miércoles, 7 de junio de 2017

Desde la grandilocuencia.


Despedirme de ti
siempre termina convirtiéndose
en una cuestión de luto,
el duelo de ir a por pan mientras haces la siesta,
el duelo de meterme en la ducha
sin ti,
duelo de las ocho horas en las que trabajas
y me dejas sola,
vacía,
sin ti.

Has construido un fuerte
en cada parcela de mi vida
y vives en armonía con la versión de mí
misma que más me gusta ser.
Que soy.

Tú y yo
que hemos recorrido tanto
y tan pedregoso camino.
Tú que te volteas y me dices Anita,
yo que me desmorono,
pierdo la oportunidad de comerte la boca
a floridos y ruidosos besos,
húmedos y exhibicionistas,
callejeros y gatunos besos.

Tú que me permites amarme
y engrandecerme
sin dejar de clavar mis pies a la tierra.
Yo que no sé ser de otra manera
que no sea la de hacerte feliz
desde la inercia.
De proporcionarte el millón de carcajadas
que te hagan envejecer en arrugas de
amor y felicidad.

Este amor recompuesto,
consensuado,
construido,
dialogado.
Este amor diario,
de pequeños gestos,
de notitas de amor entre la lista de la compra,
de cotidianidad
y
alevosía.

Este amor que sigo sin creerme
cuando me pides un beso
y yo sonrío
y siento que sigo en aquella habitación
creyendo que todo es un sueño.

Gracias por esta vida que me das,
mi amor.
Por ser la comodidad
y la diferencia.
La ansiedad por separación
de las doce de la noche:
no te vayas a dormir nunca más
sin mí.

Por los detalles que creía normales
hasta que tú los engrandeciste y
los hiciste aparecer ante mí.
Por las carcajadas mi amor,
por las peleas a muerte,
las heridas de guerra,
los juegos sucios,
las normas de las que no nos hacemos cargo,
por los platos que te tocaba limpiar a ti,
por tu paciencia finita,
por tu sonrisa magnífica y
por los besos que aun te quedan por dar
a todos mis pájaros de colores.

Después de esto,
y aunque no sea suficiente,
comprenderás
que despedirme de ti,
desde la primera vez que tuve que aprenderlo,
hasta mañana por la mañana
cuando me des un beso de buenos días
y te marches,
la casa parecerá un funeral
hasta que te vea aparecer por la puerta
comiéndote a besos a Benijo,
y sonriendo de todas las formas que tienes de hacerlo:
ojos
boca
beso beso beso.


Te quiero.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.