miércoles, 2 de septiembre de 2015

Me voy.


Sé que es una tontería, pero estoy nerviosa; bastante, de hecho. Esta vez no me voy de vacaciones, no viviré de prestado, ni habitaré en los sillones de los salones de mis amigos. No tengo billete de vuelta. Tampoco es un drama, es lo que he querido desde antes de acabar el colegio. Estoy justo donde quería estar y no sé qué o cómo me siento. Es raro. Mi mamá, mi papá, mis abuelos, mis hermanos, mis gatas, mi familia, mis amigos. Llevo una semana atrapando momentos y lugares porque me da la impresión de que al lugar al que voy, me harán mucha, mucha falta. Tengo la esperanza de que algunas cosas cambien. Yo, por ejemplo. Me gustaría volver a escribir. Ahora que seré pobre, espero adelgazar y con suerte pillar algún curro con el que poder pagarme esa comida que no debería comer si quiero adelgazar.
Adiós a las comodidades, a que mamá me lleve a todos sitios en coche, a tener la nevera y la mesa llena por arte de magia, a los sábados en casa de abuela, y los domingos sopa y lo que surja. Adiós a salir a la calle en pijama y de cualquier manera. Adiós a las relaciones a distancia, a contar los días, al tiempo muerto, improductivo, a ver la tele todas las noches con mami, a discutir en la mesa, adiós a estar a salvo.
Sigo sin saber muy bien cómo me siento. Es una mezcla de miedo, ganas, muchas ganas, alegría, tristeza, nostalgia y yo qué sé. Que espero que salga todo muy bien, o como tenga que salir pero que sobre todo me ayude a aprender todo lo que aun no sé.
No me tomo esta aventura como una despedida porque sé que volveré, pero no puedo evitar pensar que sin mi rutina diaria, la gente sigue haciendo sus vidas, las gatas siguen lamiéndose compulsivamente, el sol saldrá si le da la gana, la gente seguirá yendo a la playa, mientras, paradojas de la vida, yo echaré de menos eso que tanto detesto.
Ahora mismo, lo que realmente me preocupa es cómo pasar las maletas por el metro sin ponerme nerviosa ni armarla al meter el ticket, porque esas puertecitas son enanas y yo muy torpe. Y ya no hay mami que valga, I'm “alone”, but soooo happy.

En definitiva, que echaré de menos muchas cosas, incluso las que ahora detesto, pero tengo muchas ganas de comprobar mi nivel de utilidad o inutilidad.
Lo único que espero es que me vengan a visitar. Quiero devolver a mis amigos todas esas noches en las que me dejaron dormir en sus camas o sillones.
Y a mis compañeros de aventura, yo qué sé... que la fuerza nos acompañe, porque la vamos a necesitar. Que no me he hecho mayor de golpe por irme a estudiar fuera, pero sí por haber aprendido, por fin, a beber con moderación. Y que espero que este año que entra, le de mil vueltas a este que por fin se va.


Ala, me voy.

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