martes, 22 de abril de 2014

Poema de amor IV


Se pasaron la tarde entera rompiendo las flores del parque
mientras los niños paseaban a sus padres de la mano.
Había llegado la primavera y no querían que nadie
más lo viera.
Miles de cadáveres de plantas
pegados a las suelas de sus zapatos.
Los pétalos volaban libres por fin
en aterrizajes de diez segundos a cámara lenta.

Abrían bien los ojos mientras gritaban
una felicidad que hacía tiempo habían perdido.
Nadie más va a sentir fuegos de artificio
debajo del ombligo.
El amor se quemaba en cada atardecer,
ellos podían verlo.
Prendían cada rama de cada árbol a lo lejos.
Se podía oler desde la orilla;
cómo creaban la belleza
destruyéndola.

Lo último que pensaron fue tener miedo.
Sabían que no conseguirían revolucionar
ningún corazón de esa manera.
Por eso destrozar flores era divertido
y no una masacre.
PORQUE SONREÍAN.
Los niños paseaban a sus padres,
ellos pateaban cientos de rosas,
margaritas,
yo qué sé.
Esparcieron alergias por todos los rincones
del parque.
Los niños dejaron de pasear a sus
congestionados padres.
Ahora la felicidad asfixiaba.
Un montón de polen obstruyendo vías respiratorias
que ya no existen.

Todos se han ido a casa ya.

Hoy han matado a la Primavera.

Al llegar a la cama, se descalzan
y se desnudan.
Aun quedan restos moribundos de
felicidad primaveral en sus zapatos.

Se dicen aun sonriendo,
que solo por joder,
hoy harán el amor
FOLLANDO.

Porque la única manera de ganar
que conciben
es

joder hasta la muerte.

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