miércoles, 15 de enero de 2014

Autorretrato II

Te voy a presentar a todos mis monstruos.
Hace tiempo que no hablo de ellos, debes entenderme,
no es algo de lo que me enorgullezca.
Ni se esconden debajo de mi cama
ni duermen dentro de mi armario.
Ellos van amarrados muy fuerte y muy dentro:
entre mis vértebras.
No puedo negar que tengo miedo,
echo de menos por dos, por tres, por mil,
este lugar no es la ciudad que imaginé para nosotras,
y ya ves, aun sigo contando contigo

con todas.

Trepan como si fueran fieras
en peligro de extinción.
Solo intentan salvarse:
aquí no solo vale el quién pueda, lo sé.
Tienen garras afiladas con las que
destripan mi cerebro,
y lo dejan hecho jirones.
No puedo arreglar nada si ellos están cerca
pero ahuyentarlos me anima a sobrevivir.
Sigo viva, no ha pasado mucho tiempo desde la última vez,
de hecho, diría que esto solo es la continuación
de algo enorme,
con raíces,
devastador.

Se alimentan de mis ganas,
chupan hasta quedarse sin aliento,
yo sin tripas.
Ahora mismo,
delante de ti,
solo existe la persona que podría ser.
Sin fuerzas,
inútil.
Ellos me ponen en bandeja todo el tiempo
perdido
y sabe mal, huele peor,
qué te voy a contar.
Tú lo viste.
Palpaste todo ese tiempo que se derretía
por las paredes de habitaciones
que no eran de
casi
casi
nadie.

Me hacen pensar en las cosas que he ido perdiendo,
dicen de las que he coleccionado
que no valen nada.
Sigo sin poder llorar. Créeme.
La única mujer que últimamente ha sido capaz
de enseñarme la locura desde cerca
está lejos y lo seguirá estando
(aunque vuelva).

Sé arreglar mis problemas.
Lo hemos hecho miles de veces,
mis monstruos y yo.
Pero necesito hablar de ellos.
Que cobren protagonismo de vez en cuando,
necesito que se sientan únicos,
especiales, genuinos.
Necesito que aparezcan en escena: necesito machacarlos.
Esta es la única manera.

Noto crecerme las alas.
Sigo sin saber volar
pero todo se andará.

Sé que no vas a entenderme,
tampoco es necesario.
No los conoces, no te los he presentado.
Ellos no cambiarán nada en ti.
Tú solo fruncirás el ceño,
te tocarás la barbilla,
y quizás algo, muy leve
y muy lejos, pero algo
cambie dentro de ti.
No te dejes engañar: no es pena lo que debes sentir.

Todo lo contrario.
Salvémonos de las esperanzas,
porque son ellas las que me han llevado hasta aquí.

**El final de este poema ha sido modificado por cuestiones ajenas a mi persona. Obviamente no es el resultado que esperaba pero se asemeja bastante a lo que fue en un principio.
Nota mental: comprar un ordenador nuevo.** 

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