jueves, 23 de abril de 2015

Montaña 13/4.


A esta montaña de palabras
la puedes llamar
salvaje,
sumisa,
o
revolución.

Puedes masticarla, tragarla,
escupirla, observarla, saborearla
o abandonarla.

A esta montaña que soy yo,
llena de ruido y tormentas de viento.
Donde habitan por igual osos e indios.
Esta que no reconoce los mares
que ha surcado,
que recompuso sus extremidades
perdidas en abordajes,
y guerras.
Esta que nunca fue soldado,
que jamás encontró una causa justa
por la que luchar codo con codo.
Esta montaña egoísta que
quisiera estar sola,
parar el bombardeo de voces,
ver más allá
del más allá.
Reconquistar las aristas brillantes
de magia
y deslumbrar.

A esta montaña triste
de palabras que no significan
nada.
A la que le absorbe el nihilismo
y tiene miedo de ella misma.
Qué nuevos pensamientos traerá hoy
la ansiedad que la perturba.

La montaña que construyó
con sudor y lágrimas,
por la que escaló para después
reconocer el precipicio por el que
siempre estuvo dispuesta a saltar.
La que repite que no fue la piel,
ni el amor.
La que sabe que detrás de tantos kilómetros,
la gente, las calles,
y las otras montañas también,
existe y puede crecer,
convertirse en volcán,
dar miedo, crear vida,
hacer respirar un bosque entero,
desmenuzarse en el tiempo,
ser tierra, arena, desierto.
Esta que amontona palabras
ahora,
de vez en cuando.
La que tiene miedo a terminarse,
quedarse muda
y no dejar nunca más que el viento silbe
en ella.

La de los osos y los indios.
No muere. Sigue siento materia.


El resto te lo puedes imaginar.

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