domingo, 2 de noviembre de 2014

Que ha sido un momentito solo de bajada.

Las personas suelen empezar en estos casos dejando claro que ellas no son muy de estas cosas pero... y yo no soy muy de estas cosas pero... siento que no hay manera de encauzar todo el agradecimiento y la felicidad que llevo dentro. Fuimos los que fuimos y estamos los que estamos y después de mucho tiempo no pensé ni un momento en lo que me faltaba, sino en lo que tenía, quienes estaban a mi lado de una manera u otra y lo muy feliz y agradecida que estaba por ello.
Ahora mismo me imagino una excusa para agradecer a todas las personas a las que quiero lo que hacen por mí, y si esto fuera la entrega de premios a la más Ana, no dudaría ni un instante en agradecer a mis amigos su paciencia, sus críticas constructivas, la felicidad que sienten con mis logros y el apoyo incondicional que muestran en mis fracasos. Por los toques de atención, por ser madres, padres y hermanos, sin necesidad de sangre o apellidos. Por las borracheras en las que ha salido lo mejor y lo peor de mí y aun así han seguido a mi lado a la mañana siguiente. Por quererme tal y como soy, por conocerme, respetarme e intentar que sea una mejor persona cada día. Por ser unos inconformistas: ellos no se contentan solo con una amistad mediocre, por eso somos tan especiales en nuestro conjunto. Por los tiempos muertos en los que me demuestran que nada ha cambiado, aunque todo sea diferente. Por soportar mis rarezas, que no son pocas, y creer que en cierta manera eso es lo que me hace ser tan única. Por no alejarse incluso cuando era yo la que lo hacía. Porque me hacen crecer y me gusta ver como crecemos juntos. En definitiva, por querer sacar de mí siempre mi mejor versión y conseguirlo de una manera digna de agradecimiento (ahora diría “esto también es para ustedes” mientras levanto el premio).
En segundo lugar, a mi familia, por ser tan peculiar como lo soy yo, y gracias, gracias, gracias. Por la manera en la que cada uno de nosotros muestra su amor. Por los sábados, los domingos, los lunes, martes, miércoles y ya me entienden. Por hacer de mí una mujer de tradiciones entrañables, por aceptarme tal y como soy y todo lo que ello conlleva, que no es poco. Por no juzgarme y confiar en mí SIEMPRE. Por sentir orgullo de mis éxitos, incluso cuando ni yo misma era capaz de valorarlos. Por esperar de mí siempre un poco más, respetando mis tiempos de reflexión personal. Por mostrar interés por mi vida, por tratar a la gente que más quiero como parte de la familia y quererlos como yo lo hago. Por ser tan cálidos y tan despegados, por esa incapacidad congénita para demostrar nuestros sentimientos de una manera normal: eso nos hace diferentes, especiales, maravillosos, aunque en algunas ocasiones nos meta en problemas. Porque la unión hace la fuerza y dan igual las decepciones, los fracasos, los enfados. Nos queremos aunque no sepamos demostrarlo y eso me parece algo muy bonito. Sé que no es fácil convivir conmigo 24/7, gracias, gracias, gracias por no haberme abandonado en una cuneta (vuelvo a levantar el premio mientras grito “VA POR USTEDES”)
Y por último, a mi pareja, por dejarse embaucar de la manera en la que lo ha hecho: podía haber sido evitable y decidimos ponerle juntas el prefijo in- a lo nuestro. Por demostrar de la forma en que lo hace lo mucho que me quiere y lo importante que soy para ella, haciéndome partícipe de cada decisión que toma. Por las pequeñas complicidades que hemos ido creando en todo este tiempo, por ser valiente y creer en esta relación desde el principio. Porque he visto como ha derribado barreras que hasta yo creía imposible tirar abajo. Por ser fuerte, por ser paciente (muy, muy, mucho), por hacerme sentir como en casa desde el primer momento, por ser tan buena que me la comería, por su ingenuidad, su manera de sentir las cosas. Por su sentido del humor, porque siempre aparecerá con una enorme y preciosa sonrisa y lo iluminará todo. Doy gracias cada día por haberla conocido, fuera de la manera que fuera el comienzo. Porque no tuvo miedo a entrar en mi vida. Por hacer de mí una persona mejor, porque no deja que me conforme con lo que tengo, porque me anima a luchar por mis sueños y contra mis miedos. Por amar comer casi tanto como yo, por incluirme en su futuro. Porque nunca deja que me lo crea del todo. Por ser mis pies de plomo y mis alas para volar. Juntas. Gracias, en serio, por cuadrarme de la manera en la que lo hiciste, por hacerme sentir la persona más afortunada del mundo y a día de hoy seguir pensando que no me equivocaba. Gracias por quererme de la manera bonita y tierna en que lo haces. Porque me siento a salvo, me siento segura y me siento cerca a pesar de las distancias. Gracias por las sorpresas, por la ilusión, por ser transparente tanto para lo bueno como para lo menos bueno. (De nuevo “este premio es para ti, nada de esto podría haber sucedido sin ti, gracias, gracias, gracias” le guiño el ojo, corro hacia a ella y la como a besos)


-Gran ovación y cierre-

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.