jueves, 18 de enero de 2018

Encantada de conocerte.


Miro dentro de mí:
hay un hueco bastante grande
entre mi pecho y mi estómago.
¿Era ahí donde vivías?

Me siento incapaz de romper la membrana
donde se guardan las sensaciones,
voy a gritar en mitad de la noche,
voy a hacer jirones la oscuridad
y aun así
seguiré sintiéndome vacía.

Todas las copas de ron,
las caladas al frío de la calle,
los bailoteos,
ese chico tan simpático de la discoteca
a las cinco de la mañana,
me dan igual.

La lluvia,
el sonido del viento
a través de mis tímpanos.
El puto insomnio de mierda,
ha vuelto
y yo lo dejo estar,
no quiero luchar más.

Estoy en el punto
donde todo puede pasar,
romper la barrera del sonido,
reconstruir las luces de un caleidoscopio,
terminar de empaquetar nuestros recuerdos,
¿Dónde vivirás ahora?
Si no es aquí.

Dentro de mí
hay una tía bastante sensata,
que no sabía que existía.
Ha roto todas las fotos que no nos haremos
para dejarme respirar tranquila,
me ha practicado una traqueotomía
justo en mitad del océano que es
nadar sin serotonina,
ha roto con todas las costumbres de
esta que era yo contigo
y ha dejado mis paredes completamente blancas.
Me ha dado un lápiz
y me ha dicho que empiece,
sin prisa,
con calma.

Que nadie espera ya por mí.

Y la verdad,
se hace raro sentirse así.
Hueca
pero en construcción.
Como si supiera en qué lugar
va cada trozo,
sin desesperarse,
sin agobiarse,
sin sentirse mal.

Me miro al espejo,
la tía sensata que vive dentro de mí
soy yo
por fin.

Una pena no habernos conocido antes.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.