lunes, 30 de junio de 2014

Tengo hambre

Me voy a comer tus miedos.
Los devoraré como un lobo:
de dentro hacia afuera.
Los juntaré también con los míos.
Pueden hacerse amigos y luchar
contra nuestros estómagos,
nuestras rodillas.
Pueden no llevarse bien del todo,
entumeciendo nuestros huesos,
distanciándolos entre interminables
sábanas recién cambiadas.
Se asediarán entre los días de la semana,
y consumirán nuestro tiempo.
Nos lo robarán.
¿Crees que voy a permitir
semejante despropósito?
Te hablo de fantasmas
porque sé que no existen,
no nos pueden asustar.

Lo primero que pensé al conocerte
fue: “Ana, tienes que ser valiente”.

Por eso voy a comerme todos tus miedos
como lo hago contigo cuando te veo
y tu sonrisa lo empapa todo de
una felicidad salvaje.
Me los comeré como lo hago
con tu yugular,
muy
suavemente;
mordiendo hasta doler.
Sigo teniendo todos mis dientes
a tu entera disposición.
Ya sé lo que quieres que haga con ellos,
por eso masticaré uno por uno
todos tus dichosos miedos.
Tus amargos y lluviosos miedos.
Me da igual mancharme la cara,
las manos.
De eso se trata ¿no?
De pringarnos hasta las entrañas
porque eso es lo que lleva implícito
la confianza, el conocernos.

No quiero una vida de ausencias.
Creo que he vivido demasiado
en ese tipo de agujeros negros
como para saber
qué es
lo que tengo que hacer
para escapar de ahí dentro.
No voy a salir de ti.
No.
Ese no es el plan.
Aun no se me ha ocurrido nada,
pero estoy en ello.
Por ahora,
el primer paso
es devorarnos los miedos.
Queremos seguir durmiendo
en camas deshechas,
seguimos sin saber en qué día
del mes
vivimos.
No podemos parar el tiempo
pero podemos olvidarnos
un poco de él.

Cuando te conocí pensé:
“Ana, no tienes nada que perder”

Qué cosas, ¿no?

Uno a uno
sin compasión.

Este es el plan.

domingo, 15 de junio de 2014

Espectáculo

Verla fumar es un auténtico espectáculo.
Ella da la primera calada al cigarrillo
con cara de tipa dura,
y entonces deja escapar lentamente
una espesa y condensada burbuja de humo
que trepa por sus labios,
haciendo peripecias,
hasta el techo de su habitación.

-En ese momento no me importaría nada
ser eso que nos mata-

Luego me habla y veo cómo
intenta escaparse el humo que aun
está dentro de ella:
sigue sin importarme ser eso que nos mata.
Está sentada al borde de la cama
y mientras fuma, mira fijamente a la pared.
Sé que está pensando un millón de cosas
porque siempre me dice que no está
pensando en nada.

Verla, sea lo que sea que esté haciendo,
es un espectáculo
y sé que ésta no es una condición
que solo exista cuando mis ojos
la están devorando:
mucho antes de conocernos,
de percatarme de su existencia,
ella ya era un auténtico espectáculo
de color verde.

Sabía que tenía que conseguir
de alguna manera,
memorizar su forma de fumar o bailar.
Todos los tipos de risa con los que
hace del mundo un lugar mejor,
o su terrible habilidad
para no ser muy buena cocinera,
pero sí una excelente pinche de cocina.

Llevo un mes preparando a conciencia
a todas mis neuronas para que
no se les olvide ni una sola
razón por la que esa chica es espectáculo.

-La primera:
no haber huido
cuando aun estábamos a tiempo-

Todas las demás
son solo una mezcla
de envidias absurdas,
como querer ser eso que nos mata,
el tiempo que podíamos haber ahorrado
yo qué sé...
Todo eso que no importa una mierda
porque ahora la puedo besar en mitad
de ese espectáculo que es verla fumar.

Puedo verla y antes no.

-Segunda y más importante
de todas las razones:
Que antes no
y ahora
siempre

sí-

jueves, 5 de junio de 2014

No tienen ni idea de.

Esta resaca te da la razón: no tengo remedio.
Tienes la sonrisa más bonita
donde un animal salvaje puede dormir,
pasar la tormenta,
no sé.
He bebido demasiado vino sin ti
y ha sido la cosa más aburrida
que me ha pasado en años.

Soy experta en saber cómo van a acabar
las cosas así
y por eso sé que no hay final.
Me curarás de todas mis resacas,
te lo digo yo,
que te he visto despertar a mi lado,
y he visto tu mal humor matutino
convertirse en mi café de las nueves,
las diez,
y ya sabes lo que pasa con el café,
aunque éste no sea de cafetería.
Mucho mejor,
es soluble y me lo bebo mientras te miro,
que es la única cosa con sentido
que reconozco que hago durante el día.

Por las noches simplemente,
me dedico a cerrar los ojos.
No me hace falta ni imaginarte.
Te has acomodado al hueco que alguien
decidió algún día hacer a tu medida
en mi cuello
y desde entonces,
soy
la
tía
más
afortunada

que conozco.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.