa más aburrida
que me ha pasado en años.

Soy experta en saber cómo van a acabar
las cosas así
y por eso sé que no hay final.
Me curarás de todas mis resacas,
te lo digo yo,
que te he visto despertar a mi lado,
y he visto tu mal humor matutino
convertirse en mi café de las nueves,
las diez,
y ya sabes lo que pasa con el café,
aunque éste no sea de cafetería.
Mucho mejor,
es soluble y me lo bebo mientras te miro,
que es la única cosa con sentido
que reconozco que hago durante el día.

Por las noches simplemente,
me dedico a cerrar los ojos.
No me hace falta ni imaginarte.
Te has acomodado al hueco que alguien
decidió algún día hacer a tu medida
en mi cuello
y desde entonces,
soy
la
tía
más
afortunada

que conozco.

jueves, 22 de mayo de 2014

Salimos a fumar y mira

Hemos creado un nuevo lenguaje
sin darnos ni cuenta.
Construimos civilizaciones en cada beso,
las destruimos también en cada polvo.
Hablamos de miedos y en ninguno
de ellos aparecíamos nosotras dos.
Cuando te conté lo del final del mundo,
eso de los agujeros negros,
celebraba haberte conocido
con todas sus consecuencias.
Lejos de congelarnos,
la noche se abría en canal.
Quiero que sepas
que cada vez que sonríes,
o me besas,
o te intentas enfadar en vano,
alguien, en algún lugar,
sobrevive,
se salva.

Has hablado todo el rato
en ese otro lenguaje,
el que los demás se han inventado,
y no me atrevía a mirarte.
Quería pensar que era mejor así,
dejar que nuestras ciudades se reprodujeran
solas,
pero he estado tan callada que
ni yo podía oírme.
Las hemos vuelto a destruir.
De pronto volviste a usar nuestro lenguaje,
esta noche habrá un centenar de personas
a las que la muerte no podrá encontrar,
créeme.

A kilómetros de aquí
cualquier exiliado se sentiría
de nuevo en casa
solo con mirarte a los ojos.
A kilómetros de aquí
es dónde debí encontrarme yo
cuando decidí saltarme las reglas
de las personas tristes.
Ahora soy feliz.
Estoy al borde de la vida desde entonces.
Ya no es necesaria la supervivencia,
solo cuando nuestras civilizaciones
caen en picado
y tú lo salpicas todo del mismo
color
en el que siempre había imaginado mi vida.

Aquí sentadas,
tendría infinidad de cosas que contarte
pero prefiero ver
cómo te pasas la noche
salvando vidas,
luchando, sin saberlo,
contra todos esos miedos
en los que no nos hemos incluido,
por fin.


-Creo que nunca llegamos tarde-

viernes, 16 de mayo de 2014

En libertad.


Mis animales viven en libertad,
por fin.
Duermen en tu cama,
conmigo,
lamen sus lomos
como lo hago yo con el tuyo.
No temen a la oscuridad
porque ya saben dónde estás.
Me he convertido en cada uno de ellos
desde que
solo sé encontrarte siguiendo tu rastro.
Manchan tus sábanas en peleas
de cuatro de la tarde.
Se nos hace de noche,
y abrimos los ojos
como si pudiéramos volar con ellos.
Mis animales viven en tus pupilas,
y son fieras.
Saltan sobre ti siempre que nadie
los ve: yo sí.

Ellos también han visto lo que hay
debajo de tu piel.
Cuando hablaba del cuero del indio,
las salvajadas en las que estoy dispuesta
a perder la vida,
el humo de la paz
y
la
guerra.
Cuando hablaba de sonrisas de dos por dos,
de lo que pasa justo antes de que
todo se complique.
Yo también lo he visto,
el problema es que
no encuentro una gama de colores
acorde con tu existencia inefable.

Mis animales se acurrucan en tus muslos,
muerden tus muslos,
aman tus muslos.
Son listos porque siempre trajeron
el hambre entre las tripas,
por defecto.
Los he fabricado libres
ahora que pueden
y corren felices
persiguiendo gemidos
atrapados en almohadas.

Ojalá un lazo al cuello del tamaño
de tus brazos
asfixiándome como castigo.
Hazlo por todos los mordiscos.

Viven en libertad, por fin,
en el verde de tu selva,
conmigo.

martes, 29 de abril de 2014

Ceguera

Puedo verte desnuda
detrás de todo este sueño de párpados
que tengo.
Te has convertido en toda la luz solar
de estas 24 horas inertes que construyo.
Me quemo.

No he hablado aun de las cosas inevitables
porque es mejor vivir sin miedo al miedo.
Me he imaginado recorriendo la isla
en bicicleta.
El aire que nos atropella
para justo a la altura de tus rodillas:
puede ser que la vida sí que sea bella.

Odio las notas de silencio
cuando cerramos la boca,
sea para lo que sea,
pero confieso que es necesario
a veces
ese zumbido de dos milésimas de segundo.
No quiero oírnos,
mucho menos oírme
pero si no lo hago sé que terminaré lejos
y no me gusta nada andar
para llegar a algún sitio.

Lo mío es la inutilidad del ser.
Hacer todo lo que no se deba hacer
solo porque
quién si no malgastaría su tiempo en ello.
A las cosas inútiles hay que mimarlas
como si sirvieran para algo.
Por eso te he desnudado tras estos párpados
aun de invierno.

Sé que no merecemos la pena,
pero brillamos hasta en lo más
sucio de una borrachera.
Esnifaría cualquier cosa que llevase
partículas de tu piel

y ya paro.

Hay adicciones que es mejor
dejarlas en casa.
Arrancar este nervio absurdo
de dentro y
esperar que las cosas no hayan cambiado demasiado
de lugar.

Con los ojos cerrados
sé a dónde tengo que ir

pero no cómo llegar.

martes, 22 de abril de 2014

Poema de amor IV


Se pasaron la tarde entera rompiendo las flores del parque
mientras los niños paseaban a sus padres de la mano.
Había llegado la primavera y no querían que nadie
más lo viera.
Miles de cadáveres de plantas
pegados a las suelas de sus zapatos.
Los pétalos volaban libres por fin
en aterrizajes de diez segundos a cámara lenta.

Abrían bien los ojos mientras gritaban
una felicidad que hacía tiempo habían perdido.
Nadie más va a sentir fuegos de artificio
debajo del ombligo.
El amor se quemaba en cada atardecer,
ellos podían verlo.
Prendían cada rama de cada árbol a lo lejos.
Se podía oler desde la orilla;
cómo creaban la belleza
destruyéndola.

Lo último que pensaron fue tener miedo.
Sabían que no conseguirían revolucionar
ningún corazón de esa manera.
Por eso destrozar flores era divertido
y no una masacre.
PORQUE SONREÍAN.
Los niños paseaban a sus padres,
ellos pateaban cientos de rosas,
margaritas,
yo qué sé.
Esparcieron alergias por todos los rincones
del parque.
Los niños dejaron de pasear a sus
congestionados padres.
Ahora la felicidad asfixiaba.
Un montón de polen obstruyendo vías respiratorias
que ya no existen.

Todos se han ido a casa ya.

Hoy han matado a la Primavera.

Al llegar a la cama, se descalzan
y se desnudan.
Aun quedan restos moribundos de
felicidad primaveral en sus zapatos.

Se dicen aun sonriendo,
que solo por joder,
hoy harán el amor
FOLLANDO.

Porque la única manera de ganar
que conciben
es

joder hasta la muerte.

domingo, 20 de abril de 2014

Lo que sucede cuando no sucede nada:

Alguien ve un animal revolcarse a lo lejos,
algunos ríen, otros se preocupan.
La felicidad en un centímetro cuadrado de tierra.
Éramos tan felices haciéndonos daño; piénsalo.

He pensado en ti incluso en mis reiteradas negaciones
de “a mí esto no me está pasando”.
Porque era verdad que no me estaba pasando nada.
La vida en un centímetro cuadrado de tierra.
Unos ríen, otros se preocupan.
Yo me hacía daño porque había aun
mucho hueco por rellenar
y no sabía.

¿Cómo se hace eso?

Alguien se cae. Alguien se retuerce de dolor.
No tener la oportunidad de recordar
las caídas.
No sé cómo voy a aprender así.
La gente dice que lo único que se necesita
es.
Miro a mi alrededor
y
lo único que necesito es
un centímetro cuadrado de tierra
cerca.
Vacío de todo,
asediado por un olor
impregna-recuerdos.

No nos tenemos de ninguna manera
y aun así
usaría el verbo necesitar siempre
que no diera tanto miedo.
Asco.

Rechazo toda forma de amor
porque es lo que he aprendido
saltando de centímetros cuadrados

en centímetros cuadrados.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.