martes, 25 de marzo de 2014

Valientes


No se nos ocurrió mejor forma de morir
que en mitad del combate.
Sin saberlo, encontramos la manera
de que nos llamaran valientes
incluso antes de perdernos.
En realidad
las bombas explotaron por nuestra culpa.
Corrimos huyendo de
una muerte que no perdona:
lenta pero segura.

Alguien gritó a lo lejos
BAILA
y lo hicimos sin control.
Nuestras extremidades empezaron
a separarse del cuerpo,
saltamos por los aires
con nuestras enormes sonrisas
de “me importa una mierda el resto de noches
que aun queden por venir”.
Nos importa una mierda,
de verdad,
una tercera guerra mundial
si no es esta
que tenemos entre las piernas.

Por las calles corrían
ríos de felicidad desperdiciada.
Las noches mutilaban al amor entrante,
sobrante, mediante
mientras nos mirábamos
disfrazados de miedo
pensando si eso también
nos iba a pasar a nosotros.
Del otro lado de la calle alguien gritó
de nuevo
A BUENAS HORAS EL MIEDO.

Y era verdad.
Ahora que estábamos muertos,
y éramos valientes,
nadie debía temer por los atardeceres gangrena,
las madrugadas depredadoras,
los amaneceres trinchera.

BAILA y se reían.
BAILA y corría calle abajo.
BAILA, RESPIRA.

Ya no teníamos miedo.
No se nos ocurrió
mejor forma de morir
que hacerlo en pleno combate,

bailando como valientes.

2 comentarios:

Datter av hjort dijo...

Me he quedado sin palabras. Es hermoso, simplemente hermoso.

jordim dijo...

Muy buen poema.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.