jueves, 4 de junio de 2015

Parasiempremente


Quiero que sepas, por si no te lo había dicho ya, que eres la primera mujer a la que le llevo el desayuno a la cama. Comprendí que la batalla se ganaba desde el estómago y por eso aprendí a cocinar, para ganarme todos tus besos, tus paseos de aquí para allá robándome el queso y tus ojillos. ¡Esos ojillos!
Lucho todos los días para sacar de ti algún instinto primario que te lleve a amar a los animales como lo hago yo, pero los felinos suelen ser solitarios, dosificadores profesionales de amor y mimos y muy, muy territoriales. Y esto de aquí es tuyo, todo tuyo. Te lo aseguro.
Cuando me preguntas cómo te puedo querer tanto, me parece una cuestión absurda y compleja al mismo tiempo. Todo lo que me saca de quicio de ti es todo lo que por otro lado me encanta. Por ejemplo, odio que seas tan arisca muchas veces pero creo que si no lo fueras no tendría gracia esto. Ya sabes, ¿seguimos buscando el sentido o lo damos por perdido y nos vamos por ahí a matarnos y querernos?
Quiero que sepas que de no soportarte a quererte hasta doler solo hay una fina línea y en los dos casos suele ser la misma: la sonrisa. Te muerdo y te pellizco y esta vez no quiero llevarme nada de ti bajo las uñas. Te quiero vivita y coleando, entera, que pelees con todas las de ganar porque siempre terminas haciéndolo. En mi defensa diré que yo gané la pelea más importante, ya sabes a lo que me refiero, hilera de dientes, ojos de leona.
Quiero que sepas. Simplemente eso. Que seas capaz de entrar en mi cabeza de vez en cuando, y puedas comprenderme. Que compartimos dudas, deseos, inquietudes y pasiones. Queremos ser felices juntas aunque a veces no sepamos muy bien para dónde o cómo tirar. Nos vamos descubriendo de a poquito aunque nos conozcamos de memoria y eso es el amor. Que haya oído tu risa un millón de veces y aun así observarte como la primera vez, quiero decir, como la primera vez que te vi reír y fui consciente de ello, memorizándote y admirándote porque eres un puto espectáculo, quiero que lo sepas, en serio. La manera en la que cuentas las cosas cuando algo te preocupa o te interesa mucho, mi negrita. Escribí un poema entero hablando de la maravilla que es verte fumar aunque sea malo y nos mate. Cuando demuestras todo lo que me amas sin una sola palabra y tonta de mí solo me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde. Incluso cuando te enfadas y lo noto al nanosegundo y tú dices que no pero luego me miras con cara de “tú sabrás y sé que lo sabes perfectamente”.
Dime, en serio, qué te hace pensar que no estamos diseñadas para compartir cada minuto de nuestras vidas. Cómicamente, dramáticamente, irónicamente, parasiempremente.


Piénsalo. Yo no he dejado de hacerlo desde que me topé contigo, Chica de Oro.  

1 comentario:

Bubo dijo...

A los búhos, y a los gatos, no nos gusta que nos encadenen. A veces lo hacemos nosotros a la persona que queremos y somos capaces de darle la llave de nuestra libertad solo a ella.
(Aunque solemos guardar una copia y un lija por si fuese menester.)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.