miércoles, 30 de marzo de 2016

Autorretrato IV



Ahogo a los monstruos
como cualquier otra persona,
solo que yo los dejo respirar
justo antes de morir.
Siento la distancia de una manera
diferente,
dolorosa,
indeleble,
instintiva.
Esta vez sí se me hace insoportable
el océano de tierra que no me pertenece
y nunca lo hará.
Mi casa, mi gente,
la sonrisa de mi perro y
las conspiraciones de mis gatas.

Es cosa mía
o me están saliendo arrugas por dentro,
donde van los órganos,
las articulaciones,
los dolores.
La culpa y la sensiblería.
Los “tengo ganas, pero ya si eso me pongo
a escribir un poema mañana”.
La sensación es impermeable.
Estar cerca de mí pero sin tocarme.
Repelerme.

Hoy me duelen los huesos
y
las
tripas.

No veo mejor razón para ponerme
en plan aquí,
en plan vulnerable,
en plan sin más.

En plan, esto que escribo me gusta
porque no tengo que pensar
en si queda bonito o no.
En la puta grandilocuencia,
en el jodido infierno de la mediocridad.
Qué más dará eso ahora, hoy.
En-este-instante-que-es-siempre.

Lo mejor de todo,
es la necesidad constante de felicidad
y saber y entender que esta vez
no tiene por qué haber un fin próximo.
Esa sensación de horizonte,
sensación infinito,
degradado,
cerebro.
No estoy triste.
Es solo
que hace mucho que no me pregunto
en voz alta
si sigo sabiendo quién soy.
La inercia de los días,
la pereza de estar a solas conmigo misma.

¿Para qué?

Tenía que volver.
Yo lo sabía
y por eso me he sentado cada día desde entonces
a esperarme.
No sé funcionar bajo presión
pero me encanta funcionar bajo presión.
No puedo ser perfeccionista
porque nunca tengo tiempo para serlo.
Sigo siendo un dragón que se arrastra
por el asfalto,
sigo soñando con magias verdes
y de todos los colores.
Me echan de menos a lo lejos
y lo sé
porque cuando vuelvo
nada cambia.
Soy el desastre que ellos han elegido querer.

A veces lloro en la ducha
cuando se me antoja el olor
a mamá,
el frío de casa de abuela,
los ojos de mi abuelo,
todos los tipos de música
repartidos en tres habitaciones,
los abrazos de papá,
esa forma tan peculiar suya de mostrar afecto.
Desde aquí,
lejos,
digo que soy de todos ellos.

Soy la isla que todos prometemos ser,
que todos nos creemos ser mientras
quedan aun copas por beber.
Soy esa isla,
porque ellos siempre estarán conmigo.

Ahogando a mis monstruos
hasta cuando yo los quiera dejar respirar
antes de morir.

Matándolos por mí.

Gracias.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.