lunes, 11 de julio de 2016

Triste.



Lo cierto es que estoy triste.
Tengo siempre la sensación
de estar tirando de mí misma
hasta que me canse,
hasta que no pueda más.
Siento en este calor
la irrealidad de la muerte,
cómo se amontonan
y acumulan recuerdos
que no puedo dejar marchar.
Siento que hasta que no vuelva
al refugio dónde huía cuando
las libélulas eran muy grandes
y yo muy pequeña,
nada en mí cambiará.
Siento que hay un millón de lágrimas
esperando el pistoletazo de salida
pero yo no me decido,
como cuando quiero abandonar
y es la toalla la que me tiene agarrada
y no me deja caer.

Estoy triste porque siento que estoy lejos,
porque a veces la razón la tenemos tú y yo
y no puedo reprocharte nada.
Siento que estoy haciendo lo correcto
pero que me faltas tú,
el olor a café dando la bienvenida
desde la entrada de casa.
Me faltan mis gatas y mi perro y
llenarme la vida de animales
con los que pueda sentarme a llorar y reír
sin sentir que al final debo pagar alquiler.

Me siento frustrada cuando tengo
que agradecer un trabajo por el que no
me siento orgullosa.
Aunque a final de mes haya merecido la pena
siento desperdiciar mi talento, mis ganas
y todo mi esfuerzo y el tuyo.

Me siento triste porque
voy dejando pasar los días
como si nada hubiera pasado,
como si no necesitara respuestas,
como si me hubiera anestesiado
desde aquella mañana.

Por alguna razón, he tocado la pieza
de dominó incorrecta
y ya no sé por dónde empezar.

Probablemente te diré que estoy bien,
mi amor, todo bien.
Tampoco quiero darle vueltas a esto.
Es algo que me gustaría mantener conmigo,
que nadie más entrase o saliese
y el día
en el que regrese
a por agua con azúcar,
a sacarme el sol de los sesos,
a besarte en la frente y decirte
todo lo que te quiero,
ese día enterraré las ganas de tirarlo
todo por la borda.

Te podré echar de menos con total seguridad,
volverá la sensación extraña de esperar
verte aunque ya no estés,
y recordaré también,
la hilera de tristezas,
mis piezas de dominó,
la gente a la que he querido tanto
y siempre me he quedado con la
sensación de no haberlo dicho lo suficiente.

Estoy triste,
por la última vez que te vi,
porque me dijiste que me querías
aunque no sabías quién era,
porque estabas viendo llegar la muerte
y también me lo dijiste
y yo te creí,
porque estar lejos me está matando,
igual que cuando estaba cerca.

Porque siento que ya no hay vuelta atrás,
que mi condición siempre será la nostalgia.
Que hay una cuerda amarrada a cada una
de mis extremidades
y tira
y afloja
y nunca me deja caer,
nunca me da un descanso.

Estoy triste porque 
nunca quise tanto un abrazo.
Porque necesito 
hacerme diminuta en tu vientre,
volver a ser una niña
y que me dejes dormir contigo esta noche.
Porque tengo miedo a perderme 
tantas cosas
que al final la culpa y el arrepentimiento
no me dejen respirar.
Por los interrogantes,
la incertidumbre del que vive.
Porque hoy tocaba estar triste sin más
y aun así
te haré sentir mal, 
sin querer,
si no vienes a rescatarme.

1 comentario:

Bubo dijo...

Triste o no, le ha salido una entrada preciosa. Espero que le dure poco.
Un gustazo volver a leerla.


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.