lunes, 27 de octubre de 2014

27 de octubre de 1989

No recuerdo cuándo empecé
a ser como soy
y supongo que no hace falta
echar la vista hasta tan atrás
para saber
que las cosas tal y como están
solo pueden
empeorar:

más canas, más arrugas
más resacas totalmente
in
jus
ti
fi
ca
das.

No recuerdo cuando fui yo
por última vez
pero supongo
que debió ser tal día como hoy,
mientras llovía
y
no
hacía
nada de sol.

Las cosas como son,
una no es así de ácida
por casualidad.
Llevo naciendo muchos otoños
y ninguno como este.
Hace calor, es lunes
y cada mañana
parece ser siempre mi regalo
de cumpleaños.

Doy gracias a febrero,
a las cervezas,
al frío,
y a tu pelo.
Hoy tengo permiso para
sentirme más feliz que nunca
y este es el cambio
por el que sé que no me olvidaré
de cuándo empezamos a ser nosotras dos.

No recuerdo cuándo empecé a ser
como
realmente
soy,
por eso
apuntaré con muchísimo cuidado
el día que decidí ser valiente para siempre.

Y que no se nos olvide:

la poesía es incapaz de morir,
siempre está naciendo.

Ahora lo sé: 
no me arrepiento de 
cada espectáculo bochornoso,
cada ridículo incómodo,
cada borrachera traspapelada,
cada amor inconcluso,
cada palabra guardada bajo llave.

Imploro al Rey Octubre,
que por favor llueva,
que no se lleve nada de lo que
ya hemos conseguido
y que me de alas
para no arrepentirme de nada
nunca más.

Animo a mi madre en mitad
de semejante acontecimiento
a que no deje de empujar.
Seré sus ojos y su piel,
lloraré siempre que necesite
saber que sigo viva.
Seguimos vivas, rojas y fuertes.
Me comeré todos sus miedos,
quiero amanecer en el futuro: sus ojos.

A la mujer de costumbres
hay que romperle todos sus esquemas,
hay que quemarle los mapas del tesoro,
hay que escribirle en blanco sobre blanco.
A esa mujer hay que dejarla ser
tal
cual.

Para que se olvide cada verano
de la mujer que fue en invierno.
No recuerdo cuando dejé de ser
la persona que fui,
por eso vuelvo
sobre mis pasos:

la mujer que sabía de qué color tenía el alma,
la de la magia
la de la lucha
la de la sangre llena de poesía.

Había dejado de creer:
no era un milagro lo que necesitaba.


Solo nacer.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.