martes, 30 de septiembre de 2014

Patas arriba.


Daba igual el tiempo o la distancia
hasta que a los pies del barco
ves a La Chica marcharse.
Todo sigue en su sitio,
el cuarto patas arriba,
el futuro mirando por la ventana,
todos los momentos que compartimos
serán nuestros.
No podremos venderlos,
ni romperlos.
No seremos capaces de regalar
el día que vimos amanecer
después de la muerte.
La vida tiene maneras hermosas
de decirnos
que todo continua.

El cuarto patas arriba,
hasta mañana.
Cuando me digne a recoger la ropa,
tus restos de amor,
las sonrisas,
las batallas campales,
nuestra alergia a sentirnos mal.
No quiero que te sientas mal.
Quiero que sepas
que el amor no trata de aguantarse mutuamente,
creo que más bien,
es disfrutar de tener que hacerlo.

Que sepas que lo has cambiado todo.
El mar, las carreteras, la piel, los pulmones.
Pertenezco a ti de la única manera
que se me ocurre

patas arriba.
Sin tener ni puta idea de a dónde ir,
cómo llegar,
o cuándo dormir.
Pero sintiéndome el hogar de muchos
abrazos
rompe
huesos.

Anoche conseguiste convertirme
arte.
Pinté cuevas con tus sílabas
y los colores se movían
mirando por las ventanas.
Ellos eran el futuro.

Y tú

estabas conmigo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Nadie habla de.


Nadie se acuerda de la tristeza
cuando el amarillo cae.
Lo que no sabe la gente
es que va quemando la piel
procurando espacio suficiente
a los huesos venideros.
Nadie llora al azul
porque resulta tan redundante
que desborda,
pero he visto naufragios
peores que el mío.
He dejado hueco para el verde
oxígeno,
las palabras que se han de inventar
empiezan por nuestra felicidad.

No permitiré
un diccionario
triste,
un diccionario
cáncer.

Las palabras que se han de inventar
ondearán como victorias
sobre la luna.
Nunca más pensar
que fuimos islas.
Agarrar que nos tenemos
y pringar paredes y puertas
hasta desaparecer.

Ya nadie habla de
una tristeza
que vomita versos
y tampoco de la felicidad
que los asfixia.
Ahora todo el mundo consume miedo,
se arropan en él,
lo generan,
lo vomitan.

La parte del arte que menos me gusta
es cuando no puedo sentirlo mío
ni tampoco sale de ti.
He vivido de grises toda mi vida,
qué colores serás capaz de regalarme
para curar una tristeza congénita.

Prometo no rechistar,
no caben enfados suficientes
que borren esta sonrisa mental
con la que te recuerdo.
Desde entonces
ha dejado de caer el amarillo,
me ahogo en mentiras azules
sin prepararme para el naufragio.

Será que de tanto tiempo de oleajes
me he vuelto un lobo de mar.
Y queda demostrado:

A los piratas no les hacen falta huesos

para seguir con vida.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.