jueves, 16 de junio de 2016

Jungla.



Me sigo buscando.
En la jungla es fácil perderse,
con la naturalidad del asfalto,
de las máquinas y el ruido.
Hay veces que vienen para salvar
la mañana
lianas en forma de gestos amables,
sonrisas,
la gente que canta dentro de las serpientes
merecen, como mínimo, ser escuchadas
por valientes.
A estas horas, donde el sol
o
la lluvia
dan una tregua
y los colores se mezclan
en lo alto del horizonte,
dan ganas de quedarse
en este balcón,
en este instante
formando parte del todo.
Los sonidos se suavizan,
de fondo la lavadora luchando a muerte
contra el suelo y la ropa.
La gente en las ventanas estornuda,
hacen sus vidas y a veces se dejan
estar.
Aquí nadie parece cansarse,
ni tampoco descansar,
una cosa va detrás de la otra
y si no hay nada, llenan las calles
como hormigas a por migas de pan.

En la jungla hay escaleras
que van directas a la boca del lobo,
directas a las tripas de serpientes veloces y furiosas.
Hay quien se lo toma con humor
y aparta sus bártulos para dejar sitio a los demás
entre las costillas de estas bestias.
Todo tiene sentido si estás convencido de ello,
pero yo me siento engullida y excretada cada día,

día tras día.

Como si fuera una broma de la edad,
las horas son exactamente iguales,
los días en los que, como hormiga,
no encuentro mi trozo minúsculo de felicidad.

Es fácil perderte,
si sabes cómo.

Ahora que ya sé quién soy
lo que necesito es deshacerme
en tantos pedazos como sea posible
y
volver a empezar.
En la jungla todo sabe a salsa agridulce,
a sushi caro y de mala calidad,
a gritos de chiquillos y pitas de coche.
Puedes invitar al millón de humanos
que existe en tu cabeza
a una fiesta de cuatro monos,
meterte en las tripas de una serpiente
y aparecer en cualquier otro circo nocturno.

Esta es la jungla,
hay que acostumbrarse a ella
y a cada animal le lleva un tiempo determinado.

A pesar del instinto.

Sigo bostezando
por hambre
y
sueño.

Me lamo las garras
como si fueran heridas.

No voy a parar hasta
tener todo el pelaje
manchado de tripas.


ÑAM.

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