jueves, 30 de octubre de 2014

Niña con zapatos feos

Cuando el
“no te preocupes, salvaremos al mundo”
y de verdad creíamos
que lo íbamos a poder cambiar,
nos daba fuerzas para continuar.
Cuando las niñas con zapatos feos
nos daban ternura
y sonreíamos porque el futuro
no hacía más que mostrarse tal cual.
Aun no habíamos empezado a beber
cuando terminamos por los suelos
en caídas
donde el mundo parecía derramarse
de entre las manos.
No teníamos equilibrio,
ni ritmo,
ni pulso
pero intentábamos ser mejores cada día
porque había sonrisas que
era necesario seguir alimentando.

¿Dónde quedan todas esas perspectivas
a las que no queríamos ver ni en pintura
por lo que pudiera pasar?

Ahora estamos en una de esas aristas
tan afiladas y brillantes
queriendo no saber nada del tema
pero nos seguimos sintiendo perseguidas.
Alguien tendrá que saltar
mientras pensamos que de esa manera
el mundo quedará a salvo
de personas que no ven ternura
en una niña con zapatos ortopédicos
o sufre al ver anuncios de animales perdidos.
Ellos tampoco volverán,
es difícil cambiar el mundo
tal y como nos lo han dejado
pero
tampoco tenemos nada más que hacer.

Yo quería intentarlo.
Todo lo que me propusiese
se haría realidad
porque para eso me había preparado toda la vida.
He lanzado sueños por las ventanas
de mi casa
desde que tengo uso de razón,
soplé velas y toqué el techo del coche
al pasar por túneles, sin cansarme
de ver cómo mis deseos
solo dependían de mí.

Nunca te conté la historia
en la que todos mis monstruos
salieron a flote
porque tampoco creo que lo entiendas.
No has visto el lodo
del que mil veces he tenido que salir
yo
sola.
Nadie más podría ayudarme a sobrevivir
de mí misma.
Y quería salvar al mundo,
ser útil,
ser grande.
Casi lo consigo.

Solo hace falta
volverse a levantar.

Como aquella niña de zapatos feos

en mitad de un centro comercial.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.