viernes, 16 de mayo de 2014

En libertad.


Mis animales viven en libertad,
por fin.
Duermen en tu cama,
conmigo,
lamen sus lomos
como lo hago yo con el tuyo.
No temen a la oscuridad
porque ya saben dónde estás.
Me he convertido en cada uno de ellos
desde que
solo sé encontrarte siguiendo tu rastro.
Manchan tus sábanas en peleas
de cuatro de la tarde.
Se nos hace de noche,
y abrimos los ojos
como si pudiéramos volar con ellos.
Mis animales viven en tus pupilas,
y son fieras.
Saltan sobre ti siempre que nadie
los ve: yo sí.

Ellos también han visto lo que hay
debajo de tu piel.
Cuando hablaba del cuero del indio,
las salvajadas en las que estoy dispuesta
a perder la vida,
el humo de la paz
y
la
guerra.
Cuando hablaba de sonrisas de dos por dos,
de lo que pasa justo antes de que
todo se complique.
Yo también lo he visto,
el problema es que
no encuentro una gama de colores
acorde con tu existencia inefable.

Mis animales se acurrucan en tus muslos,
muerden tus muslos,
aman tus muslos.
Son listos porque siempre trajeron
el hambre entre las tripas,
por defecto.
Los he fabricado libres
ahora que pueden
y corren felices
persiguiendo gemidos
atrapados en almohadas.

Ojalá un lazo al cuello del tamaño
de tus brazos
asfixiándome como castigo.
Hazlo por todos los mordiscos.

Viven en libertad, por fin,
en el verde de tu selva,
conmigo.

1 comentario:

Bubo dijo...

Hay veces que escribes y conozco las sensaciones de las que hablas. Me las recuerdan o estoy sintiéndolas en ese momento, las vivo en cada renglón que leo.
Hay veces que me sorprendo de que me guste tanto lo que sueles escribir, tan lejos, tan distintos, tan... cada uno a su bola.
Hoy no es el caso. No me entero de nada. Aunque supongo que lo importante no es que nos conozcan, si no conoceros nosotros.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.