viernes, 21 de marzo de 2014

Cuchara, cuchillo, tenedor.


Cuchara, cuchillo, tenedor. No hay comida. Ni siquiera hemos comprado platos. La mesa está vacía.
He puesto agua en mi vaso. Tengo una sed de un millón de siglos. Bebo como lo haría un náufrago en mitad del mar: sin querer. En menos de un segundo el agua del vaso ha desaparecido y ahora está en mi estómago. No he sentido nada. Sigo teniendo una sed de un millón de siglos. Se abre la puerta de la cocina, aparece Gato. Gato me mira como si fuese el ser humano número tres mil ochocientos dos que ve en su vida. Todos los seres humanos anteriores también fui yo. Todos ellos.
Gato se sube a la mesa y se sienta al lado del frutero. Mirándome. Hoy tampoco vendrá nadie a cenar. Me mira como si se compadeciese de mí. Gato es más listo que yo.
Cuchara, cuchillo, tenedor. ¿Cuántos somos en la mesa hoy?
No hay comida, no hay plato. Solo un vaso de agua diario incapaz de calmar una sed de un millón de siglos. Cada día veo un mar enorme en la jarra de cristal colocada en el centro de la mesa y cada día pienso que aunque me bebiera tres jarras como esa, seguirían sin calmar mi sed.
Hubiera estado bien tener hambre a la hora de comer. Gato se relame. Hoy tampoco, le miro. Hace tiempo que dejamos de utilizar las palabras. Creo que por eso dejé de sentir hambre. Me alimento de letras, signos de puntuación, frases ingeniosas, insultos, días, horas, un millón de siglos de sed.
Cuchara, cuchillo, tenedor. Hoy tampoco. Parece que Gato se empieza a aburrir de mí. Los placeres de la vida se encuentran encima de las mesas de la cocina. Fruta. Migas de pan. Reconocer el rostro de los que comen contigo. Hoy tampoco. Las conversaciones siempre acababan con algún ganador. Ojos morados para almorzar. Violencia frita. Con pan. Arroz, quizás.

Gato mira a la humanidad como si fuera la número tres mil ochocientos tres. Ninguna de ellas fui yo. Coloca el vaso, sirve agua y me invita a beber. Cuchara, cuchillo, tenedor. Hoy tampoco calmaré mi sed. De un millón de siglos, me recuerda. Luego dice que tenemos que comprar platos, comida, preparar invitaciones elegantes y originales, yo le digo que eso es muy difícil, Gato dice que él se encarga. Pero hoy tampoco. Bebo como un náufrago en mitad del mar: ya no quiero volver.

1 comentario:

Bubo dijo...

¿Agua? No me extraña que no calmes la sed.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.