viernes, 16 de octubre de 2015

Los jóvenes de hoy en día.


Mataría a todos aquellos que hacen ruido
después de las doce de la noche
en la calle,
menos cuando ellos soy yo.
Por eso me niego a salir y gritarles
o tirarles cubos de agua sucia,
o llamar a la policía.
Porque tengo casi 26 años
y YOCUANDOERAJOVEN
también hacía esas cosas.

Luego está lo del remanso de paz
babando las sábanas nuevas de mi cama.
El saco de huesos disperso,
la piel suave como un tobogán enjabonado.
Es imposible irse a la cama enfadada
porque somos como bebés
y nuestro propio olor nos tranquiliza.

Estoy en una época de mi vida
en la que no voy en contra de lo que me apetece,
en la que me siento en mitad de todo lo bueno
y a veces todo lo malo,
de sentirme tan vieja para algunas cosas
y tan niña para otras muchas.
Tan mujer para absolutamente todo lo reprochable.

He tenido que mudarme
a más de dos mil kilómetros
de casa
para darme la razón cuando pensaba
que tampoco éramos tan distintas mi madre y yo.
Que nos saca de quicio los platos sin fregar,
las cosas por hacer,
y nos encanta el, por qué hacerlo luego
si lo puedo terminar ya.
Pero no con todo.

En absoluto.
También he descubierto que
no puedo dejar de prologar las cosas.
En psicología lo llamamos procrastinar,
que es una palabra con la que todo el mundo se lía,
y viene a significar lo mismo que
ser-una-puta-vaga-de-cojones.

Lo único que debo admitir
es que quiero dejar de serlo.
Quiero salir más de casa,
descubrir nuevos lugares,
hablar con gente diferente cada día,
ayudar a viejecitas adorables
en el super
siempre que pueda.
No sé.
Esas cosas sencillas
que hacen que me sienta en paz
conmigo misma
cuando llego a casa,
y los JÓVENESDEHOYENDÍA
se emborrachan debajo de mi casa
y gritan
y dan patadas a cosas
y yo quisiera matarlos
pero encuentro que es desagradable
que a uno le prohiban cosas
solo por no andar en la misma onda,
aunque joda.

1 comentario:

Bubo dijo...

Parecía tan fácil salir a ayudar a ancianitas adorables en el supermercado. Sonreír a un renacuajo al que se le escapaba la pelota y con un pequeño puntapié devolvérsela, y acariciar su cabeza al pasar al lado. Saludar al camarero de la esquina con un "hasta luego".
Parece tan fácil pero a veces... A veces falta uno de esos ingredientes primordiales, un beso al levantarse de la cama, un guiño complice, o solo que el sol te de la enhorabuena por lo acertado del sombrero. Y entonces se hace cuesta arriba y la vieja del supermercado es una bruja a la que te dan ganas de romperle la bolsa de plástico, y un puto niño da por culo con una pelota, y el puto camarero es un rancio que te cobra de mas si te despistas.

Parece tan fácil pero a veces... (Aunque para eso está la capacidad de cada uno de poner un poco de nuestra parte.)


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.